Ugo Valenti (Smart City Expo): “El mejor indicador de una ciudad inteligente es que no te quieras ir”

Ugo Valenti, director del Smart City Expo World Congress. © Cedida
Ugo Valenti, director del Smart City Expo World Congress. © Cedida

¿Cómo pueden las ciudades adaptarse a los grandes retos del presente sin perder de vista a sus ciudadanos? El director de Smart City Expo World Congress reflexiona sobre el papel de la tecnología, los retos urbanos y las soluciones que las ciudades pueden aprender unas de otras

(Redactora en The New Barcelona Post)
01 de noviembre de 2026 - 05:30

Garantizar el acceso a una vivienda asequible, acercar los servicios y equipamientos a las personas para reducir los desplazamientos cotidianos y hacer frente a los episodios climáticos extremos son algunos de los grandes retos que afronta Barcelona. Son desafíos complejos, pero no exclusivos de la capital catalana. En todo el mundo, las ciudades buscan respuestas y, a menudo, las experiencias de unas pueden ayudar a las otras a encontrar su propio camino. Este es precisamente uno de los objetivos de Smart City Expo World Congress: compartir ideas, experiencias y soluciones para avanzar hacia ciudades más habitables y sostenibles.

Porque, como defiende Ugo Valenti, director general del congreso, una ciudad inteligente no es solo aquella que incorpora más tecnología, sino aquella que sabe aprovechar todos los recursos disponibles para mejorar la vida de los ciudadanos. Y Barcelona, según Valenti, es una de las diez ciudades del mundo que mejor lo consiguen. No es casualidad, de hecho, que la capital sea el escenario de un congreso que quiere poner en común experiencias y soluciones para afrontar los retos urbanos del futuro. Del 3 al 5 de noviembre, en el recinto Gran Via de Fira de Barcelona, más de 1.100 expositores darán a conocer sus propuestas y 600 ponentes las debatirán en un programa de 150 sesiones. 

— Cuando utilizamos el concepto smart city, ¿a qué nos referimos exactamente? ¿Qué hace que una ciudad sea considerada inteligente?

— En resumen, una smart city es una ciudad que hace todo lo posible para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Para conseguirlo, puede recurrir a diferentes recursos y soluciones: desde la tecnología, evidentemente, hasta nuevas formas de gobernanza, de tomar decisiones, de planificar y de gestionar la ciudad.

— Por lo tanto, ¿una ciudad puede ser inteligente sin tener que recurrir necesariamente a la tecnología?

— La tecnología puede ayudar a mejorar una ciudad, pero hay muchas otras maneras de hacerlo. Las superilles de Barcelona, por ejemplo, son una buena solución para avanzar hacia una smart city, porque permiten recuperar espacios hasta ahora ocupados por los vehículos y devolverlos a la ciudadanía para que puedan pasear, jugar y volver a hacer suya la calle. Es una apuesta que no tiene nada que ver con la inteligencia artificial ni con el uso de datos.

También hay soluciones sencillas que sí incorporan tecnología, como saber cuánto falta para que llegue el autobús a la parada. Al fin y al cabo, la tecnología no es una finalidad en sí misma, sino una herramienta para mejorar la vida de los ciudadanos. Si no sirve para eso, no tiene sentido.

Por este motivo, entre los más de 1.100 expositores que se reunirán en Smart City Expo World Congress, destacan grandes empresas tecnológicas como Google, Microsoft y NVIDIA, pero también compañías que presentan soluciones relacionadas con el transporte público, la energía, la calidad del aire y del agua o la construcción. Porque una ciudad inteligente no se construye solo con tecnología, sino con todo un conjunto de soluciones que responden a las necesidades de las personas.

Del 3 al 5 de noviembre, el recinto Gran Via de Fira de Barcelona debatirá sobre el futuro de las ciudades con Smart City Expo World Congress. © Smart City Expo
Del 3 al 5 de noviembre, el recinto Gran Via de Fira de Barcelona debatirá sobre el futuro de las ciudades con Smart City Expo World Congress. © Smart City Expo

— Aunque la tecnología puede ayudar a construir ciudades más inteligentes, también conlleva riesgos. ¿Cómo afrontáis esta otra cara?

— Hay dos aspectos que nos preocupan especialmente: la ciberseguridad y la privacidad de los datos. Cuantos más dispositivos y sistemas conectemos, más importantes se vuelven los riesgos de seguridad. Por este motivo, en el marco de Smart City Expo World Congress, también se celebra el Barcelona Cybersecurity Congress, que aborda precisamente esta cuestión. En cuanto a la privacidad, la manera de entenderla varía según el país: en Europa está bastante regulada, mientras que en China o en Oriente Medio es más relativa. Como el congreso es un evento internacional, nos permite conocer estas diferencias y aprender los unos de los otros.

