El Palace Barcelona. Eternamente Ritz

El acceso principal al hotel Palace en primavera de 2026. El rojo predomina en el chaflán de Gran Via con Roger de Llúria. © Royal Blue Bird
El acceso principal al hotel Palace en primavera de 2026. El rojo predomina en el chaflán de Gran Via con Roger de Llúria. © Royal Blue Bird

Del Ritz de Cambó al Palace de hoy: un siglo de historia entre huelgas, la Guerra Civil, el franquismo, las grandes estrellas y una batalla judicial por el nombre que nunca consiguió borrar su identidad

(Periodista, consultor jurídico-aeronáutico y escritor)
04 de septiembre de 2026 - 05:30

Hoteles con Historia e Historias de Hoteles, la serie que cada 15 días publicamos en The New Barcelona Post, llega a su capítulo 25. Esta cifra tan redonda merece ser dedicada a uno especial: el que históricamente ha sido el gran hotel de la ciudad, el que tiene más "hilos rojos" de los que tirar y uno de los más antiguos que se mantiene en lo más alto, El Palace Barcelona, establecimiento que nació como Ritz y para muchos sigue llevando simbólicamente este nombre en su memoria.

Para poner en contexto la llegada de esta marca a nuestra ciudad hay que hablar de un prohombre del que ya hablamos recientemente en esta serie gracias al Grand Hotel Central: Francesc Cambó, fundador junto a Gonzalo Arnús de la sociedad Hotel Ritz Barcelona SA. Cambó, presidente de la Lliga Regionalista y asiduo del Ritz de Madrid en sus largas estancias como diputado en Cortes, se convenció de que Barcelona merecía tener el suyo propio.

Por mediación del director del establecimiento madrileño, que era catalán, se dirigió personalmente al hotelero César Ritz, el hombre que había inventado el concepto mismo de gran hotel de lujo moderno, un suizo considerado "el hotelero de los reyes y el rey de los hoteleros", para convencerle de levantar un establecimiento con su firma en la ciudad. Ritz accedió, aunque no llegaría a verlo terminado: murió en 1918, un año antes de la inauguración.

El proyecto se encargó al arquitecto Eduard Ferrès Puig, el mismo del Palau Maricel de Sitges o los almacenes Damians, luego El Siglo, de la calle Pelai. Se levantó en la entonces calle Cortes, hoy Gran Vía de les Corts Catalanes. La inauguración oficial estaba prevista para el 22 de octubre de 1919, aunque un sabotaje en las tuberías y una huelga del personal de cocina, sumados a la huelga general que sacudía la ciudad —pues Barcelona vivía el llamado Trienio Bolchevique-— con la resaca todavía muy viva de la histórica huelga de La Canadenca de ese mismo año, retrasaron la apertura hasta el 23 de noviembre, con 190 habitaciones y 400 empleados.

El gran hotel de la burguesía nació, literalmente, en medio de la tensión social que enfrentaba a esa misma clase social con el movimiento obrero. Diez años después, con el empuje de la Exposición Internacional de 1929, el hotel llegó a ampliarse con 60 habitaciones más.

El Grand Hall. Espacio emblemático e histórico del hotel. Ha idoi cambiando aunque sin cambiar durante estos más de 100 años (Royal Blue Bird)
El Grand Hall del Hotel Palace, espacio emblemático e histórico del hotel. Ha ido cambiando aunque sin cambiar durante estos más de 100 años. © Royal Blue Bird

Un primer giro de los acontecimientos

La tensión social de fondo acabaría estallando dentro del propio edificio. El 22 de julio de 1936, apenas iniciada la Guerra Civil, el hotel fue colectivizado por los sindicatos y pasó a ser sede de la FOSIG (Federación Obrera de Sindicatos de la Industria Gastronómica): un retrato de Lenin presidió el vestíbulo, el establecimiento cambió su nombre por el de Hotel Gastronómico Nº 1 y sus sótanos sirvieron de refugio antiaéreo durante los bombardeos sobre la ciudad.

