Conexión la Bisbal (d’Empordà)

Irrumpe la tarde en la Bisbal d’Empordà. Estamos en la terraza del Escut, una cafetería situada en los soportales de la ciudad, con Jaume Pla (Mazoni) y Carles Sanjosé (Sanjosex). Ambos son de la Bisbal, del 77, y músicos que publican su obra en el sello Brankrobber, que para acabar de cerrar el círculo, también fue fundado por bisbalenses. «Este bar era el Long John en la época de nuestros padres, pero cuando éramos pequeños se llamaba El Principal. Ahora la parte trasera es un almacén, pero en aquella época había una sala grande para conciertos. Nosotros habíamos tocado allí». La anécdota se traslada a sus días de adolescencia, cuando formaron parte de Enderrock, una banda que había fundado Jaume Pla en 1991 con amigos del colegio, y a la que se unió Carles Sanjosé un tiempo más tarde.

«Los Enderrock (la revista homónima aún no existía) comenzamos haciendo versiones en inglés», dice Pla, «y poco a poco fuimos incorporando temas míos en catalán». Entre las versiones, nunca faltaba el «Sultans of Swing» de los Dire Straits. Sanjosé tocaba su Stratocaster con los dedos, no tanto para emular a Mark Knopfler, sino porque era el único del grupo que había estudiado guitarra clásica y solfeo y no dominaba la púa. El grupo llegó a grabar una maqueta con temas propios e hizo de telonero de Els Pets en el contexto de la gira de presentación del disco Fruit Sex (1992). «Hacíamos temas muy pop», señala Jaume Pla. «Nos molaba mucho afinar, cuidar las melodías, pero no teníamos efectos, tocábamos a pelo. Y éramos muy organizados». «Es que somos una generación de chicos muy estudiosos, ordenados y formales», apunta Carles Sanjosé. «Supongo que en aquella época la gente tenía una cierta esperanza, en el sentido de que, si eras bueno, las cosas te irían bien. La generación que vino después ya era más gamberra, ¡ja, ja, ja!».

El grupo Enderrock duró hasta 1994. Ensayaba en el garaje que había en la casa del batería Toni Molina (Adrià Puntí, The Guixut’s…), un local que actuó y sigue actuando como núcleo irradiador de la movida musical bisbalense. «Pasaron todos los de nuestra generación, como Miquel Abras», recuerda Pla. Siempre había amigos (y amigas), otros músicos, y hasta se llegó a fundar un grupo de versiones integrado por diferentes elementos de bandas locales, entre ellos Carles Sanjosé: «Nos llamábamos The Wonderful Baby Dolls, y hacíamos versiones de The Cure, U2, Police, The Clash… Era algo para pasárnoslo bien. ¡Gracias a este grupo follé por primera vez!», confiesa.

Es un buen momento para constatar que, pese a ser una ciudad pequeña (de poco más de 10.700 almas en la actualidad), la Bisbal tiene un panorama musical bastante robusto. Antes de nuestros amigos, destacaron grupos como el Club Moriarty, Komando Moriles o Pixamandúrries, y posteriormente, cabe anotar nombres como Sanjays, The Gramophone Allstars, Pau Blanc o Medusa Box. ¿Cómo se explica este fenómeno? Sanjosé cree que para resolver la cuestión se deben considerar dos razones: «La primera es que la Bisbal es un lugar aburrido. Estamos en el Empordà, pero en el interior. No tenemos tanto movimiento ni tanta potencia económica como Palamós o cualquier otro pueblo de la costa, y cuando éramos jóvenes no había muchas cosas que hacer. El segundo factor», prosigue, «son las escuelas de música. Aquí hay mucha tradición sardanística y, por lo tanto, escuelas de sardanas y de clásico: hay una tradición de enseñanza musical formal, pública y privada».

