El Cercle pregunta, la Reunión responde

La 41.ª Reunión anual del Cercle d’Economia da por concluida una edición centrada en la autonomía estratégica europea. © Cercle d’Economia
La 41.ª Reunión anual del Cercle d’Economia da por concluida una edición centrada en la autonomía estratégica europea. © Cercle d’Economia

La receta del Cercle para la autonomía estratégica europea: más financiación, menos fragmentación y burocracia, y una Europa más fuerte en industria y defensa para volver a competir globalmente

(Redactora en The New Barcelona Post)
(Directora de The New Barcelona Post)
04 de junio de 2026

“Autonomía estratégica de Europa: ¿mito o realidad?”. Tres días después del gran debate, con el Palau de Congressos de Catalunya como escenario de debates con decenas de ponentes y representantes políticos, empresariales, institucionales e internacionales, la 41ª Reunión anual del Cercle d’Economia da por cerrada una edición centrada en la autonomía estratégica europea y en una gran pregunta: si esta —la autonomía estratégica— es una ambición real o simplemente una fórmula política bien intencionada.

La misma presidenta del Cercle d’Economia, Teresa Garcia-Milà, ya lo advertía en la inauguración de la Reunión: “La respuesta a la pregunta que da título a esta edición depende, en buena parte, de lo que hagamos nosotros”. Y, en última instancia, de las conclusiones que se saquen y de las decisiones que se tomen.

Con todo, el Cercle ha articulado la conversación a través de tres escalas —Catalunya, España y Europa— y cuatro interrogantes que, más que un programa de debate, han dibujado estos tres días los principales dilemas del proyecto europeo: ¿puede Europa alcanzar una verdadera soberanía tecnológica? ¿Puede descarbonizar su economía sin sacrificar competitividad? ¿Quién financiará la transformación que necesita? ¿Y en qué sectores puede aspirar todavía a liderar el mundo?

Durante estos tres días, las respuestas no siempre han sido coincidentes. Pero sí ha emergido un consenso de fondo: la autonomía estratégica ya no es una aspiración abstracta ni un eslogan político. Es una necesidad impuesta por un mundo más fragmentado, más competitivo y menos dispuesto a garantizar las dependencias que Europa había dado por descontadas. La cuestión es si el continente está dispuesto a asumir los costes —económicos, regulatorios y políticos— que comporta convertir esta ambición.

¿Qué han respondido los principales ponentes a la gran pregunta? Lo articulamos, también, en cuatro soberanías: la financiera, la energética, la tecnológica y la de defensa. Cuatro soberanías diferentes que comparten una misma exigencia: más escala, menos fragmentación y una capacidad de ejecución que Europa todavía no ha alcanzado.

La presidenta del Cercle d'Economia, Teresa Garcia-Milà, durant la inauguració de la reunió anual.
La presidenta del Cercle d'Economia, Teresa Garcia-Milà, durante la inauguración de la Reunión Anual. © Cercle d'Economia

La soberanía financiera: los límites del mercado único europeo

Si hay una palabra que ha estado especialmente presente durante el debate de la Reunión Anual es la financiación. Y, casi siempre a su lado, ha aparecido otro concepto: fragmentación. A lo largo de las sesiones, estas dos ideas se han ido repitiendo hasta dibujar el retrato de una Europa que, a pesar de su potencial, todavía no consigue transformarlo en escala real. Como respuesta a esta limitación, ha emergido una de las claves de la receta que ha dibujado el encuentro anual del Cercle: la necesidad de completar un verdadero mercado único europeo.

De hecho, este debería ser uno de los grandes activos del continente: un mercado de 450 millones de consumidores con un alto poder adquisitivo. Pero este mercado único todavía es más aspiración que realidad. “Más que un problema de regulación, veo un problema de fragmentación en la Unión Europea”, ha afirmado el director general de Economía del Banco de España, David López Salido. Esta fragmentación tiene que ver, según el directivo, con las diferencias en fiscalidad entre países, pero López Salido ha asegurado que, si se hace un esfuerzo por reducir estas divergencias, se podrían obtener “ganancias importantes”.

