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El arte como forma de vida

Miquel Alzueta (Barcelona, 1956) es un referente en el mundo del arte contemporáneo. Sus galerías, en la calle Séneca de Barcelona y en Palau de Casavells, Empordà, donde hicimos la entrevista, son símbolo de modernidad, buen gusto y sofisticación. De hecho, es habitual que aparezcan en anuncios y revistas. Su apuesta por ampliar el concepto de galería también hacia el interiorismo, con piezas de autor, como mobiliario de campo del siglo XVIII y obra de diseño y arquitectura de los años 50, ha sido un éxito y actualmente está preparando un nuevo espacio en Londres.

¿Cómo llegaste al mundo del arte?
Yo creo que todo el que llega al mundo del arte primero es coleccionista; comienza a apasionarse por la pintura, la escultura o lo que le guste y poco a poco va conociendo el medio, el sistema de funcionamiento de las galerías. Yo era coleccionista y me di cuenta de que había algunas carencias en el sector. Primero intenté ayudar a algunos artistas jóvenes que me parecían interesantes. Hice un poco de mecenazgo al principio. Y después eso fue derivando en una galería, luego en una galería más grande y ahora es mi proyecto vital y profesional.

¿Cómo ha evolucionado el galerismo?
El mundo de las galerías en la era digital es completamente diferente al que habíamos conocido antes de la era digital. En estos momentos la información corre mucho y la gente puede ver todo lo que pasa en el mundo a través de internet. Lo que hacía falta era un modelo de galería mucho más integral. Poderle ofrecer al cliente algo más que piezas de arte: un concepto, un estilo, una forma de vida. Algo que va más allá del arte plástico, por eso hemos incorporado arquitectura, diseño, mobiliario. Lo que vendemos es una idea más amplia del concepto de arte. En eso creo que somos una galería un poco atípica. Aunque hoy es una tendencia que se impone. Hay muchas galerías que están entrando en esto porque entienden que ya no existe la sorpresa de lo que presentas en una exposición, porque ya se ha visto previamente a través de las redes. Y lo que proponen es un concepto más integral y global.

¿Cómo has conseguido adquirir visibilidad en el mercado internacional?
A medida que la galería ha ido creciendo y hemos podido ir haciendo proyectos cada vez más grandes, incorporando artistas y piezas más importantes, la galería ha ido teniendo reconocimiento internacional, que era algo que nos importaba mucho. Hoy la galería tiene el 60% de su mercado fuera de España. Esto es un elemento muy importante para nosotros. Es un modelo de galería que se observa con atención.

¿Cómo está ahora mismo el mundo del galerismo? ¿En qué momento se encuentra?
Si hablamos del galerismo en España es una cosa y si hablamos del galerismo fuera es otra. En España, el mercado del arte es pequeño. Hay pocos coleccionistas, pocos entendidos y poca crítica. Es difícil crear un estatus de artistas importantes. Eso hace que haya cierto desconcierto. El galerista español tiene que entender que su mercado es el mundo. Y solo puedes sobrevivir si haces una oferta amplia y claramente internacional. Nosotros hacemos unas quince ferias al año. Estamos presentes en Paris, Londres, Nueva York, Estocolmo, Miami… Y eso hace que la base de clientes y gente que conoce la galería sea cada vez más amplia. Si no te internacionalizas resulta muy difícil sobrevivir con el mercado interno. ¡Muy difícil!

¿Por qué? ¿Ya no hay coleccionistas? ¿Se compra poco arte?
Después de la crisis todo cambió. Del 2000 al 2008 había un coleccionista fuerte, potente, que invirtió mucho en arte, y después de la crisis esto desapareció. Ahora hay un nuevo cliente, que tiene entre 35 y 45 años, con una capacidad adquisitiva menor que la de antes pero quizás con una curiosidad superior, que apuesta por artistas nuevos y emergentes. El mercado cambia y se ha democratizado mucho. Hoy en día todo el mundo es un potencial comprador de arte.

¿Cómo es tu relación con el artista? ¿Cuál es tu función?
Intento hacer de abogado del diablo, decir lo que a mí me parece que está mal. No tanto aplaudir el acierto, que es mérito del artista, pero sí aviso cuando creo que hay algo que desenfoca su trabajo o que se pierde en su propio discurso. Aunque a veces al artista no le gusta y ocasiona más conflictos que otra cosa. Pero creo que la función del galerista es avanzarte cuando ves que hay algo que no funciona. Después, el artista no hace ningún caso, y si considera que ese es el camino, le apoyo y le defiendo. Soy un galerista que se mete en la cocina del artista.

Te refieres a menudo al concepto de “simplicidad”, ¿Por qué te interesa tanto la simplicidad?
Es una de las líneas de la galería. Simplicidad en todos los aspectos. Me gusta la simplicidad en la producción de las piezas de los artistas y en la presentación. Me gusta que el vínculo entre el artista y nosotros, y nosotros y el cliente, sea sencillo y simple. Creo que no se han de poner impedimentos ni barreras. Se trata de facilitar y hacer posible que la persona que observa y le genera un deseo lo pueda conseguir. El concepto de simplicidad me gusta mucho, no solo en el arte sino también en la vida. La simplicidad es algo básico para que las cosas fluyan y funcionen.