El pueblo toma la palabra en "Contra Antígona"

Hasta el 21 de junio, se puede ver "Contra Antígona" en el Lliure. ©Marta Mas Gironès
Hasta el 21 de junio, se puede ver "Contra Antígona" en el Lliure. ©Marta Mas Gironès

Andrea Jiménez y Victoria Szpunberg cierran la temporada del Teatre Lliure con "Contra Antígona", una rompedora versión de Sófocles que da el protagonismo al público.

(Redactora)
16 de junio de 2026

Ir al teatro a ver un clásico de Sófocles puede hacer pensar que te encontrarás con el drama de siempre, pero Contra Antígona rompe los esquemas desde el primer minuto. El espectáculo plantea un experimento teatral muy original: ¿y si la protagonista de la historia no fuera la famosa heroína, sino el coro griego? Esta es la premisa de una obra rompedora que convierte el escenario en un lugar de encuentro ciudadano para jugar de tú a tú con el público.

Es una propuesta gamberra, provocadora y muy viva que deja de lado a la heroína de siempre para hacer un cambio mucho más potente: darle todo el poder al pueblo. ¿El resultado? Una conversación colectiva donde el teatro se convierte en un experimento performático en directo.

Andrea Jiménez y Victoria Szpunberg firman esta pieza en el Lliure

El espectáculo es el encargado de cerrar la temporada 25-26 en la Sala Fabià Puigserver del Teatre Lliure, en una coproducción con el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque de Madrid. Al frente del proyecto está Andrea Jiménez, la creadora del exitoso montaje Casting Lear, y que ahora vuelve a utilizar un mito universal para sacudir al espectador.

Para esta nueva aventura teatral, Jiménez ha contado nuevamente con la dramaturgia de Victoria Szpunberg, con quien ya había colaborado en otras piezas como Vulcano y Mal de coraçon. La complicidad entre las dos creadoras se traduce en una propuesta potente que piensa el teatro a través del cuerpo y que cuestiona las formas tradicionales. El resultado es un espectáculo muy original donde catorce espectadores, desconocidos entre ellos, suben cada noche al escenario para convertirse en un coro griego activo. Juntos van trazando en pleno directo el camino de una tragedia que se resiste a ser contada como siempre.

Sófocles y la tragedia de Antígona 

Escrita por Sófocles y representada por primera vez en la Atenas del siglo V a.C., Antígona es la tragedia clásica más estudiada, versionada y debatida de la historia del teatro. El argumento plantea un dilema moral: Antígona se rebela contra el decreto del rey Creonte, su tío, que ha prohibido enterrar a su hermano Polinices por haber traicionado la ciudad. Ella decide desobedecer al tirano por amor y sin miedo a tener que asumir una sentencia de muerte.

En la antigüedad, el teatro griego funcionaba como un ágora pública donde se debatían los límites del poder, la legitimidad de las leyes humanas frente a las divinas y, sobre todo, el precio de la polarización. Como bien recuerda la directora Andrea Jiménez, el núcleo de la tragedia de Sófocles nace de una conversación que fracasa, de un choque de posiciones totalmente opuestas donde nadie cede, la tensión estalla y todo acaba en muerte.

Siempre nos han presentado la Antígona de Sófocles como la típica historia de una heroína valiente e idealizada. Pero el texto original en realidad esconde muchas más capas políticas, donde el coro (que es el pueblo que lo ve todo) siempre se ha quedado como un testigo. Y es justamente este papel olvidado del pueblo el que toma el Lliure como base para montar todo su espectáculo.

Andrea Jiménez i Victoria Szpunberg és el tàndem creatiu d'aquesta proposta. © Marta Mas Girones
Andrea Jiménez y Victoria Szpunberg es el tándem creativo de esta propuesta. © Marta Mas Girones

La platea del Lliure se convierte en el coro griego 

Contra Antígona se presenta desde el primer momento como una obra rompedora. Tal y como su propio nombre indica, estamos ante una revisión moderna y diferente del texto de Sófocles. El gran acierto del punto de partida es la fuerza que toma el coro. Es curioso, porque en el teatro que estamos acostumbrados a ver hoy ha ido desapareciendo, pero en la Grecia clásica, el coro era un elemento que no podía faltar porque representaba la voz de la ciudadanía. Y Contra Antígona recupera este papel del coro que deja de ser un observador pasivo para convertirse en un elemento activo que se mueve, interactúa y acepta o rechaza lo que está pasando en la escena. 

