Innovar sin olvidar los orígenes. Pocos conceptos definen tan bien la cocina catalana, donde las esferificaciones y la cocina molecular conviven con caldos y sabores tradicionales. Ese mismo equilibrio entre memoria y futuro es la filosofía que también ha guiado al grupo Hofmann desde su fundación en Barcelona en 1983, impulsado por Mey Hofmann. Integrado hoy por dos pastelerías, una escuela formativa en gastronomía y pastelería y un restaurante de alta cocina con estrella Michelin, el proyecto alcanza una nueva dimensión con la inauguración de un nuevo obrador y centro de I+D en Badalona. Con 1.200 metros cuadrados, el espacio permitirá duplicar la capacidad productiva del obrador, pero representa, sobre todo, un paso firme hacia la expansión nacional e internacional del grupo, que mira al futuro sin renunciar, eso sí, a su ADN.
El nuevo centro de Badalona nace de una necesidad operativa, pero también de una ambición estratégica global. Hasta ahora, la producción y el desarrollo de producto estaban repartidos en tres espacios diferentes en el Born, el barrio que ha sido el epicentro del proyecto durante décadas. Esa dispersión obligaba a una logística interna compleja: elaboraciones que comenzaban en un local y se terminaban en otro, equipos separados y una capacidad muy limitada de frío y congelación.
Este nuevo obrador situado en Badalona, que ha supuesto una inversión de más de 700.000 euros y que desde mediados de enero ya funciona a pleno rendimiento, representa, así, “un salto cualitativo para el equipo y la producción”, asegura Óscar Pérez, jefe de operaciones de Hofmann. “En este espacio podremos centralizar toda la producción, trabajar juntos y optimizar cada fase”, añade.
La nueva infraestructura incorpora una gran zona frigorífica y espacios diferenciados para bollería y pastelería. Allí trabajan una treintena de profesionales de lunes a domingo, en turnos que comienzan a las cinco de la mañana y se alargan hasta las seis de la tarde. Desde este punto se envían diariamente las elaboraciones a las dos tiendas de Barcelona —la del Born (Flassaders, 44), inaugurada en 2008, y la del Turó Park (Avenida Pau Casals, 5), abierta hace poco más de dos años, que recientemente ha sumado un salón de té—, así como a los servicios de catering y proyectos especiales. El grupo calcula, de hecho, que esta centralización de la producción permitirá duplicar la capacidad productiva ---se prevé que en 2026 la producción pueda crecer hasta un 40%—.
Pero más allá de las cifras, el nuevo centro refuerza uno de los pilares esenciales de la casa: la innovación constante. “I+D significa lanzar nuevos productos, como los dos turrones o el panettone que estrenamos esta Navidad, pero también mejorar continuamente aquellos que ya funcionan”, subraya Pérez. A veces, el cambio no es visible para el cliente: puede ser una modificación en el proceso de pintado, en la manera de enrollar un croissant o en la formulación de una de las cremas que rellenan sus emblemáticos croissants.
Proceso artesanal con técnicas de vanguardia
De este obrador salen algunas de las elaboraciones más icónicas de la casa. El croissant de mascarpone, relleno con una mousse suave y coronado con un ligero glaseado de café, es el producto estrella: cada semana se producen unas 3.000 unidades, que representan cerca del 30% de la facturación global de la pastelería. En el ámbito de los postres individuales, el pastel en forma de pistacho es el rey indiscutible, con hasta 1.800 unidades mensuales. “Son pequeñas joyas”, describe Pérez, destacando el trabajo de estudio, originalidad e incluso de packaging que hay detrás de cada lanzamiento.
A pesar de la tecnología con la que está equipado el nuevo obrador, su esencia sigue siendo artesanal. Solo hay un ingrediente que no elaboran directamente: la gianduja de chocolate. El resto —cremas, rellenos o pralinés— se producen íntegramente en el obrador. Una apuesta que implica cuidar cada detalle al milímetro y procesos que pueden alargarse hasta tres días para una sola elaboración, pero que forman parte imprescindible del ADN de Hofmann.
Más allá de sus pastelerías, Hofmann también desarrolla proyectos de consultoría y catering para otras compañías, creando recetas exclusivas y conceptos a medida. Este trabajo también forma parte del departamento de innovación, liderado por un comité que ahora opera también desde el nuevo centro de Badalona.
El traslado permite, además, reforzar el pilar fundacional del grupo. Los tres espacios del Born que hasta ahora concentraban producción e innovación se destinarán íntegramente a ampliar la escuela de pastelería, origen del proyecto fundado por Mey Hofmann hace más de cuarenta años. “En una época en la que los fogones estaban dominados mayoritariamente por hombres, mi madre apostó por liderar una escuela con una idea muy clara: formar profesionales con rigor técnico y sensibilidad”, recuerda Silvia Hofmann, al frente del grupo desde 2016.
La escuela nació con esta voluntad de equilibrar tradición y vanguardia, combinando el patrimonio culinario local con técnicas innovadoras. Desde entonces, más de 200.000 alumnos han pasado por sus aulas. Bajo el liderazgo de Mey, el proyecto creció rápidamente: con el restaurante —inaugurado en 1992 como espacio de prácticas y que desde 2004 cuenta con una estrella Michelin— y las dos pastelerías en la capital catalana, que se han consolidado como referentes en Barcelona, acumulando reconocimientos como el mejor croissant artesano de mantequilla del país (2010) o la mejor pastelería de Catalunya (2022). Hoy, Hofmann integra a más de 150 profesionales.
Innovar sin perder el origen es, en el caso de Silvia, también una forma de entender el legado empresarial: no romper con el pasado, con el recorrido que emprendió su madre, sino hacerlo evolucionar y crecer. "No puedo copiar el patrón de mi madre. Debo aportar mi propia identidad, pero manteniendo sus valores y el ADN", subraya la presidenta del grupo.
Expansión internacional con mirada local
Para Silvia Hofmann, el nuevo centro de Badalona es “el primer paso de un ambicioso plan de crecimiento y expansión internacional”. La primera apertura prevista será en Dubái en los próximos meses, en un mercado estratégico que valora el producto artesanal premium. Será la primera tienda internacional del grupo, aunque Hofmann confía en que no será la última.
Un proceso de expansión, sin embargo, que “se piensa y se diseña desde casa”, como ha reivindicado su presidenta. “Hofmann es pura Barcelona y queremos exportar esa marca por todo el mundo”. Lo harán desde este nuevo núcleo creativo, situado en la zona limítrofe entre Badalona y Sant Adrià de Besòs, no muy lejos del Born, el barrio que los vio crecer y que aún hoy concentra su actividad formativa y comercial.
Paralelamente al crecimiento del grupo, la zona donde se ha instalado el nuevo centro también experimenta su propia transformación. Muy cerca del futuro hub audiovisual de las Tres Chimeneas y de las nuevas oficinas del grupo Inditex —que concentrarán los servicios centrales de Massimo Dutti, Bershka, Oysho y Lefties—, Badalona se prepara para consolidarse como “un polo de innovación y servicios”, tal como ha destacado el alcalde Xavier García Albiol, animando a Hofmann a inaugurar también una pastelería en la ciudad.
Desde este nuevo epicentro productivo, Hofmann seguirá perfeccionando croissants, ideando nuevas recetas e impulsando su crecimiento, pero siempre reivindicando y respetando el ADN que, desde 1983, ha marcado al grupo: innovar sin perder el origen.
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