Cuando la música se escucha con el alma

Emma Plana. © Carme Escales
Emma Plana. © Carme Escales

A los 20 años, Emma se fue a Ginebra a tirar del hilo de una metodología de aprendizaje musical a través de la representación del movimiento que evocan las notas de una partitura

14 de agosto de 2026 - 05:30

Este 12 de agosto, la alineación de los dos astros que nos regalan el día y la noche nos hizo sentir muchas ganas de levantar la vista al cielo para contemplar el espectáculo natural. Solo la música puede amplificar la emoción que provoca la imagen de un eclipse así, tan único. Las vibraciones, el sonido, la melodía de una pieza musical tienen la capacidad de transformar un estado de ánimo, de aumentar una sensación, de hacer aterrizar la alegría, de infundir emotividad. Como un masaje a las células, el impacto sonoro de cada nota resulta un revulsivo interno que activa numerosas conexiones en el cerebro. De manera automática, sin movernos, la composición musical hecha de frecuencias graves y agudas establece perspectivas mentales de lejanía y proximidad que, con los ojos cerrados, nos llevan a viajar, a sentir, a evadirnos. Y con las mejores imágenes del eclipse, acompañadas de música, continuaremos viajando y emocionándonos.

Los viajes que la música propicia son terapéuticos. Emma Plana los conoce bien. Todavía estaba en el vientre de su madre cuando ya los experimentaba, porque, durante el embarazo, su madre estudiaba música. En la cuna, pues, Emma ya contaba con una almohada de la sensibilidad musical. El aprendizaje musical en la infancia y adolescencia la llevó a conocer una metodología que, a través del movimiento y el ritmo, transmite conocimientos musicales. El padre de este modo de enseñar música fue el compositor y pedagogo suizo Émile Jaques-Dalcroze que, con su método, asentó escuela y, en el instituto de Ginebra que lleva su nombre, estudió Emma. Dedicó cinco años a aprender de la música aquello que no percibimos directamente a través de notas musicales, sino gracias al efecto que estas notas que salen del pentagrama causan en nosotros. De esta manera, se involucra al cuerpo en el aprendizaje musical, posibilitando a los estudiantes experimentar y expresar sus sensaciones rítmicas.

Así es como se consigue asociar la música a unos colores determinados, a unas formas precisas, a unos movimientos que, lógicos o no tanto, el sonido musical inspira. En 1996, una representación en escena que mostraba el vínculo de la música con el movimiento hizo merecer a Emma el reconocimiento a la Mejor Creación de Licencia Rítmica Jaques-Dalcroze por el Instituto Jaques-Dalcroze de Ginebra.

En la lengua francesa que hizo de conexión social de Emma aquellos años en Ginebra, tocar un instrumento, jouer le piano, hace diana en lo que mejor resume la vivencia de la música para ella. La música es el vínculo, el juego que une al intérprete al instrumento, y viceversa, pero también del juego que se establece entre la música y quien la escucha. “La música me hace sentir la conexión conmigo misma, con mi yo inconsciente y con el consciente. Disfruto con la música porque me permite escucharme, escuchar mi yo más profundo, pensar, reflexionar, experimentar la presencia y la liberación”. Sobre todo —dice— “si soy yo quien hace la música, tocando el piano o cantando, componiendo o improvisando, siento mucho esta gran conexión. Experimento un estado de presencia activa que me hace sentir viva, serena. Y, cada vez que pasa, vuelvo a conectar, recordar, meditar, pensar”.

Y, en manos de una musicoterapeuta como Emma Plana, la música es también una herramienta de ayuda, una clave para abrir caminos ocultos o bloqueados en el interior de niños y adultos. “Esta es otra faceta de la música, cuando la pongo al servicio de los otros y de las necesidades que requieran diferentes situaciones”.

La musicoterapia es, en el universo de herramientas de catarsis, aquella lluvia fina que va cayendo discretamente, pero que tiene un efecto muy valioso en la tierra donde cala. Emma coordina el grupo de trabajo que se ocupa de ello en el Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC). Tienen el objetivo de fomentar la musicoterapia, tender una red entre los profesionales musicoterapeutas y los psicólogos, potenciando un trabajo conjunto. Investigar y compartir experiencias que ligan psicología y musicoterapia es otra meta para hacer poder replicar el beneficio de la música que disuelve la rigidez, deshace el silencio, la incomprensión o la huida de las emociones.