Por su parte, el presidente de CaixaBank, Tomás Muniesa, ha puesto el foco en la lentitud del sistema. “En Europa regulamos tanto que los mercados son poco ágiles, y eso hace que nos cueste mucho sacar adelante cualquier proceso”, ha lamentado. Según Muniesa, el exceso de burocracia y regulación resta competitividad a unas empresas que se mueven en un entorno global cada vez más rápido. En este punto, López Salido, a pesar de compartir parte del diagnóstico, ha recordado que la regulación cumple una función esencial después de la crisis financiera de 2008.

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El presidente de CaixaBank, Tomás Muniesa, en una mesa redonda con el director general de Economía del Banco de España, David López Salido. © Cercle d'Economia

Pero esta necesidad de ganar escala no se ha quedado solo en el terreno financiero, sino que también ha atravesado el debate político de la Reunión Anual. El ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, ha defendido durante su intervención la necesidad de aumentar el presupuesto comunitario hasta el 2% del PIB europeo. "Necesitamos más y mejor Europa", ha afirmado, reclamando la capacidad de "movilizarlo todo" para afrontar las transformaciones industriales, energéticas y tecnológicas que necesita el continente.

Con la financiación como concepto recurrente en el debate del Cercle, no es casualidad que los dos principales anuncios políticos de la Reunión se hayan concretado precisamente en forma de inversión. Dos anuncios en dos escalas diferentes, pero que apuntan hacia una misma necesidad.El presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa, presentó, durante la inauguración de la Reunión Anual, un nuevo paquete de infraestructuras valorado en más de 3.000 millones de euros, con proyectos que van desde las estaciones del tramo central de la L9 hasta nuevas infraestructuras viarias y ferroviarias. “Hay que pensar en grande, con ambición e impulso”, defendió.

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Salvador Illa, Teresa García-Milà y Pedro Sánchez antes de su intervención en la Reunión Anual. © Cercle d'Economia

Pedro Sánchez, por su parte y ya en el cierre de la Reunión, aprovechó la ocasión para anunciar el inicio de la tramitación de los futuros presupuestos generales del Estado para 2027. Unas cuentas estatales que definió como “más ambiciosas, más sociales y más responsables desde el punto de vista fiscal”, con una apuesta destacada por las políticas de vivienda. 

A pesar de la diversidad de voces, la receta que emerge de la Reunión Anual en materia de financiación parece clara: más inversión —con un mayor presupuesto comunitario—, menos fragmentación —con la mirada puesta en un verdadero mercado único— y más escala.

La soberanía energética: descarbonizar sin desindustrializar

Pero la autonomía de Europa no se limita a la financiación y se juega también en otro terreno clave: la energía. Un ámbito en el que, en los últimos meses, Europa ha vuelto a evidenciar su dependencia y fragilidad, con la crisis del estrecho de Ormuz como catalizador. 

"No hay autonomía estratégica si no hay un suministro garantizado", ha advertido Antonio Brufau. El presidente de Repsol ha sido especialmente crítico con una estrategia europea que, según él, ha priorizado la sostenibilidad sin proteger a la vez la base productiva. "Europa ha basado su estrategia energética al margen de la estrategia industrial, y eso es una auténtica barbaridad", ha afirmado. Brufau ha ilustrado esta paradoja con un ejemplo gráfico: mientras Europa ha reducido sus emisiones, parte de su industria se ha trasladado hacia países como China, donde los estándares ambientales continúan siendo muy diferentes. 

Con todo, otros ponentes han querido matizar esta lectura y han subrayado que la sostenibilidad no debe ser una limitación, sino una oportunidad y una inversión clave para Europa. Daniel Tugues, director de Veolia España, ha defendido una “vía intermedia” y ha asegurado que la transición energética y la competitividad industrial son “absolutamente compatibles”. 

