Si realmente tocar madera es una forma de prevenir cualquier mal, Òscar Llobet Doroteo ha acertado. Se ha hecho carpintero. Ha elegido el oficio con el que su rumbo profesional ha dado un giro, un cambio deseado, una evolución de la pantalla como diseñador gráfico que había sido durante más de veinte años, al trabajo artesanal de trabajar la madera para crear muebles y útiles que mejoran espacios y solucionan necesidades. Con las manos.
Las artes plásticas, dibujo, pintura y escultura, siempre le habían interesado, y eso le ayudó a elegir los estudios de diseño gráfico. Los hizo en la Escola Massana, entre 1995 y 1999. Y desde entonces hasta hace un par de años, se ha dedicado a maquetar revistas, y a diseñar el empaquetado de productos alimentarios y publicaciones publicitarias.
Una parte del trabajo que ha hecho todos estos años le gustaba mucho. Tenía la oportunidad de crear, dar color, forma, dimensiones y equilibrio a combinaciones de textos e imágenes. Quizás hemos tenido en las manos revistas o trípticos de la oferta de productos de supermercado surgidos del estudio donde Òscar trabajó más de veinte años. La vertiente creativa que hacía volar su imaginación acompañaba sus ganas de seguir haciendo lo mismo. Otra cosa era la presión por las entregas del trabajo, las pruebas y retoques, rehacer propuestas para adaptarlas al gusto de los clientes, eso ya se hacía más pesado.
Así es que, acumulando un poco de cansancio de las cosas menos agradables y tantos años de hacer lo mismo, empezó a pensar alternativas de trabajo por si algún día quería permitirse el lujo de decir: basta.
Su madera de carpintero empezó a emerger el día que, en casa de sus abuelos, en Montrodón, en el término municipal de Taradell (Osona), quiso guardar un mueble viejo. Se lo miró con ganas de restaurarlo. Y lo hizo. Lo recuperó manteniendo bastante fieles todas sus peculiaridades de diseño, lo actualizó respetando bastante cómo era. Evitó así que la madera degradada con el paso de los años cayera a pedazos.
Aquella fue la primera de algunas otras restauraciones. Y muy satisfecho por los trabajos que iba haciendo, se planteó formarse como carpintero. "Empecé a mirar grados medios porque vi que en el grado tiene más presencia el ordenador y el diseño, que era justamente lo que yo no quería hacer. Yo quería trabajar con las manos, empezar de cero, estar en un taller y serrar madera", comenta Òscar.

Entonces, ya había dejado el estudio de diseño donde trabajaba, y diseñaba como autónomo, y vio que en la Escuela Industrial, que la tenía cerca de casa, hacían el grado medio de carpintería y que los horarios los podía seguir bien compaginándoselo con la dedicación todavía al diseño gráfico. Han sido dos años de aprendizaje con algunos profesores más mayores que él, enseñándole tareas de taller, y otros maestros de su edad o más jóvenes.
“Bueno, de menos de cuarenta años no tenía ninguno”, dice. Ahora bien, todos sus compañeros de clase eran mucho más jóvenes. “En el curso éramos unos treinta por clase, casi todos tenían dieciséis años y yo cincuenta. Algunos me decían: eres como mi padre, pero más enrollado. Así de un perfil como el mío, gente con una historia parecida de cambio de rumbo éramos solo tres o cuatro”.
Formarse, de mayores, dice, para hacer un cambio de trayectoria “eso es muy habitual en Estados Unidos, pero aquí quizás no estamos tan acostumbrados”, comenta. Él, cuando tuvo claro su nuevo panorama ocupacional, lo explicó a sus amigos y familiares. La respuesta de su hermano, por ejemplo, le gustó: “Me dijo: ¡si lo tienes claro, tira millas!”. Y también “en los círculos más cercanos en los que explicaba que quería ser carpintero todo el mundo me decía: ¡hazlo!, te ganarás muy bien la vida, porque falta gente de estos oficios, electricistas, soldadores, el trabajo manual hace falta”.
Óscar es carpintero desde antes del verano pasado, cuando terminó el grado de carpintería. Ahora ya trabaja, y es cuando, de verdad, se está haciendo carpintero. Es un trabajo mucho más exigente con el cuerpo, sobre todo si lo compara con la comodidad de sentarse delante de la pantalla toda la jornada laboral, y eso cambia. “Trabajar de carpintero es mucho más físico. Estás de pie ocho horas, y cargas piezas que pesan, coges una puerta, subes maderas a la escuadradora... A veces oía a algún alumno que decía, si hubiéramos estudiado más, no estaríamos aquí. Pero, en realidad, ves que estudiar hoy en día no te da la garantía de ganarte la vida”.
En realidad, ves que estudiar hoy en día no te da la garantía de ganarte la vida
Restaurar y no tirar
A partir de su primera restauración, el mueble de la casa familiar, Óscar ha ido haciendo otras rehabilitaciones los últimos seis o siete años. “En la calle de Entença con Sepúlveda, hay un servicio de Repara, mejor que nuevo, de la Agencia Metropolitana de Barcelona (AMB) donde enseñan y acompañan en la reparación de todo aquello que se puede seguir utilizando una vez arreglado. Óscar se aficionó a ello.
Y esta previa experiencia reparando muebles también hizo que cogiera las clases en la escuela industrial con ganas de perfeccionarse. “Me gustaba ir a clase y entre semana entraba en el taller y serrábamos. Sentir aquel olor a pino me parecía magnífico porque, en lunes, martes..., días laborables, era como estar en el campo. Y, en cambio, aquel era mi día a día en la ciudad”.

