El Hotel Regina y el año que lo dice todo

La marquesina del hotel. © Pulitzer
La marquesina del hotel. © Pulitzer
10 de julio de 2026 a las 05:30h

Algunos edificios de Barcelona tienen una sana costumbre: dejar a la vista su año de construcción. Es sana sobre todo para los observadores y flâneurs a los que se les resuelve de un vistazo una pregunta frecuente "¿Cuándo lo habrán construido?". En el caso de los hoteles hay algunos ejemplos: el Majestic lo lució durante doce meses al cumplir el centenario, con grandes letras luminosas: 1918-2018. El Palace lo recuerda de manera permanente en lo más alto de su fachada: "Any 1919".

Hay un tercer hotel que también luce el año de su apertura en un lugar claramente visible: la marquesina. Indica además que es más veterano que los dos establecimientos comentados, pues su año es 1917. Se trata del Hotel Regina, protagonista del capítulo 21 de Hoteles con Historia, la serie que publicamos cada 15 días en The New Barcelona Post. Este céntrico hotel guarda en sus salones una historia que estuvo a punto de cambiar el rumbo del Barça, aunque eso lo dejamos para más adelante.

Una calle que recuerda un abrazo

Antes de entrar al hotel conviene detenerse en la calle. Bergara es una vía corta, un paréntesis de 160 metros entre la Plaça de Catalunya y Pelai, que parece existir únicamente para conectar dos arterias mayores. Sin embargo, lleva un nombre con peso. La ciudad la bautizó en recuerdo del Convenio de Vergara de 1839, el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Carlista: dos generales enemigos abrazándose ante las tropas reunidas en las campas de Vergara (Bergara, en catalán). Un gesto teatral y necesario. La guerra terminaba, y hacía falta que todos lo vieran. Fue en esa calle, en el número 4, donde Francisco Recasens construiría décadas más tarde uno de los hoteles más longevos de la ciudad.

Las habitaciones que dan a la fachada posterior ven los edificios del carrer Pelai. © Estudio WIT

Nueve pesetas y diez céntimos

La historia del Regina comienza en Valls, Tarragona. Allí nació Recasens, que llegó a Barcelona con nueve pesetas y diez céntimos en el bolsillo además de una gran determinación. Tras años trabajando duramente en el sector del transporte, logró adquirir la Pensión Francesa reuniendo 5.500 pesetas (una fortuna en aquel momento) y llegó incluso a pedir prestadas las últimas 1.000 a su antiguo jefe para completar la compra.

Lo que siguió fue casi una maldición. Menos de dos meses después de la adquisición estalló la Setmana Tràgica, la revuelta popular que paralizó Barcelona en julio de 1909, y ante lo complicado que resultaba convivir con un estallido social, Recasens iba personalmente a las estaciones de tren a buscar a sus preciados huéspedes para mantener el negocio a flote.

1917: la marquesina, el ascensor y el teléfono

En 1917 la Pensión Francesa se transformó en el Hotel Regina. Este se convirtió rápidamente en una dirección de referencia para viajeros que buscaban una buena casa para descansar en la ciudad: fue uno de los primeros establecimientos de la ciudad en ofrecer ascensor, teléfono en las habitaciones y baños privados en la mitad de ellas. Innovaciones que hoy parecen obvias y que entonces eran argumentos de atracción poderosos.

La confluencia de las calles Pelai, Balmes y Bergara vistas desde una habitación esquinera del hotel. © Hotel Regina 

De ese momento fundacional quedan piezas que el hotel conserva como patrimonio muy querido. La marquesina original es una estructura de hierro forjado y vidrio emplomado con decoración naturalista que está incluida en la Ruta del Modernisme de Barcelona. Sus vidrieras son policromadas, obra del artista francés René Beauclair, y es donde está el ya mencionado año de apertura y las iniciales FR del fundador. Mucha gente cree que esas letras tienen que ver con un supuesto origen francés de la propiedad y nada más lejos. La escalera de caracol de estilo art déco sigue presidiendo el interior, y la Suite Century, que ocupa lo que fue un antiguo salón de baile, conserva hoy las columnas y el suelo original de principios del siglo XX.

La Exposición, la guerra y el exilio

En 1929, aprovechando el incremento de visitantes para la Exposición Internacional, Recasens compró el bloque de pisos contiguo, ampliando notablemente la capacidad del hotel y sirviendo más de 300 comidas diarias. El Regina era ya uno de los establecimientos de referencia de la ciudad.

El Gina’s Salon Bar. Una reinterpretación del nombre original a partir de la ultima reforma del hotel. © Hotel Regina

Sin embargo, en 1936 llegó la Guerra Civil. Recasens huyó a Italia y el hotel quedó en manos de sus trabajadores, que lo reconvirtieron en refugio y hospital improvisado: los salones donde huéspedes y burguesía pasaban horas de ocio acogieron a desplazados. Entre ellos, durante un tiempo, a los llamados Niños de Morelia, los pequeños que acabaron exliados a México y el establecimiento sobrevivió a la guerra como pudo. Cuando su dueño recuperó el control, pasó años tratando de rescatar las obras de arte y piezas arquitectónicas que habían desaparecido.

Los salones donde se perdió a Di Stéfano

Fue precisamente entre esos mismos salones, ya en los años 50, donde el Regina protagonizó uno de los episodios más dolorosos de la historia del F.C. Barcelona, aunque en aquel momento nadie supiera exactamente lo que estaba en juego. El mítico Alfredo Di Stéfano se alojó en el Regina mientras el Barça y el Real Madrid se disputaban su fichaje tras sus años jugando en Argentina y Colombia. Los salones del hotel fueron testigos del tira y afloja entre directivos, hasta que el argentino puso rumbo al Madrid. Desde la calle Bergara, Barcelona vio marcharse al mejor jugador de futbol de aquellos tiempos.

Las diferentes reformes han respetado partes históricas como algunos suelos de madera. © Pulitzer

Los Roig: la saga que lo heredó todo

En 1967 el hotel fue transferido al recién creado Grupo Pulitzer, de la familia Roig. El actual director general, Luis Roig, recuerda cuando de pequeño jugaba con su hermano Javier en las diferentes plantas del establecimiento, que ahora forman parte de un grupo hotelero con intereses en Barcelona y Paris.

En 2024, el Regina culminó su última reforma, obra del estudio WIT: habitaciones renovadas, patio interior convertido en cafetería, y la certificación B Corp del grupo como gesto contemporáneo de una casa que lleva más de un siglo leyendo los tiempos. El equilibrio entre lo antiguo y lo nuevo que Recasens nunca llegó a imaginar, aunque quizá luego habría reconocido como suyo.

Sobre la entrada, la marquesina de hierro forjado sigue brillando. Las iniciales FR y el año 1917 en vidrio emplomado, intactos. El Majestic apagó sus luces de centenario hace tiempo, y el Palace sigue mostrando su “Any 1919” a quien levante la vista. Sin embargo, es el Regina, el más discreto y el más veterano de los tres, el que todavía firma cada noche la puerta de la calle Bergara con las iniciales de un hombre que llegó a Barcelona con nueve pesetas en el bolsillo.