Francisco Reynés, presidente de Naturgy, ha completado el diagnóstico señalando otra debilidad estructural: la falta de una verdadera política energética europea. “Nadie toma ventaja de la diversificación de fuentes de suministro, y no hay intercambio de energía entre países porque no hay política energética europea”, ha sostenido Reynés, en referencia a las limitaciones de las interconexiones energéticas del continente, y ha recordado, por ejemplo, que la conexión energética con Francia a través de los Pirineos por Cataluña lleva años parada.

Por este motivo, Reynés ha apuntado a una receta clara para la soberanía energética europea: reforzar las interconexiones entre países, avanzar hacia una verdadera política energética común e impulsar una transición energética que pueda ser compatible con la competitividad industrial.

La soberanía tecnológica y científica: innovar más, regular mejor

Pero si hay un ámbito donde la dependencia europea genera más preocupación, este es el tecnológico. Desde los semiconductores hasta la salud, las diferentes intervenciones han dibujado una misma inquietud: Europa continúa quedándose atrás en sectores que marcarán la competitividad de las próximas décadas.

El CEO de Openchip, Francesc Quim, ha sido especialmente contundente: “China y Estados Unidos nos llevan 30 años de ventaja”. Ante esta situación, ha defendido que Europa debe ser “extremadamente agresiva en inversiones”, ya que la dependencia actual es “brutal”.

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La soberanía tecnológica se ha presentado como una necesidad urgente de Europa. © Cercle d'Economia

La misma idea ha aparecido en el ámbito de la salud. Laura Colón, presidenta de AstraZeneca España, ha insistido en que la innovación no debe considerarse un gasto. “Sin salud no hay economía”, ha recordado, reivindicando el papel que han tenido los nuevos medicamentos en el aumento de la esperanza de vida y la calidad de vida de la población. Según ha expuesto, mientras Estados Unidos destina aproximadamente un 0,8% del PIB per cápita a ciencia y nuevos tratamientos, Europa se queda alrededor del 0,3%.

Francesc Quim (OpenChip): "China y Estados Unidos nos llevan 30 años de ventaja"

Pero casi todos los ponentes han coincidido en una misma conclusión: invertir más es necesario, pero no suficiente; también hay que innovar más rápido. Desde KPMG España, su presidente Juanjo Cano, ha reclamado una regulación más simple, eficiente y orientada al crecimiento. En esta misma línea, Colón ha puesto un ejemplo especialmente ilustrativo: mientras que la aprobación de un nuevo medicamento puede tardar unos 60 días en Estados Unidos o en China, en Europa el proceso se alarga hasta los 110 días, a los que se les debe sumar los respectivos trámites nacionales. 

El presidente de Telefónica, Marc Murtra, ha sintetizado buena parte de la solución sobre el debate tecnológico en una sola frase: “La soberanía europea pasa por simplificar la regulación, construir tecnología propia y asumir el riesgo de fracasar”. Murtra ha apuntado que el diagnóstico es ampliamente compartido —“todos los caminos e informes nos llevan a Roma”— y que ahora el reto es pasar del diagnóstico a la acción, asumiendo que simplificar la regulación implica también implica tomar riesgos

La presidenta del Cercle d'Economia, Teresa García-Milà. © Cercle d'Economia
La presidenta del Cercle d'Economia, Teresa García-Milà. © Cercle d'Economia

Por su parte, Juvencio Maeztu, presidente y CEO de Ingka Group (IKEA), ha recordado que la simplificación regulatoria no debe atentar contra los valores europeos. “Debemos ser radicales en la simplificación, pero sin comprometer su porqué”, ha afirmado. En este sentido, ha subrayado que la regulación también protege valores como la sostenibilidad, la cohesión social o la igualdad de oportunidades.

