El misticismo de Santa Teresa se muda al bar con "Mal de coraçon"

Hasta el 21 de junio se puede ver "Mal de coraçon" en La Villarroel. ©Caterina Barjau
Hasta el 21 de junio se puede ver "Mal de coraçon" en La Villarroel. ©Caterina Barjau

"Mal de coraçon" transforma la barra de un bar en un espacio de culto contemporáneo: el lugar donde Victoria Szpunberg hace un cóctel con el dolor del alma y las heridas de Santa Teresa.

(Redactora)
10 de junio de 2026

Hace unos cuantos siglos, Santa Teresa de Jesús bautizó su sufrimiento y su misteriosa enfermedad como "mal de coraçon", una manera muy bonita y muy gráfica de explicar este dolor persistente del alma que te hace vivir en el mundo sin un rumbo claro. Y eso es exactamente lo que les pasa a los personajes de Mal de coraçon, la propuesta escrita por Victoria Szpunberg y dirigida por Andrea Jiménez que se puede ver en La Villarroel.

La obra nos encierra en un bar de la ciudad en una noche donde un diluvio universal ha colapsado y detenido el mundo exterior. Este espacio se convierte en una especie de convento de clausura: un refugio para tres antihéroes desorientados que necesitan huir de la realidad. Una atmósfera decadente donde las copas de whisky y una banda sonora de canciones de karaoke acompañan las heridas los personajes.

Tres mártires urbanos en busca de consuelo 

Mal de coraçón va cambiando el foco para adentrarse en la pena de cada personaje de este triángulo errante. Por un lado, encontramos a la camarera del local, que precisamente se llama María (Júlia Barceló). Todo en la función tiene un aroma muy bíblico: a ella acuden los dos como salvación, queriéndose refugiar en los brazos de una mujer que se muestra bondadosa, piadosa y con mucha paciencia. María representa a la santa porque es la que los acoge en su templo: el bar.

Pero ella también tiene su propio mal de corazón. Su sueño es ser actriz, pero siempre es rechazada. Su dolor es el de no ser vista, una frustración que se mezcla un poco con un discurso feminista contemporáneo. Para intentar paliar este vacío, María se lanza a TikTok y a las redes para discursear e intentar ser la actriz que todo el mundo espera que sea hoy en día. Está dispuesta a todo (a volverse influencer o a hacer dieta, si es necesario) para triunfar, pero la siguen sin ver.

A su alrededor nos encontramos con dos almas igualmente rotas. Por un lado tenemos el Profesor (Pol López), un hombre alcoholizado y deprimido que ha hecho del bar su propia casa. Es un ser frustrado que lo ha perdido todo y que juega a ser "el malo" de la historia. Este matiz es magnífico: el Profesor se resigna a hacer este papel de malo en un mundo donde necesitamos culpables para poder sobrevivir mejor. Cuando el otro personaje, el Enamorado, lo juzga y lo acusa, él prefiere darle la razón y decirle lo que quiere escuchar antes que defenderse. Asume este rol por puro sacrificio, porque detrás del monstruo se esconde otro mártir de la noche.

El tercer y último personaje es el Enamorado (Pau Vinyals), que sufre un desamor tan visceral que parece que le haya perforado las entrañas y se le haya pegado a la piel. Su dolor es tan claro y evidente que lo perturba y lo destroza por completo. Se recrea tanto en su propia tragedia que la vive como un máximo absoluto, y utiliza este mal tan claro para esconder y protegerse de todo el resto de dolores que pueda sentir.  

Júlia Barceló, Pol López i Pau Vinyals són els protagonistes de "Mal de coraçon" ©Caterina Barjau
Júlia Barceló, Pol López y Pau Vinyals son los protagonistas de "Mal de coraçon" ©Caterina Barjau

La liturgia del bar y la salvación 2.0

El gran acierto de la propuesta es cómo convierte el bar en un lugar de culto contemporáneo donde los personajes buscan el consuelo y el amparo que la gente antes encontraba en la fe. Los humanos necesitamos explicaciones, respuestas y protección, y aquí el bar lo da todo utilizando una liturgia calcada a la eclesiástica.

