La certeza de la incerteza es la base de "L'últim àtom"

Hasta el 5 de julio estará "L'últim àtom" en el Teatre Goya
Hasta el 5 de julio estará "L'últim àtom" en el Teatre Goya

¿L’últim àtom o el ultimátum? La nueva genialidad de Jordi Oriol llega al Teatre Goya para retratar que somos ciegos en un mundo repleto de imágenes.

(Redactora)
05 de junio de 2026

La incertidumbre se ha convertido en nuestra realidad, y no solo por culpa de una geopolítica que nos marea a diario. Ya hace cien años que la teoría cuántica nos advirtió de algo crucial: las cosas nunca son de una sola manera. A partir de esta premisa, Jordi Oriol ha escrito y dirigido con su compañía Indi Gest L’últim àtom, una tragicomedia apocalíptica que estará en el Teatre Goya hasta el 21 de junio de 2026. 

Oriol une la ciencia con nuestra propia existencia. Al final, tanto en la física como en la vida, cuando las viejas leyes dejan de funcionar, nos quedamos desamparados y con las creencias rotas.  Pero, lejos de hacer un tratado filosófico sobre cómo sobrevivir en un mundo a la deriva, el director lo traduce a una historia divertida y sorprendente.

L'últim àtom o el últimàtum: cuando el lenguaje y la física quieren salvar el caos

Diez años después de la desaparición de su hija, una profesora de lingüística, Sara (Mia Esteve), y un profesor de física cuántica, Pere (Joan Carreras), llevan el luto como pueden con la ayuda de su amigo Manel (Carles Pedragosa), Maria (Carme Milán) y una misteriosa Lara Segur. Entre los cinco dan vida a una quincena de personajes en un montaje donde la música, el vodevil, el teatro y el metateatro se entrelazan.

La obra comienza con la explicación de dos concepciones diferentes de ver la vida. Por un lado tenemos a la lingüista, que se plantea cómo los seres humanos nos hemos empeñado en nombrar las cosas, determinarlas, para que, así, no nos den tanto miedo. Una técnica inteligente que ayuda a definir y a reconocer el mundo, pero que también le arranca toda esa parte mágica al lenguaje: una vez algo ya está determinado, ya no se cuestiona. El lenguaje se plantea como definidor y creador del mundo, pero también como limitador. La gramática nos ayuda a construir ese mundo externo que compartimos, pero que cada uno interpreta y recibe a su manera. En resumen: la incerteza del mundo intentada encapsular por la falsa certeza del lenguaje.

Por otro lado tenemos al físico, que nos habla sobre la teoría del último átomo, una teoría que plantea la contradicción de la física en su intento de conocer y comprender el mundo. Esta ciencia, que pretende desentrañar cómo está formada nuestra realidad, también se encuentra con puntos de incerteza donde ella misma es contradicha. El último átomo plantea que si, en un espacio cerrado, pudiéramos eliminar todos los átomos que hay en su interior, ¿qué obtendríamos? ¿La nada? Pero la nada también es algo...

Ambos personajes son "observadores" de la realidad desde diferentes perspectivas (lengua y ciencia), pero, justamente por eso, por ser meros espectadores, también influyen en lo que se está observando. Es así como se introduce la "Teoría del observador" de la física cuántica, que nos indica que la realidad externa se modifica cuando es observada. Por tanto, es imposible conocer el mundo de forma objetiva; no existe la objetividad en sí misma, todo es incierto.  

Tráiler de "L'últim àtom" en el Teatre Goya

La certeza de la incerteza

Esta certeza de la incerteza es la base de un espectáculo que se mueve en todo momento en la idea de ser unos ciegos en un mundo lleno de imágenes. Un juego de perspectivas que no solo hace referencia a la incerteza metafísica de la vida (qué hacemos en el mundo, cómo se construye y cómo lo identificamos), sino también a la incerteza social en la que vivimos: el funcionamiento de la política, de los servicios de defensa o de las organizaciones de emergencias. En la obra de Oriol aparece la duda existencial, pero también la duda social (el momento que hace referencia a la pandemia y el uso de las mascarillas es brillante). La incerteza lo ocupa todo y nosotros vagamos con los ojos cubiertos, ciegos y perdidos, intentando entender todo, pero sin lograr entender nada.