Marc Murtra (Telefónica): “La soberanía europea pasa por simplificar la regulación, construir tecnología propia y asumir el riesgo de fracasar”

Este debate sobre el exceso de regulación y la capacidad europea para actuar ha acabado trasladándose también al terreno institucional. Tanto el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, como su homólogo polaco, Radosław Sikorski, han defendido la necesidad de revisar algunos de los mecanismos de decisión de la Unión Europea. En un contexto de ampliación hacia nuevos países, ambos han advertido del riesgo de que el derecho de veto —por el que cualquier Estado miembro puede bloquear una decisión que debe aprobarse por unanimidad— acabe dificultando o incluso bloqueando decisiones estratégicas.

La soberanía defensiva: una oportunidad “estratégica” para Europa

Con todos estos retos sobre la mesa, la Reunión Anual del Cercle d’Economia también ha puesto de relieve una gran oportunidad para Europa y Catalunya: la defensa. Un ámbito que, hace solo unos años, habría sido difícil de imaginar ocupando un papel tan central en una reunión económica. En esta edición, sin embargo, ya desde la inauguración, se ha situado como uno de los grandes retos.

Teresa Garcia-Milà recordó en la primera jornada que Catalunya dispone de más de un centenar de empresas vinculadas a los sectores aeroespacial y de defensa, pero que el peso actual de esta actividad sigue siendo reducido en comparación con el potencial tecnológico existente. “Esta es una anomalía que ahora tenemos la oportunidad de corregir”, afirmó.

José Manuel Albares y Radosław Sikorski debaten sobre el futuro de la defensa y la autonomía estratégica europea, con la moderación de Jordi Gual.
José Manuel Albares y Radosław Sikorski debaten sobre el futuro de la defensa y la autonomía estratégica europea, con la moderación de Jordi Gual. © Cercle d'Economia

Pero más allá de una oportunidad, los ministros de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares y Radosław Sikorski, han coincidido en destacarla como una necesidad urgente en un contexto internacional cada vez más exigente. Albares ha planteado incluso la posibilidad de un ejército europeo que, sin sustituir a los ejércitos nacionales, pueda actuar cuando “la dimensión de la amenaza sea europea o sea necesario proyectar fuerzas al exterior”.

Pero la defensa ya no es solo una cuestión militar, sino también tecnológica, industrial e incluso espacial. “No se puede depender de Estados Unidos en infraestructuras tan críticas como las telecomunicaciones”, ha advertido Jaume Sanpera, CEO de Sateliot. Según el directivo, Europa dispone de tecnología y capacidad de inversión, pero necesita contratos de gran escala que permitan a sus empresas competir a escala global.

Roser Roca, managing director y CEO de Airbus GeoTech, ha ido un paso más allá y ha reclamado más flexibilidad regulatoria para poder impulsar grandes proyectos comunes, en referencia al proyecto de los tres grandes grupos europeos del sector —Thales, Leonardo y Airbus— de crear una nueva empresa conjunta. “Necesitamos que las leyes de competencia no nos limiten y nos ayuden a hacer historia una vez más”, ha advertido. En términos regulatorios, Adrià Argemi, CEO de Pangea Aeroespace, ha señalado que Europa todavía tiene “un largo camino por recorrer” y que es necesario avanzar hacia un marco regulatorio más homogéneo.

Una vez más, el diagnóstico se repetía: Europa tiene tecnología, talento y capacidad industrial, pero necesita financiación y unas administraciones capaces de impulsar y escalar estos activos. Así, aunque en este y en los otros ámbitos las respuestas no siempre han sido unánimes, sí que se ha ido perfilando una misma receta europea: más escala, más integración y más capacidad de inversión. Este es el camino que se desprende de la Reunión Anual del Cercle para que la autonomía estratégica de Europa deje de ser una aspiración y se convierta en una realidad tangible. 

Sobre los autores

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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Elena Busquets
Elena Busquets

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