Sin ánimo de hacer spoilers, la manera en que los personajes se bautizan y se comen la hostia consagrada es, sencillamente, de lo mejor de la obra. Es como un "bautismo 2.0" de la salvación que buscamos hoy en día. De la misma manera que Santa Teresa buscaba respuestas y consuelo ante una imagen del Cristo llagado, nosotros ahora nos agarramos a cualquier clave. Ya no sabemos dónde está la fe, pero nos sirve cualquier simulacro con tal de sentirnos amparados ante un mundo que hace tanto daño. 

Escenes bíbliques i religioses que tenen lloc a la barra d'un bar. ©Caterina Barjau
Escenas bíblicas y religiosas que tienen lugar en la barra de un bar. ©Caterina Barjau

El humor y el karaoke desdibujan el pensamiento teresiano

El gran hándicap de la obra es que el mensaje está cogido con pinzas y se tiene que buscar casi con lupa. El espectáculo, el humor desatado, la música en directo y las situaciones surrealistas que se encadenan en el bar acaban devorando el mensaje que pretende comunicar el texto. Se pierde así el contenido que la autora quería transmitir y la profundidad histórica de Santa Teresa. El espectador se lo pasa muy bien durante el viaje, pero el entretenimiento pasa por encima del mensaje y te deja con la sensación de no acabar de entender hacia dónde te llevan.

A veces, las interpretaciones están demasiado subidas de revoluciones. Sobre todo el Enamorado de Pau Vinyals, que se mueve en un tono tan extremadamente alto que, con tanto llanto y tanta auto-compasión, se hace cargado y puede llegar a cansar. Es una lástima, porque se entiende perfectamente que su intención es encarnar el dolor más espeluznante y visceral de la noche, pero el exceso de histrionismo le juega una mala pasada.

El espejo de Santa Teresa

Pero para entender el trasfondo de Mal de coraçon, hay que acercarse a la figura de Teresa de Ávila. A mediados del siglo XVI, esta monja se enfrentó a una Iglesia dominada por hombres que, asustados por su voz, la tildaban de farsante o de endemoniada. En su época se creía que las mujeres debían callar, pero ella alzó la voz, defendió su libertad espiritual y gestionó su fama de forma inteligente.

El texto de Victoria Szpunberg se apropia de este espíritu de una manera muy astuta. El misticismo de Santa Teresa se alimentaba de momentos de éxtasis, de visiones y del dolor carnal a través de llagas, flagelaciones y penitencias. Mal de coraçon coge toda esta herencia teresiana y la equipara con nuestros propios tormentos actuales. La camarera de la obra, María, en su obsesión por preparar el casting del musical rock sobre la santa, replica involuntariamente esta lucha ante un sistema que la quiere someter e invisibilizar.

Júlia Barceló encarna a Maria, la particular santa de "Mal de coracón". ©Caterina Barjau
Júlia Barceló encarna a Maria, la particular santa de "Mal de coracón". ©Caterina Barjau 

Teresa de Ávila pasaba de vivir graves episodios de salud a vivir periodos de amor a la vida, donde fomentaba su placer por la música y la poesía. Y esto es lo que también vemos en los personajes de este bar: se mueven por esta misma línea fina que separa la muerte de la vida, representada por las escenas de música y fiesta.

Un final apoteósico

Donde la obra gana toda su razón de ser es en el final. El cierre es una auténtica fiesta, una celebración de la vida donde el mensaje se transforma en un canto precioso y lleno de esperanza. Aquí es cuando se entiende que también el teatro se ha convertido en este espacio de culto contemporáneo donde nos unimos las almas de la ciudad para conseguir la salvación ante el vacío de la vida.

Porque, para muchos de nosotros, el teatro es nuestro templo sagrado.

Sobre el autor

Elia Tabuenca
Elia Tabuenca

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