Una ciudad en la que los coches vuelan entre rascacielos y los robots conviven con las personas. A menudo imaginamos la ciudad del futuro así: como un escenario casi de ciencia ficción, dominado por tecnologías capaces de transformar la vida cotidiana de los ciudadanos. Pero Smart City Expo World Congress propone mirar esta ciudad del futuro desde otra perspectiva. Más que imaginar escenarios futuristas o presentar tecnologías que parecen imposibles, el congreso quiere mostrar cómo se puede dar respuesta a problemas a los que las ciudades ya tienen hoy: cómo nos movemos, cómo consumimos energía, cómo gestionamos los recursos o cómo garantizamos que todo el mundo pueda acceder a una vivienda.
En realidad, no se trata solo de hablar del futuro, sino también del presente: en los pabellones se presentan proyectos, herramientas y soluciones que se están desarrollando en diferentes partes del mundo y que pueden servir de ejemplos para otros territorios. Con este objetivo de fondo, el salón transforma, hasta este jueves, el recinto Gran Via de Fira de Barcelona en una especie de ciudad en miniatura que muestra cómo podrían transformarse las ciudades.
Los visitantes del salón son los habitantes de esta ciudad efímera y generan un movimiento constante. Como en cualquier ciudad, se producen trayectos, puntos de encuentro y espacios para conversar e intercambiar ideas. Los asistentes se desplazan de un expositor a una ponencia, se detienen a descubrir proyectos y buscan propuestas que puedan inspirar una mejor gestión de sus ciudades. En este ir y venir, también se oyen lenguas y acentos de todo el mundo. Las conversaciones mezclan idiomas de representantes de Japón, China, Rumanía, Eslovaquia, Argentina y muchos otros países, que han viajado hasta Smart City Expo World Congress para dar a conocer las soluciones que ya se están aplicando en sus municipios.
Con esta mezcla como característica esencial del congreso, los pabellones de Fira se convierten, así, en una especie de ciudad de ciudades: un punto de encuentro de asistentes de todo el mundo que comparten problemas urbanos, pero que llegan con experiencias y maneras diferentes de intentar resolverlos. En total, el salón prevé reunir más de 27.000 asistentes y representantes de un millar de ciudades hasta este jueves.
Y, como ocurre en otros grandes congresos tecnológicos, como el Mobile World Congress o el ISE, la tecnología innovadora que se presenta centra buena parte de la mirada de los asistentes. Así, entre los más de 1.100 expositores destacan grandes compañías tecnológicas como Dell, Google, Microsoft o NVIDIA. Pero, a medida que avanza el recorrido por el salón, queda claro que la cuestión no es solo mostrar hasta dónde puede llegar la tecnología, sino explicar para qué sirve y cómo puede contribuir a resolver los problemas de las ciudades.

“La tecnología no es un fin en sí mismo”, ha defendido Raquel Gil, quinta teniente de alcaldía de Derechos Sociales, Promoción Económica y Trabajo, Feminismos y Memoria Democrática del Ayuntamiento de Barcelona, durante la sesión inaugural de Smart City Expo. La innovación, ha remarcado, consiste en “convertir el conocimiento, la tecnología y la creatividad en soluciones concretas para los retos compartidos”. Porque las ciudades no avanzan hacia el futuro solo cuando incorporan más tecnologías, sino cuando estas nuevas herramientas ayudan a resolver retos concretos del día a día: mejorar la movilidad, ahorrar energía, facilitar los servicios o prepararse para los efectos del cambio climático.
En el fondo, esta es la idea que atraviesa buena parte del congreso. Una ciudad inteligente —una smart city— no es necesariamente aquella que acumula más tecnología, sino aquella en la que se vive mejor. Ugo Valenti, director de Smart City Expo World Congress, lo expresaba así en una entrevista con The New Barcelona Post: “El mejor indicador de una ciudad inteligente es que no quieras irte”. Una forma de recordar que, por encima de las pantallas, los datos y los dispositivos, el valor de una ciudad se mide en la calidad de vida de sus ciudadanos.

Robots, datos y soluciones para las ciudades de hoy
Esta mirada se puede encontrar en muchas de las tecnologías que se presentan en los pabellones. Así, se pueden ver semáforos y paradas de autobús inteligentes, pero también sistemas de gemelos digitales: reproducciones virtuales de una ciudad, como Barcelona, que permiten observar cómo funciona el entorno urbano y hacer pruebas antes de tomar decisiones. Por ejemplo, se puede simular qué pasaría si se cambiara el sentido de una calle, se modificara la iluminación o se reorganizara el tráfico, y analizar sus efectos sin tener que hacer primero estos cambios sobre el terreno.
La robótica es una de las demostraciones que más fácilmente consigue detener a los visitantes. Entre los stands aparecen robots humanoides y otros con formas de animales, pero también máquinas pensadas para asumir tareas específicas. AiMOGA Robotics, compañía vinculada al grupo Chery Auto —socio estratégico de Ebro—, presenta un robot que ya ha ejercido de controlador de tráfico en ciudades chinas como Wuhu. Una tecnología que también podría tener aplicaciones en otros espacios, como las bibliotecas, donde podría ayudar a los usuarios a localizar libros entre las estanterías. La misma compañía también muestra Mobo, un robot humanoide más pequeño, concebido para la asistencia, la interacción y la compañía en el hogar. Y unos stands más allá, un brazo robótico sorprende a los asistentes preparando patatas fritas de forma autónoma.