Jaume Pla está de acuerdo: «Lo del aburrimiento de lo que hablaba Carles», comenta, «en el fondo nos animaba. Nos lo teníamos que montar por nuestra cuenta, y eso te motivaba a encerrarte en el local con los amigos a hacer temas, y a que enseguida tuvieras la oportunidad de tocarlos en público para el disfrute de la gente del pueblo. Era un buen plan de vida». Quizás por eso, agrega, «desde que tengo memoria el hilo no se ha roto, ni antes ni después de nuestra generación. Nunca han pasado más de cuatro o cinco años sin que saliera un grupo nuevo e interesante». Por otro lado, y sin abandonar la coordenada local, el Empordà también ha dejado huella en la lírica de ambos artistas. La ascendencia es muy evidente en el cancionero de Sanjosex con temas como «Baix Ter-Montgrí» o «Plana». Según dice el autor: «Yo siempre he tenido esta actitud. Creo que es muy importante que la gente se conecte con el entorno. Si no, no somos realmente humanos». De una manera menos concreta, la obra de Mazoni también contempla estas referencias: «La naturaleza está bastante presente en estas letras», explica Pla. «Tenemos «El riu», «Cap al mar», y tres o cuatro canciones más que transcurren en bosques. Y claro, cuando hablo del bosque me imagino el bosque de aquí».

Avanza la tarde y la conversación se traslada al garaje de Toni Molina. Entre los amigos que siempre pasaban por allí, había dos chicos de su quinta que, sin ser músicos, tendrían una importancia fundamental en la carrera de Jaume Pla y Carles Sanjosé. Eran Marçal Lladó y Xavier Riembau, que ya con el nuevo siglo se convertirían en emprendedores, lo que propició el nacimiento del sello Bankrobber. «De hecho», recuerda Pla, «Bankrobber nace porque yo tenía un grupo, Holland Park, que quería grabar un disco, pero no había manera, y Marçal y Xavier dijeron que se lanzarían a la piscina y lo editarían ellos». Hoy en día, Bankrobber y sus artistas son reconocidos como los responsables de un reavivamiento de la música catalana que nunca se celebrará lo suficiente, pero los primeros años de la marca no fueron precisamente fáciles. Jaume Pla, que lo vivió muy de cerca, plantea que sus amigos «iban publicando buenos discos, pero tuvieron que picar mucha piedra». El sello dio su gran salto con Viva! de Sanjosex y Somnis de llop de Guillamino, ambos del 2005, y con Esgarrapada (2006), el primer disco en catalán de Mazoni.

El episodio dibuja un punto de inflexión, no solo para Bankrobber, sino también para nuestros protagonistas, que publicaron estos discos en circunstancias particulares. Carles Sanjosex, que venía de acabar la carrera de Arquitectura, admite que «en aquella época yo estaba muy jodido en el sentido anímico, atravesaba una crisis personal y, fundamentalmente, grabé Viva! (en el garaje de Toni Molina, por cierto) porque era una de las pocas cosas que me hacían feliz. Me lo planteé casi como si fuera la última cosa que hacía en la vida». Pese a que Jaume Pla tenía claro desde muy joven que se quería dedicar profesionalmente a la música, «en el momento de publicar Esgarrapada pensaba que sería el último disco que haría. Ya había hecho un primer álbum de Mazoni en inglés, pero había estado un año y medio parado, y casi no me lo esperaba», indica.

La historia posterior es bien conocida. La avalan los discos, conciertos y colaboraciones que decoran el currículum de estos músicos que, con más de cuarenta años, siguen conservando una cierta mirada provisional en lo relativo a su trabajo. «La humildad y un cierto espíritu naif», dice Carles Sanjosé, «es lo que me permite seguir adelante. Cuando me he puesto demasiada presión encima en pos de la profesionalidad es cuando no lo he sabido hacer bien. Hablo por mí, pero creo que esta presión es antiartística. No quiero tener la obligación de hacer un disco cada equis años sí o sí: si no lo siento de verdad, si no me lo creo del todo, paso». Jaume Pla se mueve en una amplitud de onda similar: «Yo, el hecho de empezar a hacer discos me lo tomé como un regalo, y sigo así. Cuando empieza el año, siempre pienso: «hostia, ¿lo conseguiremos?». Y cuando se acaba, digo: «¡mira, un año más!»». Quizás el mayor secreto reside en el arte de hacer que pasen los días…