Miramar: un restaurante, estudios de televisión y 20 años en ruina antes de ser un gran hotel

Barcelona al atardecer con el Miramar en primer plano. (Estudio OTB)
Barcelona al atardecer con el Miramar en primer plano. (Estudio OTB)

En el capítulo 20 de Hoteles con Historia subimos a Montjuïc para entrar en un hotel que ha sido, por este orden, restaurante de la Exposición Internacional, imán gastronómico y social, arranque televisivo del franquismo y del catalán en TV, ruina disputada durante casi veinte años y, desde 2007, resort de gran lujo firmado por Óscar Tusquets.

(Periodista, consultor jurídico-aeronáutico y escritor)
26 de junio de 2026

El 14 de julio de 1959, un jovencísimo presentador llamado José Luis Barcelona se plantó ante una cámara instalada en el jardín de un viejo palacete de Montjuïc y abrió la emisión con una frase que se convertiría en leyenda de la televisión catalana: "Buenas tardes… desde el Balcón del Mediterráneo".

Nadie en el plató imaginaba que aquel edificio, con treinta años de historia ya a sus espaldas, acabaría siendo, décadas después, uno de los hoteles de gran lujo más singulares de Barcelona. Tampoco que, antes de llegar a serlo, tendría que sobrevivir a casi dos décadas de proyectos fallidos, familias de banqueros europeos y hasta de un proyecto de sede para el Euroejército sobre el papel.

El actual Hotel Miramar, en la ladera de Montjuïc con vistas al puerto y al Mediterráneo, es protagonista del 20º capítulo de Hoteles con Historia e Historias de Hoteles, la serie que cada 15 días publicamos en The New Barcelona Post. Y es, probablemente, uno de los que acumula más vidas distintas de toda la serie.

Un restaurante para la Exposición Internacional

Todo empieza en 1914, cuando se decide que la Exposición Internacional de Barcelona se celebrará en Montjuïc, entonces una montaña prácticamente sin urbanizar. Entre 1917 y 1919 el paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier (el mismo que años más tarde firmaría los jardines del Gran Hotel La Florida, en el Tibidabo) diseña el paisajismo de la zona, trabajo que le valdría el Gran Premio de la propia Exposición de 1929.

En ese marco, el arquitecto Ramon Raventós i Farrarons, entonces jefe del Servei d'Edificis Culturals del Ayuntamiento y autor también de las Torres Venecianas de plaza España, el Teatre Grec o el Poble Espanyol, levantó un palacete-restaurante de estilo noucentista con terraza exterior, farolillos y una vista privilegiada sobre el puerto. El lugar lo inauguró el propio rey Alfonso XIII. Al frente de los fogones se designó a Enrico Cacciami, miembro de una saga de restauradores italianos de gran prestigio.

Durante años, el Miramar fue un local emblemático para bodas y grandes banquetes de la burguesía barcelonesa, hasta que estalló la Guerra Civil en 1936. El edificio quedó sin contenido ni clientes. Cerró y quedó tapiado.

Carles Pi i Sunyer, Bonaventura Gassol, Pere Bosch i Gimpera y otros invitados a un banquete en el Restaurante Miramar en 1931 (AFB) ç
Carles Pi i Sunyer, Bonaventura Gassol, Pere Bosch i Gimpera y otros invitados a un banquete en el Restaurante Miramar en 1931 (AFB) 

Aquí hay un primer dato curioso que probablemente muchos no conozcan: ya durante los primeros años de José María de Porcioles en la alcaldía, es decir, a finales de los 50, se barajó convertir Miramar en hotel, pues una sociedad formada por una aerolínea junto a una cadena hotelera estadounidense había mostrado interés en poner un pie en Barcelona. El plan no se concretó. Y como el palacete seguía perdiendo fuelle, se le buscó una nueva utilidad bien distinta.

El Balcón del Mediterráneo. 24 años de televisión

Cuando Televisión Española empezó a emitir desde Madrid en 1956, las dos horas diarias de programación en pruebas apenas llegaban más allá de la capital del Estado. El régimen diseñó entonces un plan de centros territoriales conectados por una red de repetidores, y Barcelona, estratégica, necesitaba un edificio para TVE. Ante la disponibilidad del lugar, se decidió instalar los nuevos estudios en el viejo Miramar.

