El 2026 será recordado como el año en que millones de miradas de todo el mundo se fijaron en la Sagrada Familia y, con ella, en Barcelona. La bendición de la Torre de Jesucristo, el 10 de junio, convirtió la ciudad en el escenario de un gran espectáculo de fuegos, drones y celebraciones multitudinarias, con una repercusión que, por momentos, hizo recordar el ambiente de los Juegos Olímpicos de 1992. Durante unos días, este espectáculo incluso consiguió eclipsar la eterna pregunta que acompaña al templo desde el inicio de las obras, en el año 1882: ¿cuándo se acabará la Sagrada Familia?
Una pregunta que, pasada la euforia, vuelve inevitablemente al primer plano. La respuesta que da ahora la Junta Constructora sitúa, de nuevo, el horizonte en una década. “Tenemos el deseo de que, con toda la experiencia y los aprendizajes acumulados durante las obras, podamos completar el proyecto en un plazo de unos diez años”, ha señalado Xavier Martínez, director general de la Fundación Junta Constructora de la Sagrada Familia.
Los diez años, sin embargo, no son una novedad. La Junta Constructora ya los había planteado como horizonte hace dos años, pero el plazo se ha ido desplazando y esta sigue siendo la referencia con la que trabaja ahora el templo. Martínez añade, sin embargo, un matiz importante: no se trata de una fecha cerrada, sino de un deseo condicionado por una cuestión urbanística que va más allá del ritmo de las obras.

Porque completar el proyecto tal como lo concibió Gaudí no implica solo decorar las fachadas y levantar torres, sino también construir la gran escalinata de la fachada de la Gloria, concebida por Antoni Gaudí como la principal entrada al templo. Una escalinata que hoy en día la Junta Constructora no puede edificar porque el espacio que necesitaría delante de la fachada está ocupado por edificios residenciales en la calle Mallorca. “La fachada de la Gloria necesita una perspectiva y una distancia que hoy no existen porque, “justo delante del templo, tenemos un impedimento físico y material: un edificio”, ha concretado Martínez.
Martínez se refiere al bloque situado en los números 410-414 de la calle de Mallorca, levantado por la promotora Núñez y Navarro a finales del siglo XX. El edificio ocupa parte del espacio que la Sagrada Familia necesita para desplegar la fachada de la Gloria y, sobre todo, para construir la gran escalinata que Gaudí proyectó como principal acceso al templo.

Dado que este edificio es el principal impedimento para completar el proyecto de Gaudí —y la Junta Constructora ya ha advertido que considera esta intervención “irrenunciable”—, la propuesta que ahora pone sobre la mesa pasa por solución de mínimos: reubicar a los vecinos de este bloque en un nuevo edificio que se debería construir en un solar cercano, también en la calle Mallorca, que es propiedad de la Sagrada Familia, como ha detallado Martínez. La posibilidad de trasladar a los vecinos que hace décadas que viven allí ya había aparecido anteriormente, pero ahora la Junta Constructora recupera esta opción y la plantea como una solución concreta. Su aplicación, sin embargo, depende todavía del acuerdo con el Ayuntamiento y los vecinos.
Aunque esta solución no permitiría completar íntegramente el proyecto urbanístico de Gaudí —su propuesta preveía una gran plaza delante de la fachada de la Gloria que llegaría hasta la calle Aragón—, sí que posibilitaría liberar el espacio inmediato delante del templo y ejecutar una parte esencial del proyecto: la gran escalinata de acceso a la fachada.
Para hacerlo posible, sin embargo, hace tiempo que la Sagrada Familia, el Ayuntamiento de Barcelona y los vecinos mantienen conversaciones a tres bandas sobre el futuro del edificio y la solución urbanística. Según Martínez, las negociaciones están “muy avanzadas”, pero todavía no hay acuerdo ni calendario. “No tenemos ninguna respuesta ni un calendario por delante”, ha afirmado, reclamando al consistorio que “mueva ficha”.
La Gloria, el último gran reto
Pero la fachada de la Gloria no es solo el último gran frente constructivo de la Sagrada Familia. En el proyecto de Gaudí, es la culminación del recorrido del templo, después de las fachadas del Nacimiento y de la Pasión, y representa la resurrección y la llegada a la vida eterna. Por eso situó allí la entrada principal de la basílica, precedida por una gran escalinata y un espacio monumental concebido como el último tramo de este recorrido.
Más allá de la escalinata, sin embargo, la fachada de la Gloria será la gran protagonista de las obras que la Sagrada Familia deberá ejecutar para alcanzar el objetivo de completar el proyecto en una década. Como ha recordado Jordi Faulí, arquitecto director de la Sagrada Familia, la fachada “ocupará buena parte del esfuerzo constructivo de los próximos años”. Los cimientos ya están construidos y el templo prevé empezar próximamente a levantar las cuatro torres laterales hasta los 120 metros. Es, de hecho, hasta aquí donde permiten llegar las licencias actuales: la construcción de las torres, ya que para continuar más allá, será necesario resolver la cuestión urbanística del espacio situado delante del templo, que también condiciona otros elementos del proyecto, como los voladizos del nártex.

