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Minoryx, investigación para las enfermedades huérfanas

El impulso que llevó a Marc Martinell y dos socios más a crear Minoryx Therapeutics en 2011: ofrecer cuidados para enfermedades minoritarias, aquellas con una baja incidencia y que afectan en conjunto a menos del 3% de la población mundial. La búsqueda de Minoryx Therapeutics está centrada en el desarrollo de su fármaco MIN-102. Esta molécula se encuentra ahora en fase II y III para el tratamiento de la adrenoleucodistrofia (AMN). Si el estudio resulta positivo, la compañía espera poder tramitar la autorización para la licencia comercial entre finales de 2020 y principios del 2021, tanto en Estados Unidos como en Europa.

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caba de cerrar una ronda de financiación de 21,3 millones de euros, la mayor del sector biotecnológico español en lo que va de año. Es un éxito más que significativo para una joven compañía, pero el CEO y socio fundador de Minoryx Therapeutics, Marc Martinell, sabe que el éxito final vendrá cuando la firma consiga cerrar el difícil camino para desarrollar un fármaco eficiente para combatir la AMN, una enfermedad rara neurodegenerativa que afecta a la función motriz a partir de los 20 años. Este es el impulso que llevó a Martinell y dos socios más a crear Minoryx Therapeutics en 2011: ofrecer cuidados para enfermedades minoritarias, aquellas con baja incidencia y que afectan en conjunto a menos del 3% de la población mundial. Son dolencias que suelen quedar huérfanas de la investigación convencional, la que hacen las grandes compañías farmacéuticas, y este es el gap que quiere cubrir el equipo de Martinell: “A raíz de una experiencia personal sentí la necesidad de hacer algo en un campo donde otros no entran, trabajar para dar una oportunidad para mejorar la vida de estos pacientes”, explica.

“Cuando se investiga sobre dolencias minoritarias la fase de estudio clínico es mucho más solitaria, hay mucho más desconocimiento, y por tanto también muchos más riesgos”. Por el contrario, la ventaja, explica el CEO de Minoryx Therapeutics, es que el coste de desarrollar nuevos fármacos suele ser más bajo

La búsqueda de Minoryx Therapeutics está centrada en el desarrollo de su fármaco MIN-102. Esta molécula se encuentra ahora en fase II y III para el tratamiento de la adrenoleucodistrofia (AMN). Si el estudio resulta positivo, la compañía espera poder tramitar la autorización para la licencia comercial entre finales de 2020 y principios del 2021, tanto en Estados Unidos como en Europa, lo que supondría el paso último y definitivo para ofrecer una opción de tratamiento, ahora inexistente, para los enfermos que sufren esta enfermedad degenerativa. Con la entrada del nuevo capital la biotecnológica consigue además el cojín financiero necesario para estudiar la posible aplicación de esta molécula en otras dos enfermedades asociadas al sistema nervioso central. Todo un reto, al igual que lo es haber captado desde su fundación más de 40 millones de euros de financiación para un campo tan apasionante como de alto riesgo para los inversores: “Evidentemente los inversores buscan retorno para su dinero y aquí estamos hablando de fármacos que irán destinados a un mercado pequeño, y por lo tanto este aspecto es más complicado”, reconoce Martinell. A esto se suma que, a diferencia de lo que ocurre con enfermedades más comunes -para las que hay muchas empresas haciendo investigación al mismo tiempo- cuando se investiga sobre dolencias minoritarias la fase de estudio clínico es mucho más solitaria, hay mucho más desconocimiento, y por tanto también muchos más riesgos”. Por el contrario, la ventaja, explica el CEO de Minoryx Therapeutics, es que el coste de desarrollar nuevos fármacos suele ser más bajo.

Marc Martinell, CEO y socio fundador de Minoryx

En esta última ronda de financiación la biotecnológica con sede en el Tecnocampus de Mataró ha dado entrada a nuevos socios, todos internacionales y en este caso todos belgas. La inversión ha sido liderada por Fund+, un fondo especializado en el sector biomédico, y ha contado también con la participación del fondo de inversión en innovación del gobierno de Valonia (SRIW), Société Fédérale de Participations et d’Investissement (un fondo dependiente del gobierno belga), y el fondo privado Sambrinvest. No es la primera vez que la compañía capta capital extranjero. Martinell explica que tener la sede en Cataluña antes podía resultar una carta de presentación menos atractiva para los fondos de capital de riesgo, y si bien aquí “todavía hay poca masa crítica de proyectos”, asegura que “en los últimos años esto ha ido cambiando, porque el auge del sector ha hecho que las iniciativas de aquí sean más conocidas y el capital extranjero confíe más”. El cofundador de Minoryx Therapeutics señala además, que el hecho de que aquí el coste de la vida sea relativamente más bajo que en otros países europeos con destacados hubs biotecnológicos, añade un plus de atractivo para los inversores “porque rebaja el coste de todo el proceso de investigación”.

La nueva inyección de dinero abre nuevas puertas para la búsqueda de posibles aplicaciones terapéuticas y dibuja una nueva ruta de cara al futuro. Dentro diez años Martinell imagina la compañía con resultados ya firmes sobre la mesa y “habiendo mejorado la vida a los pacientes que sufren esta enfermedad”. En el camino para llegar a ello reconoce que uno de los retos más difíciles es mantener el optimismo sin generar falsas expectativas a los pacientes: “Cuando eres el único o uno de los únicos que investiga en una enfermedad es inevitable que el foco esté siempre sobre ti, y hay que medir muy bien lo que se dice para no frustrar ni generar falsas esperanzas”. Es, admite Martinell, una responsabilidad muy alta. Pero, al mismo tiempo, la recompensa también lo es, y cada vez que este emprendedor habla de las posibles aplicaciones de su investigación no puede evitar que el tono de voz le cambie. De momento ya ha conseguido recorrer la mitad del camino.