Hotel Mercer: la muralla y un premio Pritzker

 Una de las habitaciones de este edificio con mucha historia. © Mercer Hotel
Una de las habitaciones de este edificio con mucha historia. © Mercer Hotel

De los vestigios de la Barcino romana a la rehabilitación de Rafael Moneo, el Mercer conserva entre sus paredes casi dos mil años de historia de Barcelona

(Periodista, consultor jurídico-aeronáutico y escritor)
18 de septiembre de 2026 - 05:30

Los Lledó fueron una saga importante en la historia de Barcelona. La ciudad les recuerda con una calle en Ciutat Vella. La vía es peatonal y estrecha, de esas que fascinan a los viajeros que buscan rincones especiales en la capital de Catalunya. Algunos se detienen ante el portalón del número 7 para leer el cartel de piedra que recuerda el nacimiento de Francesc Moragas, fundador de La Caixa. De paso que quien deambula por allí lee ese cartel, descubre que el edificio es un hotel: el Mercer, protagonista del capítulo 26 de Hoteles con Historia, la serie que cada 15 días publicamos en The New Barcelona Post.

El Mercer abrió en 2012, aunque sus raíces se hunden en lo más profundo de la historia de la ciudad. Los Moragas vivían justo allí, en la calle de Lledó, junto a la plaza de Sant Just, cuando nació Francesc, el 13 de diciembre de 1868. Era hijo de un abogado y nieto de un notario, de una familia de la burguesía barcelonesa con las leyes en la sangre por los cuatro costados. Nada en aquella infancia hacía prever que aquel niño acabaría fundando, en 1904, la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros, la institución de la que un siglo después nacería CaixaBank. El cartel de la fachada recuerda esa cuna. El edificio, sin embargo, guardaba entonces (lo sigue guardando hoy, convertido en hotel) una historia mucho más antigua que la de los Moragas.

Barcino

Bajo los pies de quien hoy pide un cóctel, cena o duerme en el Mercer hay, literalmente, un trozo de Barcino. El hotel se levanta sobre un tramo de la muralla romana que protegió la ciudad desde el siglo I, y esa piedra antigua está ahí y se sigue viendo veinte siglos más tarde. Durante las obras de rehabilitación fueron apareciendo, capa a capa, los testigos de casi dos mil años de historia urbana: restos romanos, un par de arcos apuntados del siglo XIV que hoy presiden el atrio y que son prácticamente únicos en su especie en la ciudad, y hay techos de madera del siglo XVIII en algunas de las habitaciones.

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La Calle dels Lledó tiene un hotel de cinco estrellas gran lujo… y una tasca refinada: el Mercer y le Bouchon. © Mercer Hotel

Antes de ser hotel, el edificio fue palacete medieval, vivienda de una familia acomodada de la burguesía catalana, distinta de los Moragas, de esas que en el Gótico construían casa sobre casa y siglo sobre siglo, sin derribar nunca del todo lo anterior.

Rafael Moneo

Ese "no derribar nunca del todo lo anterior" podría ser el lema de toda la carrera del hombre a quien se encargó la operación de rehabilitación: José Rafael Moneo Vallés, nacido en Tudela, Navarra, en 1937. Moneo fue el primer arquitecto español que ha ganado el Pritzker, el galardón que la profesión considera su particular Nobel. Se lo dieron en 1996, sobre todo por la catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, en Los Ángeles, un proyecto de hormigón con el que compitió con nombres como Frank Gehry o Santiago Calatrava. Dieciséis años más tarde, en 2012 (por cierto, el mismo año en que el Mercer abría sus puertas), Moneo sumaría a sus reconocimientos el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, otro reconocimiento a una trayectoria que para entonces ya llevaba tres décadas construyendo una obra reconocible por una obsesión muy concreta: la de levantar edificios que dialoguen con la historia del lugar donde se asientan sin limitarse a copiarla.