Años 70: etapa de Televisión Española como inquilina de los estudiós de Miramar (Archivo RTVE)
Años 70: etapa de Televisión Española como inquilina de los estudiós de Miramar (Archivo RTVE) 

La primera señal de televisión llegó a Barcelona el 15 de febrero de 1959, en pruebas, con un Real Madrid-Barça, aunque la inauguración oficial de los flamantes estudios y servicios técnicos se reservó para una fecha simbólica del régimen: el 14 de julio. Aquel día nació el programa Balcón del Mediterráneo, presentado por el ya mencionado José Luis Barcelona, un primer espacio de variedades producido íntegramente desde Barcelona y emitido para toda España.

Durante los 24 años siguientes, Miramar se convirtió en el corazón audiovisual de Catalunya y en uno de los grandes rivales internos de los estudios madrileños del Paseo de la Habana y Prado del Rey. En sus platós se emitieron y grabaron programas que marcaron época, como Reina por un día, Amigos del martes, Club Miramar o Carrusel, y allí trabajaron profesionales como Mónica Randall o Federico Gallo. Durante años, además, fue el único enlace de TVE con la red Eurovisión, así que todo lo que llegaba de Europa a la televisión estatal pasaba obligatoriamente por Montjuïc.

Los estudios estaban situados en un lugar entrañable y privilegiado, aunque una televisión en crecimiento necesitaba más medios y metros cuadrados. El 23 de junio de 1983 se inauguró la nueva sede de TVE en Sant Cugat del Vallès, y cuatro días después, el 27 de junio, se emitió el especial de despedida: Adéu Miramar, Bon dia Sant Cugat.

Un largo vacío: del RACC al Euroejército

En la segunda mitad de los 80 llegó una parte poco conocida, y quizá sorprendente, de la historia del actual Hotel Miramar. Tras la marcha de TVE, el palacete quedó vacío otra vez, y durante casi dos décadas su solar se convirtió en un lugar codiciado para el que se propusieron los planes más dispares. Según ha podido documentarse, entre las alternativas que llegaron a manejarse estuvieron convertirlo en sede del RACC, en instalaciones para la nueva Universitat Ramon Llull, en cuartel del mando sur del Euroejército o, incluso, en un Gran Casino para que el juego estuviera en la ciudad. Ninguna llegó a buen puerto.

El golpe de efecto más cercano a hacerse realidad llegó con los años de preparación para los Juegos Olímpicos de 1992. El entonces alcalde Pasqual Maragall, consciente de que la ciudad necesitaba aprovechar el tirón, convenció a las familias Thyssen y Rothschild para invertir en un hotel de lujo en el edificio. El encargo del proyecto fue nada menos que para Ricardo Bofill. Sin embargo, el plan no fue aprobado por la Generalitat y quedó definitivamente aparcado. Mientras tanto, a un paseo de allí se construyó la piscina de saltos olímpica, y el viejo palacio se quedó fuera del gran relato transformador que vivía la ciudad, aunque, ya casi en ruinas, se disfrazó por fuera para ofrecer una imagen digna a los muchos visitantes que subían a Montjuïc.

El rescate, el Ayuntamiento y Tusquets

El rescate definitivo de un lugar que parecía tener mala suerte llegó en 2001. Aquel año, el empresario hotelero estadounidense David Stein ganó el concurso convocado por el Ayuntamiento de Barcelona para recuperar el palacete y convertirlo en un hotel de cinco estrellas. Era el mismo Stein que, en paralelo, estaba rehabilitando el Gran Hotel La Florida del Tibidabo. Por cierto, ambos edificios estaban firmados originalmente por el mismo Ramon Raventós.