Terminada la contienda, el hotel recuperó su nombre y su vocación internacional con uno de sus episodios más incómodos: en 1940 se alojó allí el jerarca nazi Heinrich Himmler, en su visita a una España franquista que acababa de arrancar su dictadura.

Fue precisamente en esa década de posguerra cuando la propiedad cambió de manos: el magnate textil Julio Muñoz Ramonet, uno de los grandes beneficiados del estraperlo y de sus relaciones con el nuevo régimen, se hizo con el hotel, junto a otras fincas nobles de la ciudad, como el Palau Robert y el domicilio del marqués de Alella en la calle Muntaner. El establecimiento pasó a ser escenario habitual de subastas, desfiles de moda, grandes fiestas y certámenes literarios como el Premio Nadal. Fue también en esos años cuando, en los antiguos almacenes de la planta baja, abrió la mítica Parrilla del Ritz (1942), la que probablemente era la sala de baile más exclusiva de Barcelona.

Un baquete celebrado en El Palace

Cualquier acto social internacional que tuviera lugar en Barcelona tenía muchos números para celebrarse en el hotel. © Arxiu Fotogràfic de Barcelona

Y es precisamente en esa época dorada de posguerra cuando conviene detenerse en los personajes que pasaron por sus salones, habitaciones o suites, aunque intentar listarlos a todos en un solo capítulo sea, sencillamente, misión imposible (quizá el 26º capítulo de Hoteles con Historia podría ser, directamente, una segunda parte dedicada solo a nombres propios). Hay algunos, eso sí, que no pueden esperar, como Xavier Cugat, el "rey de la rumba" de Girona que triunfó en el Hollywood dorado.

Cugat no se alojó en el Ritz, sino que vivió en él. Instalado de forma casi permanente allí hasta su muerte en 1990, rodeado de sus chihuahuas y con un Rolls-Royce dorado con matrícula de California aparcado casi siempre en la puerta, llegó a pagar parte de sus deudas con el hotel entregando dibujos y caricaturas firmados.

Su vecino en distintas épocas fue Salvador Dalí, que tampoco tenía piso en Barcelona: el Ritz era su casa en la ciudad, hasta el punto de que en una ocasión subió un caballo disecado por la escalera como regalo para Gala. Es fácil imaginar, por tanto, que cuando Walt Disney viajó a Catalunya para entrevistarse con Dalí antes de desplazarse a Cadaqués, el encuentro previo bien pudo producirse en el propio hotel, en el único domicilio barcelonés que tenía el pintor de Figueres.

Walt Disney visitó a Dalí en Cadaqués para negociar una colaboración en sus películas. Antes pasó por el hotel. (AFB)
Walt Disney visitó a Dalí en Cadaqués para negociar una colaboración en sus películas. Antes pasó por el hotel. © Arxiu Fotogràfic de Barcelona

En la Parrilla del Ritz actuó Josephine Baker, y por sus salones y su afamado bar pasaron nombres como María Callas, Ella Fitzgerald, Duke Ellington, Cary Grant o Frank Sinatra, que ostenta probablemente el récord de estancia más corta: una avería en su avión le obligó a hacer noche de emergencia, y sin habitaciones libres, el hotel le habilitó una suite con camas supletorias donde su séquito remató la espera con una paella, minutos antes de que avisaran de que el avión ya estaba reparado.

En marzo de 1987, un salón del hotel, con un piano dispuesto para la ocasión, fue el escenario del primer encuentro entre Freddie Mercury y Montserrat Caballé. La reunión fue clave para Barcelona, la canción que compusieron y cantaron juntos. Entre las anécdotas menos documentadas, pero igual de deliciosas, está la de un joven Roger Moore sirviendo bebidas a sus compañeros de mesa durante unos Premios Ondas de los años 60, todavía años antes de convertirse en el tercer James Bond en la pantalla. Más adelante llegarían habituales como Woody Allen, huésped asiduo, entre muchos otros rostros conocidos de todos los ámbitos de la sociedad. 

