Invertir en la infancia es uno de los pilares del contrato social que defiende Antón Costas. © Clara Soler Chopo
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Por un nuevo contrato social

El economista Antón Costas defiende un proyecto común desde la “buena política” que permita afrontar la salida de la crisis pandémica y la revolución tecnológica

Escuchar y leer al catedrático de Economía Política Antón Costas es siempre estimulante. Sus análisis son una lección de economía en mayúsculas. Pocos comunican como él y hacen fácil cuestiones tan complejas. Hace unos días, dio una nueva lección magistral —telemática, eso sí— ante una audiencia convocada por el colectivo L’H Espai de Debat. Y por supuesto no defraudó. Este maestro de economistas insistió en la necesidad de articular un nuevo contrato social, una idea que desarrolla en su último libro, El final del desconcierto, aparecido en 2017 y que devoré entonces en un viaje de ida y vuelta a Madrid en AVE.

Según Costas, hay momentos en la historia que un país debe hacer una pausa y reflexionar sobre su futuro. Estos cambios de marcha suelen coincidir con momentos de crisis. Así, de la Segunda Guerra Mundial surgió un nuevo contrato social que tuteló durante décadas el mundo occidental. En España, ocurrió tras la crisis energética de finales de los 70. Ahora, con la pandemia, vivimos una crisis global de dimensiones monumentales que empezó siendo sanitaria y ha derivado en una económica y social de consecuencias devastadoras.


El nuevo contrato social que el catedrático de la Universitat de Barcelona propone debe ser la vacuna que impida el progreso de un deterioro democrático que viene “de lejos” y que incrementará, si no lo evitamos, las desigualdades y la pobreza. Para Costas, la actual crisis es más “duradera y perturbadora” que la del 2008. “Nos jugamos —asegura— ser capaces de construir un proyecto colectivo que nos traiga prosperidad”. Y es que, además de la pandemia, otra fuerza de cambio, la tecnológica, se está también imponiendo con la irrupción masiva de la robótica y sus efectos en el mercado laboral.

“Nos jugamos ser capaces de construir un proyecto colectivo que nos traiga prosperidad”, asegura Costas

Cuatro son las prioridades que, a juicio de este economista, deben guiar un nuevo proyecto colectivo que no solo debe servir para superar la crisis, sino también para “fortalecer la democracia”. Y fue al citar la primera cuando Costas sorprendió a su audiencia, al menos a la mayoría: hay que invertir en la infancia. Tras la sorpresa inicial, lo desplegó con sus dotes didácticas. “Hablamos de pensiones y de los jóvenes, pero no de los niños”, dijo. Invertir en la infancia es importante para construir una sociedad “decente”. “Es una gran inversión  en términos económicos”. Por eso, saludó que el nuevo presidente norteamericano, Joe Biden, haya señalado la infancia como una de sus primeras prioridades, y aportó el dato de que, según un informe de la Academia de Ciencias de EE.UU., el coste de no invertir en la infancia es de 800.000 millones de dólares anuales.

Según un informe de la Academia de Ciencias de EE.UU., el coste de no invertir en la infancia es de 800.000 millones de dólares anuales

La segunda prioridad de Costas es la salud, que debe recuperar su consideración de derecho fundamental. No invertir en salud acaba teniendo un alto coste para la economía, pues una sociedad sana es, resaltó, uno de los “activos más poderosos” que tiene un país, un recurso básico. Una población sana se traduce en menos bajas laborales y, por eso, lamentó que desde 2010 se dejara de invertir en salud en Catalunya.

Una población sana se traduce en menos bajas laborales y, por eso, Costas lamentó que desde 2010 se dejara de invertir en salud en Catalunya. © Isaac Planella

Garantizar los ascensores sociales sería la tercera prioridad del nuevo contrato social. Cuanto antes un país logra que los jóvenes se emancipen, más progresista e innovador es. Actualmente, dos tercios de nuestros jóvenes no están emancipados, principalmente a causa del acceso a la vivienda, el más importante freno a la movilidad social en el país.

La cuarta prioridad de Costas es conseguir que el cambio tecnológico y la implantación de una economía verde no destruya empleo. “Si no orientamos los cambios hacia la creación de empleo, vamos a tener muchos problemas, porque no hay alternativa al empleo. Sin estas cuatro prioridades, Costas pronostica un grave deterioro social y, por tanto, democrático.

Garantizar los ascensores sociales sería una de las prioridades del nuevo contrato social que imagina Costas. © Vicente Zambrano González

Esta crisis ha puesto al descubierto las debilidades de nuestra sociedad, pero no todo son negros presagios para este economista de referencia. Por eso, saluda la iniciativa de la Unión Europea de movilizar los 750.000 millones de euros de fondos de recuperación, los bautizados como Next Generation. Por primera vez, como consecuencia de la pandemia, Europa ha dado un gran paso en el avance de su bien común, y Costas dejó en el aire una pregunta para la reflexión: ¿Habría sido posible dar este paso con Gran Bretaña dentro de la Unión? Mi propia respuesta es que no, claro.

Para este contrato social del siglo XXI, Costas confía en la “buena política”. Su modelo es la política que tras la Segunda Guerra Mundial fue capaz de crear un proyecto común en beneficio de la prosperidad colectiva. Por eso, y sin entrar en las consideraciones partidistas de fondo, no cree que el debate sobre el aplazamiento de las elecciones autonómicas en Catalunya sea un buen camino en pro de la buena política, de la salida de crisis y de la construcción del nuevo contrato social.

¡Qué gran hora y media nos regaló Antón Costas!