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IBA, veinte años de improvisación

Resumir la actividad del colectivo Improvisadores de Barcelona (IBA) en estos veinte años es imposible. Cualquier intento, sin embargo, pasará por nombrar encuentros, ciclos y festivales como el Mínimo (03-09), el Minúsculo (04, 06 y 07), el comisariado de la Semana de Música Experimental en Metrònom (05), el Com a Mínim (10-12), IBA Recolza (10-14), el encuentro de músicos improvisadores Bestiario (12), o el Homenaje a Joan Saura de 2013
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n Nápoles hay un polaco que se llama Michal Libera que se ha sacado del sombrero Lethe, una “ópera buffa acusmática” formada por ruidos recogidos en la ciudad italiana, incrustados con la música del compositor Luciano Cilio. Pierre Berthet, un belga que vive en Lieja, hace música jugando con el sonido de las gotas de agua cuando caen en diferente recipientes; también con los disfraces que obtiene gracias a unos expiradores (aspiradores invertidos) y las mangueras que conecta, elementos que van moviéndose y percutiendo varios tubos, lo que de aporta un cierto componente visual al invento. Y Lee Patterson, que es inglés, calienta pequeños botes de plástico que deja enfriar sobre una placa metálica con una serie de micros de contacto, que amplifican y ponen de relieve los encantos del ruido que acompaña este cambio de temperatura.

Libera, Berthet o Patterson han presentado sus propuestas en los últimos años en Barcelona, ​​en el marco de las actividades del colectivo Improvisadores de Barcelona (IBA), que en 2018 ha celebrado veinte años de existencia. Los padres fundadores de la entidad fueron los músicos Agustín Fernández, Joan Saura -desgraciadamente traspasado en 2012- y Liba Villavecchia, al que muy poco después se uniría el bailarín Andrés Corchero. Los Lunes de Música y Danza Improvisadas en el Jazz Sí del Taller de Músics (98-2001), y la existencia de la Orquesta IBA formada por veinte elementos (99-2001), marcan los primeros años de actividad del colectivo.

Con el nuevo siglo, los promotores ceden el testigo a Alfredo Costa Monteiro, Ferran Fages y Ruth Barberán, que finalmente quedará como responsable única de la organización de las actividades, tarea en la que cuenta con colaboraciones y complicidades diversas. Barberán, que entró en el grupo en 1999, explica que “la idea original era encontrar un espacio donde los artistas interesados ​​en la improvisación nos pudiéramos juntar para tocar, e invitar músicos tipo Evan Parker o Peter Kowald no sólo para hacer conciertos, sino para tocar con ellos y, si había tiempo, hacer talleres, charlas…”. En el momento de la fundación, indica, “el concepto de improvisación se asociaba sobre todo al jazz. Pero los que vinimos después apostamos más por la improvisación no idiomática, que no tiene una formas rítmicas concretas, no parte de la base de idiomas como podrían ser el jazz, el flamenco, el rock, la música cubana… Ponemos el foco en otros aspectos más allá de los arquetípicos de ritmo, melodía y armonía. Trabajamos con el sonido mismo, las texturas, los volúmenes… son elementos intrínsecos de todas las músicas, que normalmente no se trabajan tanto”.

Resumir la actividad de IBA en estos veinte años es imposible. Cualquier intento, sin embargo, pasará por nombrar encuentros, ciclos y festivales como el Mínim (03-09), el Minúscul (04, 06 y 07), el comisariado de la Semana de Música Experimental en Metrònom (05), el Com a Mínim (10-12), IBA Recolza (10-14), el encuentro de músicos improvisadores Bestiario (12), o el Homenaje a Joan Saura de 2013.

Entre los conciertos realizados, llama la atención el que tuvo el lugar coincidiendo con el décimo aniversario del colectivo, cuando todos los músicos activadores y colaboradores de IBA en ese momento hicieron equipo en la interpretación de la pieza de La Monte Young Poem for chairs, tables, benches, etc. (1960). Conviene destacar que si la danza tuvo una presencia significativa en los primeros tiempos, en los años posteriores también ha habido propuestas de cine, manipulación de imágenes por ordenador, luminotécnica… e incluso unos “masajes sonoros” individualizados a cargo del francés Pascal Battus.

En este momento -y abonando una tendencia que no es nada, nada, inusual en otros panoramas musicales- los conciertos promovidos por IBA tienen lugar en espacios y casas particulares. Convocatorias nada secretas -el colectivo las anuncia en su blog y por otros medios-, pero con un punto de discreción interesante: “Hablamos de lugares pequeños, adecuados para estas propuestas, que gustan mucho a los músicos -valora Ruth Barberán-. De hecho, cuando están de gira por el sur de Francia, por España o por Portugal, muchos de ellos nos piden si los podemos invitar. Valoran mucho sobre todo el tipo de público, que es atento y respetuoso, gente realmente interesada en este tipo de música, y que una vez acabada la actuación tiene ocasión de hablar con el artista y preguntarle por los diferentes aspectos de su trabajo. Hay un contacto que no se da en los conciertos convencionales, donde el músico actúa en un escenario y se va”. “Los festivales -agrega para remarcar la idoneidad de estos espacios particulares- lucen mucho, pero lo que nos interesa es la continuidad, hacer actividad todo el año y dar la oportunidad de poder tocar aquí a los músicos. Nosotros mismos hemos ido mucho a tocar por Europa porque hay músicos que también organizan cosas en casas particulares u otros lugares como tiendas de discos, librerías, bibliotecas…”.

Desde el primer día, toda esta actividad se realiza al margen de las subvenciones, un aspecto que fue decisivo para que Ruth Barberán entrara en el colectivo: “Cuando me dijeron que la idea era trabajar así, me apunté enseguida. Las subvenciones son un condicionante que te liga y que no te permite hacer exactamente lo que quieres hacer, o que te obliga a hacer algunas cosas porque ya tienes el dinero…”. Sin lucro ni intención de lucro en el horizonte, ¿cuál es, pues, el retorno que recibe el organizador? Barberán lo tiene claro: “El retorno es que esta escena pueda existir. Que los músicos puedan presentar lo que hacen, que el público lo pueda ver, y que todo ello sea libre”.