Y aún quedará otra incógnita por resolver relacionada con esta fachada: cómo se decorará artísticamente. Tres escultores —Cristina Iglesias, Miquel Barceló y Javier Marín— fueron seleccionados entre una veintena de creadores para presentar propuestas, que entregaron a principios de año. Los tres proyectos ya han sido estudiados por la Junta Constructora, pero aún no se ha tomado una decisión. “Puede que se elija a un artista, puede que intervenga más de un artista o que no se considere ninguno adecuado, o incluso que se estudien otros caminos”, ha señalado Faulí. Como en la cuestión urbanística, tampoco hay una fecha prevista para resolver esta incógnita. La Junta reconoce que es una decisión que requiere tiempo y estudio, porque se trata de una de las piezas centrales del templo.
Los otros grandes frentes constructivos
Pero la Gloria y el espacio que la rodea no son el único frente que la Sagrada Familia deberá completar en los próximos años. El proyecto mantiene abiertas otras obras que avanzan en paralelo y que también forman parte del tramo final del templo. Aunque la Torre de Jesucristo se completó con la colocación y bendición de la cruz que la corona, esto no significa que todo esté acabado: aún queda por completar y adecuar el interior de la cruz, concebido también como un espacio visitable y como un gran mirador a la capital catalana.

En el interior, un mosaico de más de 50.000 piezas recreará lo que la Sagrada Familia describe como el origen del firmamento, con una gradación de colores verdosos y rojizos hasta llegar al blanco, que representa la primera luz del universo. Para llegar hasta allí será necesario completar también el recorrido de los tres ascensores: los primeros tramos, hasta los 35 metros, ya están construidos; el segundo llegará hasta los 85 metros y el tercero permitirá completar el ascenso hasta el interior de la cruz. La previsión es que este espacio no sea visitable hasta 2028, una vez terminados los ascensores, y que el acceso esté limitado a unas diez personas a la vez.
Al mismo tiempo, continúan las obras de la capilla de la Asunción, coronada por una gran cúpula azul de 30 metros de altura que representará el manto azul de la Virgen, desplegado sobre el espacio de la capilla y sostenido simbólicamente por cuatro ángeles. Unas obras que los visitantes que estos días se acerquen a la Sagrada Familia podrán observar de primera mano: en el patio de materiales se expondrán tres de las esculturas que formarán parte del exterior de la capilla, Sant Josep Oriol, obra de Mercè Riba, y Sant Roc —dos figuras especialmente vinculadas a la ciudad de Barcelona—, así como uno de los cuatro ángeles que coronarán la cúpula y sostendrán el manto azul.

La Sagrada Familia mira hacia Barcelona
Una gran parte de los visitantes que estos días accederán al templo lo harán con motivo de las jornadas de puertas abiertas que la basílica organiza cada año por las fiestas de la Mercè. Del 24 al 27 de septiembre, unas 20.000 personas podrán visitar gratuitamente el interior del templo, después de un sorteo que este año ha registrado unas 130.000 inscripciones, un 36% más que el año anterior.
Martínez ha señalado que este incremento responde, en buena parte, al interés que ha generado la basílica a raíz de la culminación y bendición de la Torre de Jesucristo el 10 de junio, especialmente entre el público barcelonés. Este interés también se ha hecho notar en las visitas habituales: este 2026, España ha sido el principal país de origen de los visitantes, con unas 400.000 personas —la mitad de los cuales catalanes—, por delante de Estados Unidos, que habitualmente ocupaban esta primera posición. Un dato que muestra cómo, después de volver a captar las miradas de todo el mundo, la Sagrada Familia también ha reforzado el vínculo con el público más cercano.
Añadir The New Barcelona Post como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.