Todo parecía, por fin, encaminado, aunque ese camino fue todo menos sencillo. El terreno es de propiedad municipal y se otorgó en concesión por 50 años; además, el Ayuntamiento se quedó con un 10% de la sociedad gestora, lo que generó la previsible polémica política: unos grupos consideraban que el Consistorio no debía tener participación en un negocio hotelero privado, otros criticaban las deudas que el proceso iba generando. Para poder sacar adelante el proyecto incluso hubo que modificar las licencias urbanísticas y aumentar la edificabilidad permitida, con las consiguientes disputas en el terreno político.

El verde del edificio construido alrededor del restaurante original se pensó para que visualmente el hotel no fuese tan impactante desde el mar (Estudio OTB)
El verde del edificio construido alrededor del restaurante original se pensó para que visualmente el hotel no fuese tan impactante desde el mar (Estudio OTB)

Finalmente, entre 2001 y 2006, el arquitecto Óscar Tusquets firmó la remodelación. Su intervención quiso ser un ejercicio de respeto: en lugar de competir con la fachada histórica, Tusquets escalonó el nuevo cuerpo del edificio hacia atrás, formando terrazas frente a las habitaciones, y lo pintó de un verde que intentaba camuflarse con los árboles del bosque que va subiendo por Montjuïc. Toda la atención visual queda para el viejo palacio de Raventós. El hotel abrió finalmente sus puertas en mayo de 2007.

Entre los detalles que hoy sobreviven de aquella reforma hay uno especialmente bonito: la lámpara que cuelga de la escalera principal, obra del escultor húngaro Ben Jakober, recrea la maqueta polifunicular que Antoni Gaudí utilizó para estudiar la estructura de la cripta de la Colònia Güell. Un guiño modernista dentro de un edificio noucentista que fue, durante un cuarto de siglo, sinónimo de televisión en blanco y negro en transición a color.

Sigue la mala suerte: el embargo de 2009

La gestión del hotel pasó después a manos de Joan Gaspart, a través de su marca Husa. Sin embargo, ni siquiera con el hotel ya reabierto la historia se calmó del todo: en 2009, con el edificio ya en propiedad del fondo estadounidense Apollo, el banco alemán Aareal Bank llegó a ultimar los trámites para embargar tanto el Miramar como La Florida por impago de créditos por valor de 70 millones de euros, aunque ambos establecimientos siguieron funcionando con normalidad durante el proceso. Fue solo el primero de varios episodios financieros turbulentos que acompañarían al hotel durante años, con etapas sin cadena gestora de por medio.

Interior del hotel, la segunda reforma ya como hotel ha sido ambiciona (HM)
Interior del hotel: la segunda reforma ya como hotel ha sido ambiciona (HM)

El presente: Atom Hoteles y una necesaria gran reforma

El empresario libanés Boutros El Khoury, su penúltimo propietario, lo traspasó en enero de 2024 a la socimi Atom Hoteles, en una operación conjunta con el Gran Hotel La Florida (hoy Mett Barcelona), por 50 millones de euros, tras un largo litigio entre ambas partes.

Atom ha invertido ya 20 millones en una primera fase de reforma, con la idea de convertir el Miramar en un resort urbano de referencia que dialogue con su entorno en Montjuïc: sinergias culturales con la Fundació Miró, con el teleférico del puerto, con el de la montaña, y mantendrá una programación de arte contemporáneo y espacios que, según ha trascendido, divulgarán también la propia historia del edificio.

La propiedad está asociada al grupo estadounidense Preferred Hotels & Resorts. El hotel tiene 75 habitaciones y suites, un jardín tan grato como discreto, y un spa y una oferta gastronómica a la altura de su historia y de su lujo.

Pocos edificios de Barcelona pueden presumir de un arco narrativo tan completo: templo gastronómico de una Exposición Internacional, plató de la televisión franquista y de los primeros tiempos democráticos, solar disputado por banqueros, militares y casinos en pleno boom olímpico, y finalmente resort de lujo reinventado dos veces en veinte años. El Miramar no solo ha visto cambiar Barcelona desde su "balcón sobre el Mediterráneo": ha cambiado, él mismo, tantas veces como la ciudad que tiene a sus pies.
 

Sobre el autor

Javier Ortega Figueiral
Javier Ortega Figueiral

Periodista, consultor jurídico-aeronáutico y escritor

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