Habiendo aprendido a desgranar con tanto de detalle cómo se comporta la música bajo nuestra piel y el beneficio de esto en el día a día de una persona, Emma eligió los estudios de Psicología para poder aplicarlo, y hoy es psicóloga clínica. Combinar la psicología, la musicoterapia y la educación musical, con especial atención a contextos educativos, la creatividad, la neurociencia, las altas capacidades intelectuales y las metodologías musicales de la Rítmica Jaques-Dalcroze ha hecho de ella un agente activo de esta lluvia fina de un arte, como es la música en este caso, que se convierte en terapéutico. Una lluvia fina que hace calar salud mental.

Emma Plana. © Laura Conesa Sànchez
Emma Plana es autora y editora del libro Blocs. © Laura Conesa Sànchez

Emma es docente del Máster Neurociencia de la Música de la Universitat de Lleida, creado y dirigido por Jordi À. Jauset. Él es autor de Sonidos para tú bienestar y Neuromúsica. Cerebro, ciencia y arte, libros de Plataforma Editorial que descubren el poder transformador de la música y su influencia en nuestra salud y bienestar.

Comprensión y acompañamiento

“Con la musicoterapia, podemos evaluar y detectar estados anímicos que, a veces, ni con palabras ni con actitudes se pueden captar, pero que la música nos facilita descartar o destapar”, dice Emma. Y explica que “la música, para unas personas puede ser una fuente de consuelo, para otras, de expresión, de conexión, de festividad, de agrupamiento... el significado de la música se crea a medida de quien la escucha. Tanto si somos músicos o músicas profesionales, como si simplemente somos aficionados o forofos, la música tiene un poder intrínseco que influye en nuestras emociones, y en nuestros pensamientos y comportamientos”. La diferencia, en el caso de la musicoterapia —añade— está en “la capacidad del o de la musicoterapeuta para gestionar la emoción que se desprende de la música para que esta sea en beneficio, repercuta positivamente en la salud de la persona”.

Apostar por una rama de la terapia tan rupturista e innovadora, en un contexto como el nuestro, en el cual la música y el arte todavía se viven prácticamente solo como entretenimiento y ocio, contextualiza una manera diferente de ver el mundo. Y Emma solo tenía veinte años cuando decidió salir fuera de nuestro país a descubrirlo. Esto la hace pensar que su osadía conecta con la que llevó su madre, también cuando tenía veinte años, ya siendo enfermera, a instalarse en Madrid para cursar la especialidad de comadrona. Y fue una de las tres comadronas que, junto con un médico, introdujeron en Sabadell, como servicio municipal, la atención a la mujer. Era en 1978 cuando se ocupaban de la preparación al parto, el parto, el posparto y la planificación familiar como una contribución que va más allá de la atención sanitaria, que son derechos de la mujer.

Hoy Emma y, como ella, los profesionales que trabajan con la herramienta de la musicoterapia, también va más allá de la vivencia de la escucha y la producción musical como despertador emocional. Usan la música para introducirse en la investigación de un mismo y de bloqueos que impiden una introspección profunda. Interpretar todo aquello que la música remueve es la tarea de la musicoterapia que caracteriza la consulta privada de esta profesional. La holística que engloba la música, la educación y el movimiento, todo el arte clásico, lo explica en el libro Blocs, del cual Emma es autora y editora.

EMMA PLANA Carme Escales
Emma Plana convierte la música en terapia. © Carme Escales

Ha trabajado también como orientadora educativa en institutos públicos y actualmente lo hace acompañando a hombres y mujeres con discapacidad intelectual que, en la fundación Aspanias, han encontrado un apoyo a su autonomía. Con hogares-residencia y servicios a las familias, hace sesenta años que esta entidad solidaria apoya a estas personas con las cuales ella interactúa terapéuticamente. “Me gusta mucho empoderarlos. Para mí la inclusión es esto, quiere decir respetar sus dinámicas, con humanidad. Sin ella, no podemos hacer psicología”.

Los resultados de la rítmica del profesor Dalcroze y de la intervención psicológica desde la musicoterapia no acumulan todavía la evidencia científica con la que cuentan ya otras terapias como la cognitivoconductual, porque el factor cualitativo, en el laboratorio es más difícil de investigar. Más aún, con el enfoque psicobiosocial que elige Emma, un prisma que considera la salud una interacción entre factores psicológicos, biológicos y sociales. Es una perspectiva imprescindible para la musicoterapia en el contexto de la neurodiversidad, porque reconoce que las diferencias cerebrales tienen un componente biológico que, con las experiencias individuales y el entorno social, tienen un profundo impacto en el bienestar. Es la fuerza del invisible poder capaz de hacer cambios positivos, como tratamiento terapéutico y como prevención.

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Carme Escales
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