Antígona (Júlia Truyol, integrante de La Calòrica) es una mujer que se rebela contra unas leyes injustas que promueven el odio en lugar del amor, tal y como se presenta en el escenario con esta frase tan conocida del texto clásico: No he nacido para compartir el odio, sino el amor. En esta propuesta, el pueblo toma voz, protege y acompaña.

Guiados por la facilitadora (Mònica Molins) y la Corifeo (Olga Onrubia), hay momentos donde los voluntarios se van posicionando hacia un lado o hacia el otro de los diálogos. Es una decisión muy potente por el mismo tema del que se habla: ver cómo la comunidad se rebela contra un tirano, Creonte (Xavi Sáez). Un tirano, sin embargo, que tampoco es blanco o negro, porque hay discursos suyos con los que podemos llegar a empatizar, y que muestran que en este mundo hay grises, muchos grises. 

Júlia Truyols és una de les protagonistes de "Contra Antígona" ©Marta Mas Girones 1
Júlia Truyols es una de las protagonistas de "Contra Antígona" ©Marta Mas Girones 

Un experimento que funciona... a medias

Pero no todo es perfecto: el experimento funciona a medias. Que el público se quede de pie en el escenario durante toda la función es algo extraño e incomoda en el mismo desarrollo de la trama: sus movimientos interrumpen la parte más potente y literaria de la propuesta. Esto sobre todo sucede en las escenas en las que Corifeo recita algunas de las reflexiones originales de Sófocles: el texto queda escondido porque la atención del público se desvía hacia los catorce voluntarios. Toman tanto protagonismo que la literatura se pierde y las reflexiones del texto clásico pasan totalmente desapercibidas.

Eso sí: la imagen final lo compensa cuando se lanza el mensaje humanista que defiende que el ser humano es maravilloso. Oír esta frase mientras se va cerrando el telón con la gente real de la platea encima del escenario, hace que el espectáculo tenga una lectura muy social. Un mensaje que destaca al individuo de la masa y que pone el acento en cada una de las personas del colectivo.

El resultado es un experimento teatral tan original como necesario donde el poder se vuelve a entregar al pueblo.

El humor de la tragedia

Contra el dramatismo que acostumbran a tener las tragedias griegas, Jiménez y Szpunberg insertan unas dosis de humor muy frescas e inteligentes. Es el caso de las intervenciones de Corifeo, que resultan hilarantes, pues consiguen quitarle el dramatismo y crear más proximidad con el público. En esta misma línea, el tratamiento de Ismene (Clara de Ramon) es también muy sorprendente: se evidencia el menosprecio que sufrió por parte de Sófocles, y el giro metateatral donde la actriz recita Chéjov le da una capa de contemporaneidad muy divertida.

El montaje también acierta de lleno con la decisión de que Tiresias sea interpretado por una niña (Bruna Luz / Nora Pàmies Ricart). Esta elección funciona como una metáfora muy clara: la figura del viejo sabio tradicional da paso a la juventud y a las nuevas generaciones. Esta mirada se reafirma también en el debate paternofilial donde Hemón (Marc Soler) planta cara a Creonte para reclamar el derecho de los jóvenes a ser comprendidos e incluidos en las decisiones políticas.

La Corifeu, un dels personatges més humorístics de la proposta. © Marta Mas Girones
La Corifeo, uno de los personajes más humorísticos de la propuesta. © Marta Mas Girones

Las ruinas grecorromanas enmarcan la fuerza de la interpretación

A nivel de puesta en escena, el trabajo de Judit Colomer es espectacular. Las ruinas grecorromanas con columnas altísimas visten muchísimo el espacio, así como las pancartas que llenan el escenario y un juego de luces muy cuidado. Estas ruinas sirven de marco perfecto para presenciar el pulso interpretativo entre Júlia Truyol y Xavi Sáez que es, sin duda, uno de los puntos álgidos del montaje.

Sáez, especialmente en la escena final, protagoniza una escena de una intensidad impactante; bajo la imagen del tirano inflexible, el actor consigue extraer una humanidad tan conmovedora que el espectador conecta inmediatamente con su arrepentimiento. Una manera magistral de humanizar al monstruo desde el dolor más puro y visceral.

Contra Antígona ha sido capaz de tomar una tragedia clásica, dotarla de una poética contemporánea y, sobre todo, potenciar todos aquellos submensajes que las lecturas tradicionales suelen pasar por alto. El resultado es un experimento teatral tan original como necesario donde el poder se vuelve a entregar al pueblo.

Sobre el autor

Elia Tabuenca
Elia Tabuenca

Redactora

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