La terrassa de l'Hotel Mercer.
La terraza del Mercer, un privilegiado rincón en el corazón del Gótico junto a los edificios de Vía Laietana. © Mercer Hotel

Se le nota en la ampliación de Bankinter en Madrid, de los años setenta, en la que combinó ladrillo antiguo y estructura moderna; se le nota en la gran sala de columnas y linternas de luz que añadió a la estación de Atocha; y se le nota, sobre todo, en la ampliación del Museo del Prado, que ganó por concurso y que resolvió incorporando el antiguo claustro de los Jerónimos al recorrido del museo.

Nota arquitectonica para curiosos: el primer Pritzker se entregó en 1979. Desde entonces, los únicos españoles que lo han ganado fueron Moneo y RCR Arquitectes, el estudio de Olot, Girona, que encabezan Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramon Vilalta.

El arquitecto, la ciudad y el Mercer

Con Barcelona, Moneo tiene una relación larga: ha sido profesor en la Universidad de Barcelona, firmó L'Illa Diagonal en los años noventa, L'Auditori en 1999 y, ya en 2014, la Torre Puig. El Mercer, sin embargo, es un encargo de otra naturaleza: no se trataba de construir de cero, sino de restaurar un patrimonio de gran valor arquitectónico, integrarlo en la arquitectura de un cinco estrellas contemporáneo y regalarle a la ciudad y a quien la visita, un edificio singular. Moneo no trabajó solo con criterio de arquitecto: la restauración contó con la colaboración de Patrimonio de la Generalitat de Catalunya y de la propia Universidad de Barcelona, cuyos estudios históricos y arqueológicos permitieron datar con precisión los distintos periodos por los que había pasado el edificio antes de que nadie soñara con convertirlo en hotel.

Superposición de elementos de la historia de la ciudad y detalles contemporáneos en el hall y patio del Mercer. © Mercer Hotel
Superposición de elementos de la historia de la ciudad y detalles contemporáneos en el hall y patio del Mercer. © Mercer Hotel

El resultado, declarado Monumento como lo atestigua un pequeño cartel en la entrada, tiene 28 habitaciones y suites repartidas en varias plantas. En cada una de ellas convive algún elemento histórico con el confort contemporáneo. La más espectacular es la Gran Suite, instalada en lo que fue la planta noble del palacio: 150 metros cuadrados divididos entre una suite de 95 y una junior suite contigua, donde todavía se ve la escala doméstica de la casa original.

Sin embargo, el rincón que mejor resume el espíritu del Mercer es más discreto: una pequeña biblioteca situada en el propio paso de ronda de los bastiones de la muralla romana, con frescos medievales en las paredes que salieron a la luz durante la restauración. Es difícil encontrar en Barcelona un lugar donde se pueda leer un libro apoyado, casi literalmente, en dos mil años de historia. El mobiliario de líneas sobrias que viste hoy el hotel convive, con los cuadros del pintor de Sabadell Agustí Puig. Es un contrapunto contemporáneo a tanta piedra antigua.

Totalmente integrado en el centro de Barcelona. Vista de la fachada posterior de la Escola Baixeras de Via Laietana desde el Rooftop del hotel
Totalmente integrado en el centro de Barcelona. Vista de la fachada posterior de la Escola Baixeras de Via Laietana desde el Rooftop del hotel. © Mercer Hotel

El Mercer fue, además, el primer hotel de cinco estrellas gran lujo de una cadena que había empezado su andadura en 2005 con una casa mucho más modesta: once habitaciones en un palacete del XVIII, en el Born. El fundador del grupo, Pedro Molina, ha resumido en más de una ocasión la filosofía que llevó a esta apuesta: no quería hoteles sin alma, incapaces de explicar su propia historia o de conectar con la ciudad que los acoge.

En el caso del Mercer barcelonés, esa alma no hubo que inventarla. Estaba ahí, bajo los arcos, bajo los frescos y junto a la propia muralla, esperando a que un arquitecto con Pritzker en su haber decidiera dejarla respirar de nuevo entre los muros de un hotel del siglo XXI pared con pared de la casa donde, décadas antes, nació el hombre que fundó La Caixa.

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Sobre el autor

Javier Ortega Figueiral
Javier Ortega Figueiral

Periodista, consultor jurídico-aeronáutico y escritor

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