Cosiendo la felicidad

La Mònica Otero es la propietaria de Núvols de fils
La Mònica Otero es la propietaria de Núvols de fils

En el barrio del Congrés i els Indians, en el distrito de Sant Andreu, hay un tesoro de tienda con el precioso nombre de Núvol de fils. Los colores de las lanas, hilos, botones, cintas y telas para hacer todo tipo de labores llenan de vida el espacio donde más horas pasa Mònica Otero. Con su naturalidad, se ha metido al vecindario en el bolsillo

25 de septiembre de 2026 - 05:30

Cada puntada de aguja, cada hilo que atraviesa de un punto a otro, cada giro del ganchillo, un borde bien hecho guarda momentos de concentración, de silencio, de calma, ilusión y serenidad. Delante de la tele, sentada en el sofá, Mònica encuentra su momento con cualquier labor en la que avanza, artesanalmente, como el chal de lanilla que tendrá a punto para cuando llegue el invierno. 

En la rebotica de su mercería, la máquina de coser trabaja. Encima de la mesa, unas bolsas de tela de cuadros amarillos, azules, rosa y verde, se preparan para irse con las clientas. Son el regalo que Mònica les hace para agradecer que han podido pasar quince años desde que levantó la persiana por primera vez. 

Y les expresa el agradecimiento en un texto impreso en un pequeño papel que entrega con la bolsa que ella misma ha cortado y ha cosido. Dice: “Prácticamente, sin darme cuenta, han pasado quince años. Aunque el día a día de una tienda es muy pesado, siempre os tengo en la cabeza a todos vosotros, los clientes, los amigos, la gente del barrio que me ayuda a sobrevivir en momentos tan complicados para el pequeño comercio. Producir cada una de estas bolsas es una terapia, es pensar en momentos vividos, charlas, confesiones, sonrisas, llantos, es dedicar un ratito para agradeceros vuestra confianza. Deseo de todo corazón que te guste. ¡Muchas gracias por estar ahí!”

Producir cada una de estas bolsas es una terapia, es pensar en momentos vividos, charlas, confesiones, sonrisas, llantos...

Este regalo, este detalle habla del talante de Mònica, y es esto lo que propicia el calor de su mercería, en la esquina de las calles de Biscaia con Olesa, en el barrio del Congrés i els Indians. La tienda se llama Núvol de fils. “Un día llegué a casa y vi que mi gato había abierto la caja de las cosas de coser y había sacado todos los hilos y había hecho un embrollo que era como una nube de hilos”, explica. Pero aquel desbarajuste de hilaturas inspiró el nombre de la tienda de labores que seguramente Mònica nunca había imaginado tener.

Ella es hija de El Prat de Llobregat, su madre, con tres criaturas, tres niñas de las cuales Mònica es la mayor, se sacó las oposiciones para ser maestra. “En el colegio de las monjas había aprendido a coser y a hacer labores. Y los sábados por la tarde, nos daba a cada una de las tres hijas un pañuelito de tela para acabar de hacerle el dobladillo y coserle botones. Y así pasábamos la tarde, cosiendo. A mí aquello me apasionaba”, dice.

Y del pañuelito, las hermanas pasaron a hacer bolsos y la ropa de sus muñecas. “El domingo íbamos al campo de fútbol a ver jugar al Prat (AE Prat, Associació Esportiva Prat) y así podíamos lucir los bolsos que nos habíamos hecho. A mí me gustaba explorar con el color y las texturas, y a los doce o trece años, para reyes, quise hacer, de sorpresa, pijamas de una sola pieza para mis hermanas. Mi madre me acompañó a comprar la ropa y con un pijama de mi padre sacamos el patrón”.

Detall de les mans de la Mònica Otero.©Carme Escales
Detalle de las manos de Mònica Otero. ©Carme Escales 

Labores de casa

Después de unos años de pausa, concentrada en los estudios, haciendo diseño industrial e interiorismo, a los veintiuno, cuando se independizó, retomó el ganchillo y la costura. “Aquello era la añoranza”, dice. Volver a tener lana e hilo en las manos, agujas y dedal, la volvía a hacer sentir en casa. “En verano, cuando íbamos a ver a mi abuela al pueblo de Dueñas, en Palencia, la veía trabajar mucho el perlé y nos hacía unas piezas de ganchillo para ponernos debajo de cada pie y así, deslizando con aquello, no ensuciábamos el suelo de casa con la suela de los zapatos”.

En tiempo de carnaval, en casa se hacían siempre los disfraces. Ahora agradece mucho “la suerte que tuvimos de que en casa nos estimularon mucho la creatividad”. Es lo que ahora la hace disfrutar más de la elección de telas, hilos, lanas y todo tipo de materiales para hacer labores y manualidades. Entras en la tienda de Mònica y los colores, las posibilidades de hacerte cualquier cosa te asaltan la mente, los ojos, las ganas de ponerte a hacer labores, regalos para Navidad hechos a mano, personalizar una camiseta lisa, un bolso, una cartera con botones y cintas de infinitos estampados y y diseños. Hay telas para hacerse ropa, forrar cojines, animar un rincón de la casa con cuadros, flores, líneas o tonos fluorescentes que son altamente energizantes.