 Roger Moore fue la estrella invitada de los Premios Ondas de 1967 que se celebraron en el hotel. En la foto, con el resto de galardonados aquel año y durante la cena
Roger Moore fue la estrella invitada de los Premios Ondas de 1967 que se celebraron en el hotel. © Arxiu Fotogràfic de Barcelona

Antes, en 1975, llegaría un nuevo giro de propiedad, uno bastante menos glamuroso. El deterioro económico de la familia Muñoz Ramonet terminó con el embargo del hotel, que pasó a manos de Joan Gaspart a través de la Inmobiliaria Sarasate, quedando integrado en la cadena Husa, que en 1985 asumiría ya el control absoluto de su gestión. Fueron años en los que el antiguo gran hotel de la ciudad quedó diluido entre las decenas de establecimientos del grupo, perdiendo parte de la exclusividad y el carácter propio que lo habían definido en sus primeras décadas: un activo más dentro de una cadena, no ya la joya independiente que había sido.

Adiós al nombre

Fue justo la propiedad del nombre lo que desató el conflicto definitivo: los herederos de Muñoz Ramonet, que se habían reservado la titularidad de la marca "Ritz", entraron en litigio con Husa en 1988. La batalla judicial se prolongó durante años, con una primera resolución en 1996 que ya prohibía a Husa usar el nombre, hasta que en 2005 quedó zanjada de forma definitiva: el hotel debía renunciar para siempre a llamarse Ritz.

"Obligado por un juzgado y no por elección propia, nacía El Palace Barcelona, un nombre elegido precisamente por evocar el lujo y la tradición sin poder pronunciar la palabra que todo el mundo tenía en la cabeza"

De la noche a la mañana, placas, papelería, vajilla... cualquier rastro físico de la palabra tuvo que desaparecer del edificio. Nacía así, obligado por un juzgado y no por elección propia, El Palace Barcelona, un nombre elegido precisamente por evocar el lujo y la tradición sin poder pronunciar la palabra que todo el mundo tenía en la cabeza. Sin embargo, los buenos observadores podrán distinguir algunas sombras de su pasado tanto en la fachada como en una placa de la entrada, solo hay que fijarse bien.

Tras la reforma de 2016-17 camino al centenario, se crearon crearon las Art Suites, dedicadas al propio César Ritz y a cinco figuras de la cultura. El hotel remontó el vuelo y recuperó su sitio entre los grandes de la ciudad. Hoy conviven en él ese pasado de Cugat y Dalí con detalles bien actuales, incluido un club de música en directo de próxima reapertura, heredero de aquella Parrilla del Ritz donde tocaba, cantaba y bailaba Josephine Baker.

Josephine Baker pasó muchas noches en el hotel y también actuó en el. Su nombre es el de una de las Arts Suites del establecimiento. © Royal Blue Bird
Josephine Baker pasó muchas noches en el hotel y también actuó en el. Su nombre es el de una de las Arts Suites del establecimiento. © Royal Blue Bird

El hotel vivió además un episodio inesperado durante la pandemia: con el turismo internacional detenido y el hotel vacío de huéspedes, muchos barceloneses descubrieron entonces su terraza, hoy uno de los grandes iconos del hotel, convertida, por primera vez, en un espacio abierto a la propia ciudad. Una rareza más para un establecimiento que, en su categoría, ha sido de los pocos grandes hoteles de Barcelona capaz de resistir el interés constante de las grandes marcas internacionales de lujo por ponerle su nombre y su gestión, porque el hotel funciona a todo ritmo. 

Los tribunales le arrebataron el nombre, aunque no el alma: cien años después, sigue siendo, para media Barcelona, el Ritz de siempre.

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Sobre el autor

Javier Ortega Figueiral
Javier Ortega Figueiral

Periodista, consultor jurídico-aeronáutico y escritor

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