Hace solo unos años, hablar de tecnología cuántica parecía hablar de un futuro lejano reservado exclusivamente a los laboratorios más avanzados de física. Aunque hoy sigue siendo una tecnología todavía desconocida —en parte porque trabaja en una escala invisible, la de los átomos y las partículas subatómicas—, este mundo microscópico está abriendo la puerta a una nueva generación de aplicaciones con capacidad para transformar sectores tan esenciales como la salud, las telecomunicaciones, la ciberseguridad o la aeronáutica.
Una revolución tecnológica que también tiene una importante dimensión económica: se calcula que el mercado de las tecnologías cuánticas podría alcanzar los 215.000 millones de dólares en 2040. Ante el interés que despierta esta tecnología a nivel mundial, Catalunya ha ido configurando en los últimos años un ecosistema propio que suma centros de investigación de referencia, infraestructuras pioneras y empresas especializadas. Tanto es así que el informe Las tecnologías cuánticas en Catalunya, elaborado por Acció, describe precisamente este momento como una etapa de “efervescencia cuántica” para ilustrar el período de aceleración que vive el sector a escala catalana.
Las cifras avalan esta efervescencia catalana: el ecosistema ya suma 52 empresas vinculadas al sector, que generan 91,4 millones de euros de facturación y cerca de 470 puestos de trabajo, después de haber incorporado 30 nuevas compañías desde 2019.
Detrás de esta efervescencia hay una tecnología todavía difícil de ver y entender, pero con un potencial transformador enorme. Las tecnologías cuánticas aprovechan las propiedades de la mecánica cuántica, la rama de la física que estudia el comportamiento de la materia a escala atómica y subatómica. Esta realidad microscópica funciona con unas reglas diferentes a las del mundo convencional y permite desarrollar nuevas herramientas para procesar información, comunicar datos o medir fenómenos con una precisión milimétrica.
Una de las aplicaciones más conocidas de esta tecnología es la computación cuántica. Mientras los ordenadores actuales trabajan con bits que pueden tener el valor de 0 o 1, los ordenadores cuánticos utilizan cúbits. Más que una diferencia puramente técnica, esta nueva forma de procesar la información puede permitir resolver problemas que hoy superan la capacidad de los ordenadores tradicionales. Ahora bien, la revolución cuántica no se limita a los ordenadores, también incluye aplicaciones como las comunicaciones cuánticas, con aplicaciones en ciberseguridad, y los sensores cuánticos, con potencial en campos como la medicina, la navegación o la industria.
Un tejido empresarial cuántico en plena expansión
Este amplio abanico de aplicaciones está abriendo la puerta a la creación de nuevas empresas especializadas en el desarrollo de soluciones cuánticas. Un sector joven y todavía en construcción, como remarcan los datos del informe presentado por Acció: un 17,3% de las empresas catalanas son startups y un 32,7% tienen menos de diez años de actividad. Pero la juventud del sector no impide que una parte de las compañías ya estén consolidadas y miren hacia fuera: de hecho, un 21,2% de las empresas catalanas ya son exportadoras.
Entre las compañías que forman el ecosistema catalán destacan proyectos como Qilimanjaro Quantum Tech, que desarrolla ordenadores y software para la computación cuántica; Quside, especializada en generación de azar cuántico para aplicaciones como la ciberseguridad; y LuxQuanta, que trabaja en sistemas de comunicación cuántica para garantizar transmisiones más seguras. A este ecosistema se sumará en breve un nuevo actor internacional: la empresa británica Oxford Quantum Circuits (OQC), spin-off de la Universidad de Oxford, ha escogido Barcelona para instalar el hub de computación cuántica más grande de toda Europa. El proyecto prevé una inversión de 92 millones de euros y la creación de más de 210 puestos de trabajo cualificados en los próximos cinco años.
De hecho, la capital catalana y su área metropolitana concentran la mayoría de las compañías cuánticas: el Barcelonès agrupa 38 de las 52 empresas del sector, el 73% del total. Dentro de la comarca, la capital catalana lidera el mapa con 34 compañías, seguida de municipios como Castelldefels, l'Hospitalet de Llobregat o Cerdanyola del Vallès.
Pero para que una tecnología como la cuántica pase de la investigación al mercado se necesitan infraestructuras capaces de desarrollarla y probarla. El informe de Acció señala que esta es una de las fortalezas de Catalunya, que cuenta con centros de investigación y equipamientos avanzados que ayudan a generar conocimiento y atraer talento, desde el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), hasta el Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología. Uno de los principales ejemplos de estas infraestructuras es el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS), que acoge uno de los seis superordenadores cuánticos europeos y el primer ordenador cuántico del proyecto Quantum Spain.
La capacidad investigadora de Catalunya, sin embargo, no se limita a una única infraestructura. Diversos centros y equipos del territorio participan en proyectos europeos vinculados a las tecnologías cuánticas. De hecho, entre 2022 y el primer trimestre de 2026, Catalunya ha concentrado el 44,6% de la financiación estatal destinada a iniciativas con componente cuántico dentro de Horizon Europe. En total, 53 proyectos que han movilizado cerca de 41 millones de euros.
El gran reto, sin embargo, sigue siendo que este conocimiento salga de los laboratorios y se traduzca en aplicaciones y negocios reales. Un proceso que Catalunya ya ha empezado a impulsar con iniciativas como QuantumCAT, el hub catalán de tecnologías cuánticas, y con un ecosistema cada vez mayor de empresas que trabajan para convertir la investigación en soluciones aplicables al mercado.