La Mònica escollint fils de colors. ©Carme Escales
Mònica escogiendo hilos de colores. ©Carme Escales 

Su afición al patchwork hizo que se enterara de que una mercería de barrio se traspasaba. Quienes la conocían la animaban a cogerla. Y lo hizo. Capitalizó el paro y se dio de alta como autónoma. Ahora hace quince años. Cuando la covid cerró todos los negocios, ella, con tela y filtro, hizo tantas mascarillas como pudo: más de quinientas. En casa tenía de todo para hacerlas. Todavía no entiende por qué las mercerías no fueron consideradas de primera necesidad, cuando las papelerías y librerías sí lo fueron porque vendían entretenimiento para los niños. “Las labores fueron las grandes olvidadas”, dice, recordando todo el bien que le hicieron a ella. “El punto, el macramé, el ganchillo y los bordados fueron mi refugio”.

El punto, el macramé, el ganchillo y los bordados fueron mi refugio. 

Dice que lo que más le gusta es crear y pensar en cómo hará las cosas de la manera que le permita optimizar más el material y hacerlo con pocos pasos, “disfruto mucho cuando pienso cómo hacerlo”. Avanza en su punto de ganchillo o los bordados con la tele de fondo, donde pone series como Friends, o películas como Star Wars, El Señor de los Anillos o Zoolander, que ya ha visto muchas veces y, por lo tanto, le hacen la suficiente compañía, pero nada de distracción. “Las labores transportan y dan calma. Si no fuera así, serían una obligación”, comenta. Y, además, -añade- “te hacen sentir un cierto placer porque estás construyendo un objeto, tú misma eres capaz de conseguir ser más autónoma y eso te da más seguridad”.

Tejiendo emociones

Mónica confiesa que no es nada perfeccionista. “Tengo muchas clientas que sí lo son, pero yo busco, sobre todo, distraerme”. Cosiendo las bolsitas de cumpleaños de la tienda, explica que le han venido lágrimas a los ojos “pensando en la gente que ya no está, clientas, momentos difíciles de la tienda a lo largo de estos quince años, decisiones que he tomado. Ha sido un repaso de todo este tiempo, mientras cosía. Coser o hacer punto no es solo una actividad física, en cada punto de una labor pones emociones. Yo cuando hago un muñeco para alguien, pienso todo el rato en esa persona”.

Productos hechos por Mónica Otero. ©Carme Escales
Productos hechos por Mónica Otero. ©Carme Escales 

En la tienda, Mònica ha tejido también muchos vínculos con el barrio y ha hecho muchas amistades. Aparte de las clientas que le compran materiales de costura o labores, en la trastienda está la mesa de los talleres, pequeños cursillos para aprender a coser a máquina, a hacer punto, ganchillo y patchwork. Entre la clientela más joven, dice que hay mucha que claramente busca hacer labores para desintoxicarse de las pantallas. Ven en TikTok cómo alguien lo hace todo que parece súper fácil de hacer, pero después ven que hay que trabajarlo. “Lo que más me gusta es ver que hay mucha gente que ha confiado en mí porque llegaron diciendo: yo esto no lo sabré hacer, pero lo intentan, se dejan aconsejar y prueban. Yo les digo: si no sale a la primera, ya acabará saliendo, yo no juzgo nunca si lo saben hacer o no. Pero que la gente confíe en tu criterio es bonito. Hay quien ha hecho incluso su propia marca de bolsos”.

"Solo puedo agradecer todo lo que he recibido de las clientas y del barrio"

“Solo puedo agradecer todo lo que he recibido de las clientas y del barrio”, dice. Recuerda especialmente cuando tuvo que cambiar de local, sin marcharse del Congrés i els Indians, y cómo la gente de la comisión de fiestas, amigos y familiares se volcaron en ayudarla con el traslado de todo. Vacíaron una mercería que llevaba ya cuarenta años abierta, para ubicarlo todo en un nuevo espacio. “¿Qué he hecho yo para que me ayuden tanto?”, se preguntaba. Y como tendera, le entristece que cierren comercios de toda la vida, como la única zapatería que había, que cerró, y ahora no hay ninguna zapatería en el barrio.

Por eso considera tan necesario el Plan de usos en los barrios, la ordenación de actividades en la vía pública, para poder decidir qué tiendas hacen barrio realmente y dan servicio a la gente que vive allí. “Es necesario que la gente acabe siendo consciente del valor de saber tu nombre en los comercios, que te conozcan, y que tu hija pueda entrar en una tienda si en algún momento necesita ayuda porque se siente amenazada por alguien. Quien lo compra todo por internet, seguramente no piensa que esto daña al comercio de barrio”.

Detall de la Mònica Otero cosint amb la seva màquina. ©Carme Escales
Detalle de Mònica Otero cosiendo con su máquina. ©Carme Escales 

Cruzando la puerta de Núvol de Fils, los colores infinitos de las lanas, las telas, los botones, las cintas y los hilos inspiran la artesanía, creatividad, recogimiento en casa viendo avanzar una labor. En esta mercería sabes que estás en un oasis de proximidad, de vínculos de barrio.

En el Instagram nuvoldefils, donde Mónica comparte ideas y novedades en la tienda, presenta su tienda indicando que allí se hace: Costura creativa para ser feliz... Quizás sí que la felicidad está hecha de pequeños puntos de costura, de remiendos de los agujeritos que va haciendo la vida en este pañuelo que es el mundo. Y es bueno saber que, en una esquina de Barcelona, se enseña a coser un trozo de felicidad, disfrutando de un tiempo de evasión, de conversación y confidencias, de superación, de orgullo personal, de autoestima, de creación personal y enriquecimiento.

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Carme Escales
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