Ante esto, estamos confundidos y creamos nuestras propias realidades y mentiras para poder sobrevivir. Joan Carreras es el personaje que más interpreta esta vertiente, la del creador de su propio mundo, optando por querer creer su propia historia porque no quiere aceptar la realidad. Y, al igual que se plantea en la teoría del gato de Schrödinger, mientras el gato siga encerrado en la caja, puede ser que viva o que muera. La incertidumbre está servida y tú decides cómo lidiar con ella. 

Mia Esteve interpreta a la lingüista en "L'últim àtom"
Mia Esteve interpreta a la lingüista en "L'últim àtom" 

Interpretaciones hilarantes para una historia profunda y reflexiva 

Joan Carreras nos regala a un físico que vaga extraviado por los laberintos de su propia mente, moldeando el entorno según le conviene. Además, el montaje esconde una de las propuestas escénicas más ingeniosas que he visto en tiempo: el cara a cara entre los dos personajes que defiende Carles Pedragosa Torres. La dirección de Jordi Oriol aquí es pura magia; sirviéndose de una pizarra que va tapando al actor según toma la palabra y de unos sutiles toques de vestuario, asistimos a un diálogo sostenido por un único intérprete. Una escena original y redonda.

La idea original de L'últim àtom es muy interesante: vivimos en un mundo que, físicamente hablando, es imposible de comprender. Entonces, ¿qué hacemos intentando poner orden a todo lo imposible? Esta es la absurdez de la vida humana, del empeño de la sapiencia. Intentar poner orden al caos que es la vida. Y así es como viven estos personajes: dando vueltas, chocándose contra muros y jugando una partida de frontón que nunca tiene fin. Además, y sin ánimo de hacer spoilers, la escena final de la obra con la que se cierra el telón es de lo mejor que he visto últimamente. Una escena que, de forma sencilla y repleta de humor, condensa todo el mensaje: los seres humanos empeñados en tener la razón y la vida yendo por otro lado...

Joan Carreras es el físico teórico de "L'ultim atom"
Joan Carreras es el físico teórico de "L'ultim atom"

El bucle de las pizarras 

La idea de presentar la obra a través de pizarras que se mueven, se ocultan y configuran el espacio es una idea original y que entra muy bien por los ojos. Sin embargo, la puesta en escena abusa tanto de este recurso que acaba perdiendo su efecto sorpresa y se vuelve en su contra. El escenario se convierte a veces en un laberinto en una constante mudanza donde muchos de los movimientos de las pizarras se sienten forzados o innecesarios. En lugar de acompañar al espectador en este viaje mental, tanto movimiento termina por aturdir y desviar la atención de lo verdaderamente importante: la palabra y el trabajo de los actores. Al final, genera un agotamiento que empaña el ritmo de la propuesta.

Jordi Oriol vuelve a jugar con el teatro 

Jordi Oriol es lo que en el gremio llamaríamos un creador total: es actor, músico, dramaturgo y director. Se formó como actor en Nancy Tuñón y el Col·legi de Teatre, estiró su faceta musical en el Taller de Músics y se licenció en Dirección y Dramaturgia en el Institut del Teatre con el Premio Extraordinario de 2007. Todos estos conocimientos explican por qué en sus obras el texto rima con la partitura y el movimiento físico.

Como autor y director, Oriol lleva a sus espaldas más de una quincena de espectáculos, entre los que destacan éxitos de nuestra cartelera como Europa Bull (producida por el Temporada Alta y el TNC en 2019) o La mala dicció (Teatre Lliure, 2021). Además, compagina su propia compañía con una carrera como actor a las órdenes de directores de la talla de Xavier Albertí, Oriol Broggi, Àlex Serrano o Jordi Casanovas, a la vez que ejerce la docencia en centros como la Sala Beckett o el Institut del Teatre.  

Es teatro necesario, valiente y con la capacidad de sacudirte el cerebro.

En L'últim àtom vemos una obra al más puro estilo Jordi Oriol: profunda, filosófica y que nos invita a pensar. Es una de esas obras que dejan poso. Quizás cuando sales del teatro sales confuso y aturdido de tanta información, pero cuando te sientas y te paras a reflexionar te das cuenta de la genialidad que han creado sobre el escenario del Goya. Es teatro necesario, valiente y con la capacidad de sacudirte el cerebro.

Sobre el autor

Elia Tabuenca
Elia Tabuenca

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