El Port Vell completará en los próximos años su segunda gran transformación. Fue quizás el proyecto más emblemático tras los Juegos de 1992. El Moll d’Espanya se convirtió en una gran zona de ocio gracias a la concentración del Maremàgnum, el Aquàrium y el cine Imax. Ahora, el complejo afronta otra era con una segunda sede del Gran Teatre del Liceu, que será el nuevo motor cultural para la zona. También se está sometiendo a una profunda transformación el Moll de Barcelona, presidido por el World Trade Center, que quiere abrirse ahora a los ciudadanos tras décadas de estar consagrado a los negocios y alejado de la ciudad.
Los despachos de arquitectos interesados ya están trabajando en las propuestas arquitectónicas y urbanísticas para el nuevo Moll d’Espanya, después de que el Liceu abriera a mediados de julio el concurso de ideas. Este va más allá del proyecto arquitectónico de la segunda sede de la ópera. Se pide también una solución urbanística, de accesos y entorno que resuelva las carencias y errores del diseño de hace 30 años.
Se espera mucho del hecho que el nuevo Liceu se sitúe en el centro del tablero de este complejo de ocio. La idea de que el teatro abra una segunda sede en el puerto surgió hace cuatro años. Y es que la ópera y el mar dialogan muy bien. Ahí está el ejemplo de Sidney. También de Copenhague, Hamburgo y Port Saíd, la ciudad egipcia del Canal de Suez. En todos, la silueta de estos teatros líricos dialoga muy bien con su correspondiente paisaje portuario.
El Liceu Mar ocupará en parte el lugar del antiguo cine Imax. Ya en su día, el entonces candidato a la alcaldía de Barcelona Miquel Roca incluyó en su programa electoral su derribo, pues lo consideraba un error al volver a erigir un obstáculo a la vista de las dársenas portuarias que se había logrado tras el derribo de los tinglados de la Barceloneta. Sin duda Roca tenía razón, pero descuidó que el Imax y demás elementos del Moll d’Espanya aparecieron en un momento de euforia postolímpica, en el que los ciudadanos acogían con entusiasmo los nuevos espacios que la ciudad conquistaba.
El tiempo, sin embargo, ha dado la razón a los que apostaban por la desaparición del Imax. Ya en su día se derribaron los multicines asociados al Maremàgnum, que también ha dado un giro a su oferta comercial y gastronómica para volver a atraer al público de sus inicios. Solo el tiempo demostrará si la nueva estrategia es acertada.
Antes del Moll d’Espanya, se recuperó para uso ciudadano el Moll de la Fusta, y después, en 1999, vino el Moll de Barcelona y su complejo de negocios del World Trade Center, cuyo gran problema desde entonces ha sido que ha dado la espalda a los ciudadanos de Barcelona. Ahora, las autoridades portuarias intentan reorientar también esta estrategia. La primera medida fue rediseñar la plaza central hace un año y, más recientemente, iniciar la liberación de los muelles para operaciones de atraque de embarcaciones.
Aunque todavía queda alguna actividad para operaciones portuarias, el resto de los muelles se ha abierto ya al público, a la espera de que una nueva pasarela conecte el Moll de Barcelona con el Portal de la Pau. También se confía en que se desarrolle una actividad de restauración en estos muelles que atraiga clientes. Sin embargo, los locales gastronómicos del World Trade Center están pasando una época de crisis a causa del teletrabajo. Hasta la pandemia, se sostenían con el personal de las oficinas. Ahora, los nuevos hábitos y que el trabajo de varios días de la semana se haga desde casa ha restado clientes a estos locales, que se resisten a ampliar su actividad en el perímetro exterior del complejo. Los responsables del centro de negocios barajan un programa de actividades que ayude a la atracción de público.
A la espera también que esta nueva estrategia dé sus frutos o no, la desaparición de las vallas y la apertura de los accesos ya hacen visibles los nuevos espacios del Moll de Barcelona. Ahora mismo son una especie de erial. Faltan zonas de sombra y algún tipo de actividad estable que acerque a la ciudad. De momento, sí que se puede apreciar la potencialidad de los nuevos espacios.
En definitiva, el Moll d’Espanya y el Moll de Barcelona están enfrentando la segunda transformación del Port Vell. Su consolidación o no va a ser una carrera al menos de medio fondo en la que va a haber que invertir. En cualquier caso, hay que evitar nuevos errores como lo fue el Imax.
