Perfect Day Txema Salvans
San Roque, de la serie Perfect Days de Txema Salvans.

‘Perfect Day’ de Txema Salvans, la realidad extraña

Hasta el 21 de noviembre, Foto Colectania, en colaboración con la Fundación Banco Sabadell, nos presenta los originales de esta serie fotográfica que funcionó muy bien como fotolibro en plena pandemia

15 años lleva Txema Salvans recorriendo el litoral mediterráneo, de Barcelona hasta Algeciras, como un antropólogo estudioso, observando aquellos que buscan un paréntesis de paz mirando de cerca el mar, para así retratar lo que hay si nos ponemos de espaldas al horizonte. “Hay veces que pienso que quizás el extraño, o el más equivocado, soy yo. Tan extraño es que alguien tome el sol en una cementera como que un fotógrafo lleve 15 años haciendo fotografías en ese mismo lugar. Las dos opciones son igual de distópicas”, comenta.

Como en el cine, cuando uno de repente se da la vuelta y observa las caras del público, llenas de expresiones ridículas, el fotógrafo busca el límite entre lo banal y lo absurdo de las escenas en lo que Joan Fontcuberta define como “un equilibrio entre el pensamiento crítico y el sentido poético del humor”. Y en Perfect Day, Salvans con su característico estilo formal y conceptual, donde la ironía es necesaria para comprender la magnitud de la tragedia, cuestiona los estereotipos derivados de la sobreexplotación de la costa mediterránea desde el territorio de la cotidianidad y a través de nuestros particulares comportamientos sociales.

Aunque originalmente las fotografías se publicaron en un fotolibro editado en plena pandemia por la editorial británica Mack —cuyo éxito fue excepcional—, Pepe Font de Mora, director de Foto Colectania, apuesta por el valor de la serie en formato expositivo. 49 son las piezas que componen la muestra sobre el Mediterráneo cuya clave reside en que no se ve nunca el mar, para proporcionar al espectador esa sensación de extrañeza y desolación agudizada por la aparición de personas aisladas dentro de las imágenes.

49 son las piezas que componen la muestra sobre el Mediterráneo cuya clave reside en que no se ve nunca el mar

Incluso el título, Perfect Day, es más que una sencilla alusión a la conocida canción de Lou Reed. “Somos el resultado del éxito reproductivo de nuestros ancestros. También nuestra autoconciencia, la capacidad de proyectarnos en el tiempo y de pensar en abstracto es otra singularidad. Por tanto, el hecho de estar vivo y además ser autoconsciente es casi un milagro; independientemente de la situación de cada uno, es un perfect day en términos biológicos”, dice Salvans a propósito de su particular ideario. Es por ello que las fotografías tienen también esa magia del momento preciso, de la espera hasta hacer el clic y captar el alma del instante.

Cuando estamos ante una de las instantáneas, debemos ser nosotros, los espectadores, quienes decidamos si nos parecen tragedia o comedia, cuál es el carácter que queremos determinarles según nos interpelen, pues ellas nos dejan suspendidos en el alambre del funambulista sin red. Es, como ya hemos dicho, la presencia humana la que confiere la dimensión dramática al escenario.

Así nos plantamos ante la pareja en actitud cariñosa en San Roque, que tiene por fondo las chimeneas de una refinería y las vallas de cierre, que más que una imagen idílica nos evoca a un espacio postapocalíptico, acompañada de un pie de foto que reza así: “Según la Organización Mundial de la Salud, La Línea de la Concepción, cercana a la refinería de Gibraltar, tiene la peor calidad de aire de España”. O la de un parque acuático en Marina d’Or, en medio de altos edificios, lejos del mar, en una especie de sinsentido, con una figura solitaria en la parte alta del tobogán que, primero entendemos que está a punto de tirarse, hasta que leemos: “Una atracción mal diseñada obliga a mantener a un operario para empujar a la gente que baja sobre un flotador por el siguiente tobogán”. El colmo de la absurdidad.

Txema Salvans serie Perfect Day
Parque aquático en Marina d’Or, de la serie Perfect Day. © Txema Salvans

Y es ahí cuando vemos esa carroza de princesa, en la parte de atrás de un bloque de apartamentos, con ese señor de bigote que aparece tras la valla, que nos da que está esperando que se acerque el atardecer y el hada madrina lo convierta en princesa y deje atrás las cenizas del cuento. Aunque esto —mirad la foto y sacad vuestras propias conclusiones— es una interpretación totalmente personal.

Ante las instantáneas, debemos ser nosotros, los espectadores, quienes decidamos si nos parecen tragedia o comedia

“La fotografía es un estado de ánimo, me permite experimentar un placer intelectual, observar la complejidad de nuestra especie, estar solo, divagar y permanecer en un estado de contemplación que me libera de la necesidad de ser el protagonista de mi propia vida. Y ese es un gran alivio”, sentencia Txema Salvans.

Cuando rememoro mis veranos de pequeña, recuerdo ver una de las reposiciones de Verano Azul que me hacían soñar con unas vacaciones en familia en algún apartamento de la costa. Mis padres, por aquel entonces, trabajaban en un complejo turístico al lado de la playa, así que huían de todo aquello que les recordase a su trabajo, mientras yo agotaba las tardes de verano en el asfalto ardiente de la plaza de delante de casa, y me hacía lo suficientemente mayor para poder coger el autobús con mis amigas y pasar el día en la playa. Yo, que nunca he sabido nadar y tengo que ponerme protector con pantalla total debido a la blancura de mi piel. Pero allí estaba, buscando aquel instante soñado de mi propio e idealizado Verano Azul. Viendo las fotos de Txema Salvans me doy cuenta que podría perfectamente aparecer en una de ellas.

Perfect Day Txema Salvans
Oropesa del Mar (Marina d’Or), de la serie Perfect Day, 2005-2020. © Txema Salvans