Lo hará en un espacio único: una renovada Llotja de Pescadors que, en los últimos años, se ha abierto a la ciudadanía para convertirse en una auténtica ventana hacia este litoral casi olvidado por la ciudad. Hoy, menos de una veintena de barcos y unos 250 pescadores trabajan en Barcelona. Con el objetivo de acercar este oficio tradicional a la ciudadanía —e incluso invitarla a vivir de primera mano su intensidad, abriendo por primera vez la subasta de pescado a los barceloneses— el puerto inició, hace tres años, una ambiciosa reforma de la Llotja de Pescadors. “Un espacio que la ciudadanía debe recuperar y volver a hacerlo suyo”, defiende el chef Albert Ventura, que ahora perfila la oferta gastronómica de este nuevo espacio.
El proyecto ha comportado el derribo de la antigua Llotja y la construcción de un nuevo edificio firmado por el estudio de arquitectura OAB, liderado por Carlos y Lucía Ferrater. Un edificio voluminoso de más de 3.200 metros cuadrados concebido en tres bloques, que ha sido galardonado con el Premio Ciutat de Barcelona d'Arquitectura i Urbanisme. No solo por su diseño innovador y sostenible, a partir de paneles de aluminio, sino, sobre todo, por la novedad que incorpora: una pasarela exterior que permite a la ciudadanía observar la subasta diaria de pescado que tiene lugar en la planta inferior.
Una casa desde la que reconciliarse con el mar y deleitarse con sus productos frescos, que hay que potenciar y valorar, tal como defiende Ventura, que reconoce el pescado como uno de sus ingredientes estrella. Así lo afirma tras una trayectoria de más de dos décadas entre fogones, ya sea como propietario y cocinero o como asesor gastronómico de diversos establecimientos. Una trayectoria durante la que siempre ha huido de los grandes restaurantes sofisticados, defendiendo que las mejores canteras son “las cocinas pequeñas, con personalidad y producto”, reconoce Ventura, que tampoco ha querido nunca entrar “en el juego de las Estrellas Michelin o los menús degustación”.
“El litoral es un elemento imprescindible para Catalunya, pero desgraciadamente nos estamos alejando cada vez más de estas tradiciones que configuran nuestra identidad y nuestra cultura”, defiende Ventura. Por este motivo quiere que el restaurante de la Llotja sea un espacio abierto y cercano, que consiga conectar con el ciudadano local e incluso con los pescadores que trabajan para defender a este litoral.
Aunque todavía está acabando de diseñar el planteamiento del negocio, su idea es que el local pueda adaptarse a los horarios y la rutina de los pescadores: con una cocina ininterrumpida de nueve de la mañana a siete de la tarde. “El restaurante debe respirar al mismo ritmo que la Llotja, integrarse armónicamente en sus rutinas”, subraya Ventura. Ofreciendo una experiencia gastronómica que pueda ser un puente entre la ciudad y el mar, en la que los comensales puedan ver la subasta y oler el pescado que después degustarán.
“La filosofía es la misma en todos mis locales: que el comensal se sienta como en casa”, afirma Ventura, que reconoce que cocina pensando en lo que le gusta encontrarse cuando va a un restaurante. “El objetivo de cualquier nuevo establecimiento que abre en Barcelona tiene que ser seducir al público local: ofrecer algo auténtico, donde puedan reconocerse e identificarse los sabores de siempre”, remarca el chef. “Si el proyecto tiene personalidad, los turistas y extranjeros vendrán solos, pero lo primordial siempre tiene que ser la autenticidad”, añade.
Consiguiendo, así, otro objetivo: demostrar al comensal que se sienta a la mesa la riqueza del producto mediterráneo y de la cultura marítima. “Cada vez en los hogares se come menos pescado porque existe la idea preconcebida de que es muy caro, difícil y laborioso de cocinar”, lamenta el chef. Una idea que quiere desmontar desde el restaurante de la Llotja de Pescadors, ofreciendo platos sencillos, cercanos y llenos de personalidad. Una invitación a volver a mirar, probar y enamorarse del mar y de sus productos.