¿Y qué se aprende en una clase de carpintería? “Las propiedades de la madera las encontré muy interesantes, aunque ahora sé que los carpinteros todo esto lo saben por su propia experiencia. Por ejemplo, cómo responde la madera dependiendo de cómo la cortes, todo esto lo aprenden trabajando. De todo hay una explicación física, pero el carpintero lo aprende porque le ha pasado varias veces, o su padre o su maestro se lo han dicho”.
La otra asignatura que disfrutó mucho fue la de sostenibilidad. “Hablar de los procesos y proyectos con la madera para que sean sostenibles, localmente y en todo el mundo. Los contenidos iban del micro al macro. Veíamos cómo hacer una casa con aislamiento que fuera mucho más eficiente que una construcción de ladrillo, con lo cual se necesita menos calefacción porque hace menos frío y menos calor también, la temperatura es mucho más estable. Recuerdo que vimos un documental de casas prefabricadas que se montan como un Lego y en tres meses tienes la casa hecha”.
En las prácticas en el taller -dice- “lo primero que hicimos fue serrar. Coges un tablón de madera y lo divides en diez partes, y tienes que ir serrando en línea recta”. Aprender las herramientas que son las que ahora usa también fue parte importantísima del aprendizaje sobre el oficio. “Tenemos las herramientas manuales, las manuales pero mecánicas, como las atornilladoras mecánicas, y la maquinaria grande”, explica.
Es muy alentador ver tantas ideas, pero a la vez es muy frustrante porque no todo es tan fácil como parece.
El inacabable mundo digital que permite compartir vídeos de tutoriales donde también carpinteros muestran cómo se hacen pequeños o grandes trabajos de bricolaje contagian ganas a cualquiera de ponerse a hacer arreglos en casa. “Es muy alentador ver tantas ideas, pero a la vez es muy frustrante porque no todo es tan fácil como parece”. La precisión japonesa de encajar las maderas sin usar clavos, por ejemplo, inspira a cualquier carpintero como él.
Para quien quisiera hacerse autónomo como tantos carpinteros y artesanos con taller propio, la introducción al mundo del trabajo tuvo su lugar también entre las materias del grado de FP. “En primero estudiamos el Estatuto de los trabajadores, los derechos y deberes en el mundo del trabajo, qué modalidades de trabajador hay: autónomo, régimen general y las diferencias. De manera genérica, tocamos temas legales y, en el segundo curso, vimos cómo hacer una empresa y las ventajas e inconvenientes”. Simularon la creación de una empresa, con su plan de viabilidad, cómo pedir un crédito, impuestos... “La parte de viabilidad me sirvió mucho, yo planteé una empresa de restauración y fabricación de muebles, cómo llegar a los clientes con una campaña local de publicidad, para que la gente sepa que haces los mejores muebles de Barcelona”.
Los estudios como punto de partida
Óscar tenía que hacer prácticas como parte del grado, pero como seguía trabajando como diseñador gráfico, no tenía tiempo. Pero pudo hacerlas un tiempo con un maestro. “Me fue muy bien, pero me faltaban horas de práctica y a través de la escuela encontré el lugar donde ahora trabajo, una empresa dedicada a las reparaciones interiores de yates, cubiertas y todo tipo de temas relacionados con el barco, en el puerto de Barcelona”, explica. Después de hacer las prácticas que le quedaban para completar los estudios, lo contrataron.
Ahora, todo lo que hace sale a navegar con un barco, en consecuencia, tal como dice, “trabajamos con maderas que tienen que estar más o menos expuestas al agua, por lo tanto, les tenemos que aplicar acabados muy concretos”. La madera, el mar y la arquitectura de grandes embarcaciones es ahora el mundo que llena su día a día laboral. “Me gusta mucho y me siento ahora mismo como una esponja, llenándome de conocimientos nuevos. Trabajo con gente que lleva una veintena de años haciendo este trabajo y son un pozo de ciencia. Me dan respuestas super lógicas, a las cuales yo solo llegaría con el tiempo. Hay una tecnología y un conocimiento detrás de todo lo que se hace que haga que las soluciones a todo lo que se nos presenta fluyan de una manera lógica y sencilla. Estoy muy agradecido porque cada día voy descubriendo cositas y otras que me doy cuenta de que ya las voy integrando”, expresa el carpintero.
Pasar de la dimensión digital al trabajo con las manos, y tocando madera, se convierte hoy en día originalmente revolucionario
Pasar de la dimensión digital al trabajo con las manos, y tocando madera, se convierte hoy en día originalmente revolucionario. “Cuando me dedicaba al diseño gráfico, de todas maneras, me gustaba mucho elegir los colores y las texturas experimentando con muestras físicas para después inspirarme en la pantalla y, al fin y al cabo, todo aquello que dibujaba digitalmente, después acababa siendo también un producto material, una etiqueta, una bolsa, una revista...”.

Ahora todo lo que hace surge desde las tres dimensiones. “Yo lo identifico con lo que decía Gaudí. Hablaba del ‘retorno a los orígenes’. Estamos en una época en que todo es mucho más digital y virtual, y supongo que le debe pasar a más gente, no solo a mí: estamos hartos del móvil, del ordenador, y las pantallas, en general. Y, entonces, tocar cosas es lo que echamos de menos”, dice. Y cree que es por eso que “la dimensión física de los objetos va ganando presencia en nuestro día a día”, por esta necesidad o añoranza.
“Por ejemplo, el libro digital está muy bien, abre un universo de miles de libros en un solo dispositivo, pero el placer de abrir un libro, el olor, el tacto de las hojas, eso nunca lo tendrá el digital”, concluye Òscar, “contento de haber salido de su área de confort y empezar un nuevo camino profesional, con muchas cosas todavía por descubrir”.
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