— A pesar de estos riesgos, ¿sois optimistas sobre la capacidad de la tecnología para mejorar las ciudades?

— Como ocurre con la energía nuclear, la tecnología se puede usar para fines positivos o destructivos. Pero creo que la necesitamos para afrontar los grandes retos de las ciudades. Cada vez más personas viven en entornos urbanos, y esto aumenta la presión sobre los recursos, la vivienda, la energía, el agua, las infraestructuras y la movilidad. Tenemos que encontrar soluciones para estos grandes retos, y la tecnología puede desempeñar un papel importante, por eso soy optimista. Si no conseguimos afrontarlos, también con el uso de tecnología, las ciudades tendrán graves problemas. 

Esto no quiere decir que no tengamos que vigilar sus riesgos, como que un estado totalitario utilice la tecnología para controlarlo todo. La clave es usarla para construir ciudades mejores y mejorar la calidad de vida de las personas.

"Como ocurre con la energía nuclear, la tecnología se puede usar con fines positivos o destructivos. Pero la necesitamos para afrontar los grandes retos de las ciudades"

— ¿Y cuáles son, precisamente, los grandes retos que deben afrontar las ciudades en los próximos años?

— La vivienda es, sin duda, uno de los grandes retos globales: conseguir que todo el mundo tenga una vivienda digna y asequible. Es un problema que afecta a Barcelona, pero también a ciudades como Nueva York, Shanghái, Ámsterdam, Roma o París. Por este motivo, este año estrenamos el Housing World Summit, un espacio dentro del congreso para identificar buenas prácticas en todo el mundo y ayudar a las ciudades a aprender las unas de las otras.

Otro gran reto es el cambio climático. Tenemos que preparar las ciudades para que puedan afrontar los fenómenos extremos que están por venir y avisar a la población con suficiente antelación para que se pueda proteger. También tenemos que hacer frente a los retos de la movilidad, tanto a los cambios que puede comportar la llegada del vehículo autónomo como a los problemas que ya tenemos, como el funcionamiento de Rodalies.

Las ciudades afrontan muchos retos, pero no partimos de cero. En todo el mundo ya se están desarrollando soluciones que pueden ser útiles para otras ciudades. Tenemos que identificarlas y aplicarlas, y este es precisamente el objetivo de Smart City Expo World Congress. Este año reunimos a más de 600 ponentes de la administración pública, del sector privado y del mundo académico. Queremos que el congreso sea un espacio donde estos tres ámbitos puedan compartir experiencias y hablar abiertamente de los retos de las ciudades. Este encuentro entre el sector público, el privado y el académico es bastante singular.

Assistents a l'anterior edició de Smart City Expo World Congress. © Smart City Expo
Asistentes a la anterior edición de Smart City Expo World Congress. © Smart City Expo

— ¿Cómo abordáis el futuro de las ciudades sin caer en proyectos demasiado futuristas o alejados de la realidad?

— Smart City Expo World Congress no es un ejercicio de prospectiva para imaginar cómo serán las ciudades dentro de cincuenta años, aunque también hay profesionales que aportan una visión estratégica e inspiradora. Lo que hacemos es reunir ciudades y empresas de todo el mundo que ya están aplicando soluciones o que se preparan para hacerlo. Hablamos de soluciones tangibles, no de prototipos que quizás nunca lleguen a hacerse realidad. No encontraremos coches voladores, por ejemplo, pero sí drones. El objetivo es que las soluciones que se presentan en la zona expositiva se puedan aplicar mañana mismo en cualquier ciudad del mundo.

— ¿Qué soluciones concretas se podrían aplicar en Barcelona para avanzar hacia una ciudad más inteligente?

— Este año presentamos, por ejemplo, las cincuenta mejores soluciones que hemos identificado en todo el mundo para adaptarse al cambio climático y mitigar sus efectos, dentro del proyecto Terra50. Son iniciativas que ya funcionan en otras ciudades y que se podrían replicar en Barcelona, en ámbitos como la gestión del agua y la energía. También veremos soluciones de movilidad, como los drones autónomos, que pueden transportar personas o dar apoyo a los servicios de emergencia, por ejemplo, llevando medicamentos o ayudando a actuar rápidamente en caso de incendio.