Los drones son otra de las presencias habituales de la feria, con ejemplos como los que utiliza la Policía Nacional. Y, un poco más allá, también se pueden testear aeronaves eléctricas autónomas que se plantean como posibles taxis aéreos. La imagen se acerca más a aquella ciudad futurista que durante años se ha imaginado, pero los datos que presenta EHang, la empresa que expone una de estas aeronaves, apuntan que no es solo una idea sobre el papel: asegura que ya ha llevado a cabo más de 90.000 vuelos en una veintena de países.
No todas las propuestas, sin embargo, necesitan robots ni grandes demostraciones para llamar la atención. Algunas invitan a detenerse y mirar los retos urbanos desde otra perspectiva. Es el caso de Terra50, un espacio inmersivo bajo una cúpula que presenta una cincuentena de soluciones climáticas aplicadas en 32 países. La experiencia permite conocer iniciativas como las cápsulas submarinas de desalinización de la empresa noruega Flocean, o el sistema de reciclaje de la ciudad japonesa de Kamikatsu. Son proyectos que quizás no tienen el impacto visual de un robot o de una aeronave, pero que inciden en cuestiones esenciales para el futuro de las ciudades: el agua, los residuos, la energía y la capacidad de adaptarse al cambio climático. También aquí la innovación se mide menos por el espectáculo que por la utilidad.

Una ciudad inteligente también necesita vivienda
Este año, además, el congreso estrena HOWS Barcelona, una cumbre que reúne a más de un centenar de expertos para debatir sobre planificación urbana, regulación, vivienda social, nuevos sistemas constructivos y rehabilitación. Esta nueva cumbre dentro del congreso responde a una realidad que difícilmente se puede dejar fuera de cualquier debate sobre el futuro urbano: el acceso a la vivienda. Porque, por muy avanzados que sean los sistemas de movilidad o de gestión energética, una ciudad no puede considerarse inteligente si una parte de sus habitantes no puede vivir en ella porque no encuentra un hogar asequible. “Hablar de mejores ciudades significa, primero y sobre todo, que la gente pueda vivir en ellas”, ha remarcado Constantí Serrallonga, CEO de Fira Barcelona, durante la inauguración de HOWS Barcelona.
Por este motivo, el congreso ha decidido incorporar este año un espacio específico para abordar la crisis residencial y explorar cómo se puede ampliar la oferta, renovar los edificios existentes y encontrar nuevas fórmulas de colaboración entre el sector público y el privado. Y, en este sentido, la tecnología no puede resolver por sí sola esta crisis, pero sí que puede ayudar a hacer visibles algunos de los problemas que a menudo quedan fuera del mapa. ONU-Hábitat, por ejemplo, utiliza la inteligencia artificial y las imágenes por satélite para identificar y cartografiar asentamientos informales en América Central y África. Un trabajo que antes podía alargarse durante meses se ha llegado a completar en solo 72 horas.
Soluciones globales, retos locales
Y en esta ciudad del futuro en miniatura que representa Smart City Expo World Congress, Barcelona no solo es el escenario del encuentro: también participa con iniciativas propias que quiere compartir con otras ciudades. En el expositor del Ayuntamiento de Barcelona, bajo el lema Barcelona, donde la innovación florece, se presentan diversos servicios y proyectos municipales que ya tienen una aplicación real en la capital catalana. Desde viviendas eficientes, desarrolladas por Amura, hasta sistemas de detección y alarma de incendios fabricados por la compañía catalana Detnov.

E incluso esta innovación barcelonesa se manifiesta en proyectos concretos, como el DFactory, el complejo impulsado por el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona para concentrar empresas e iniciativas vinculadas a la industria 4.0. Y el Consorcio ha aprovechado el congreso, de hecho, para explicar cómo se está transformando esta zona de la ciudad: el espacio, que actualmente ocupa unos 17.000 metros cuadrados, prevé crecer hasta cerca de 60.000 con la ampliación en marcha. Una de las piezas centrales será el Cubo, un edificio de cristal concebido para acoger eventos, que estará listo ya este noviembre.
Pero la idea del Consorcio es incluso ir más allá: una vez se acaben de construir estos 60.000 metros, tal como ha detallado Pere Navarro, delegado especial del Estado en el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona (CZFB), el espacio afrontará una tercera fase de obras para añadir unos 40.000 metros cuadrados más, con nuevos espacios para empresas e incluso un auditorio.
La ampliación del DFactory es un ejemplo de cómo algunas de las ideas que estos días se presentan en el congreso también se traducen en transformaciones concretas sobre las ciudades. Porque, más allá de las grandes demostraciones tecnológicas y de los proyectos que aún buscan aplicación, Smart City Expo quiere convertirse en el escaparate de estas soluciones que ya están transformando diversas ciudades para que sus habitantes vivan mejor.
Añadir The New Barcelona Post como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.