En la seva 15a edició, Smart City Expo World Congress reunirà més de 600 ponents. © Smart City Expo
En su 15ª edición, Smart City Expo World Congress reunirá a más de 600 ponentes. © Smart City Expo

— Si nos centramos en uno de los grandes retos de las ciudades, la vivienda, ¿qué soluciones aplicadas en otros lugares pueden servir de ejemplo para Barcelona?

— No hay una solución mágica, pero sí experiencias interesantes en todo el mundo. En Viena, por ejemplo, el 50 % del parque de viviendas es de titularidad municipal y se puede ofrecer a precios asequibles. Singapur, en cambio, destaca por haber planificado el crecimiento urbano de manera que las nuevas viviendas vayan acompañadas de transporte público, comercios y otros servicios. Esto nos recuerda que no basta con construir más viviendas o bajar su precio: también hay que garantizar que estén bien conectadas con el resto de la ciudad y que las personas puedan vivir bien, desplazarse y acceder a los servicios que necesitan.

— ¿Hasta qué punto la tecnología puede contribuir a resolver el problema de la vivienda?

— La tecnología puede ayudar, pero no creo que sea la clave principal. La innovación en los materiales y en las técnicas de construcción, por ejemplo, puede permitir construir viviendas más eficientes desde el punto de vista energético y reducir el gasto en calefacción y aire acondicionado. También es importante planificar bien las infraestructuras y las conexiones con el resto de la ciudad. Pero, más allá de la tecnología, creo que los factores decisivos son la voluntad política, el marco legal y la financiación.

— Y al revés: ¿qué iniciativas de Barcelona pueden servir de ejemplo para otras ciudades?

— Las superilles son un caso paradigmático. Barcelona apostó por este modelo antes que otras ciudades, como Nueva York, que también ha transformado espacios como Times Square. Otro ejemplo son los refugios climáticos, una red de espacios como bibliotecas y otros equipamientos municipales que permiten protegerse del calor. Es una iniciativa que otras ciudades también están adoptando, porque cada vez tienen que hacer frente a temperaturas más extremas.

— ¿Hay alguna ciudad que pueda servir de referente para las demás, o cada ciudad tiene que encontrar su propio modelo?

— A menudo me preguntan cuál es la smart city por excelencia, pero ¿cómo podemos comparar Nueva Delhi con Barcelona o Ámsterdam? Cada ciudad tiene su realidad y sus retos. Para valorar si una ciudad es inteligente, se tienen en cuenta muchos factores: la calidad del aire, el nivel de ruido, la densidad de población, la percepción de bienestar de los ciudadanos o la evolución de la economía... Más que buscar un único modelo, hay que compartir experiencias y aprender los unos de los otros. Una ciudad coreana puede aprender de Santiago de Chile, igual que Medellín puede inspirarse en Shanghái. También es importante tener claros los objetivos y mantener una estrategia a largo plazo, aunque cambie el gobierno, y saber convertir las ideas en soluciones reales. 

Este es precisamente el propósito de Smart City Expo World Congress: un encuentro global donde ciudades y profesionales de todo el mundo puedan compartir experiencias y soluciones. Este año prevemos reunir a 25.000 asistentes de más de 130 países, y más del 80 % de los expositores proceden de fuera de España.

"El objetivo de una smart city es que la tecnología pase desapercibida y te guste vivir en ella"

— Y Barcelona, ¿hasta qué punto es una ciudad inteligente?

— Probablemente, no podríamos afirmar que Barcelona es la ciudad más inteligente del mundo, pero tengo muy claro que se encuentra entre las diez primeras. Lo vemos cada año en el congreso: profesionales de todo el mundo vienen a conocer las iniciativas que se desarollan. Se interesan por proyectos en ámbitos como la gestión de los residuos y la edificación, así como por iniciativas concretas como el distrito 22@ o la transformación del Port Olímpic.

— ¿Los barceloneses son conscientes de que su ciudad es un referente internacional?

— Posiblemente no, porque muchas de las soluciones que otras ciudades consideran innovadoras aquí ya forman parte de nuestro día a día y las damos por hechas. Saber cuánto falta para que llegue el autobús, por ejemplo, hoy nos parece del todo normal, pero hace quince años no disponíamos de esta información.

Para mí, este es precisamente el objetivo de una smart city: que casi no te des cuenta de la tecnología y que, sencillamente, pienses: “Me gusta vivir aquí”. Este es el mejor indicador: que no quieras marcharte. Que las soluciones sean útiles, se integren en la vida cotidiana y contribuyan a que la gente se sienta a gusto en su ciudad. 

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Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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