Barcelona está llena de arte, pero para descubrirlo hay que saltar de un sitio a otro: de museo en museo, de galería en galería, de exposición en exposición. En By Invitation, el salón de arte moderno y contemporáneo del Círculo Ecuestre, sin embargo, parece que todo ese arte hubiera decidido reunirse en un mismo lugar y, una vez allí, explotar. Explotar y llenar hasta el último rincón del palacete modernista que ejerce como sede de este club privado que, durante unos días, se abre al arte contemporáneo, a los artistas, coleccionistas y amantes del arte en general.
Durante cuatro días, y hasta este domingo, las obras se desbordan por todas partes, saltan de las paredes y aparecen en los rincones más inesperados. Hay telas que cuelgan de la monumental escalinata que preside el edificio, pinturas que sustituyen los cristales de los muebles de la biblioteca, piezas que conviven con los vitrales e incluso obras que encuentran su lugar en rincones tan inesperados como el interior de la chimenea. Cuesta saber hacia dónde mirar, porque en By Invitation el arte está en todas partes. Como si pudiéramos recorrer las galerías de toda una ciudad sin salir de un mismo edificio, como entrar en un universo donde la creatividad se puede respirar por todos y cada uno de los poros.
Pero aquello que hace especial a By Invitation, impulsada por el empresario Enrique Lacalle (presidente del Círculo Ecuestre) no es solo esta explosión de arte en cada rincón. También lo es su capacidad por mezclar artistas de distintos contextos, tiempos y generaciones. En su séptima edición, conviven artistas que pertenecen a épocas y generaciones muy distintas: Joan Miró, Antoni Clavé, Olga Sacharoff o Equipo Crónica comparten escenario con creadores contemporáneos y emergentes como Sara Bonache, Agnès Essonti, Jan Vallverdú o Elena Garrigola. Obras que quizá nunca habrían coincidido bajo un mismo techo y que aquí se encuentran, se miran y establecen conexiones inesperadas. Es precisamente uno de los propósitos de la feria: poner en relación distintas maneras de entender y vivir el arte, sin importar cuándo ni dónde surgieron.

"No tenemos miedo a propiciar grandes e inesperados diálogos, entre artistas de distintas generaciones, incluso entre quienes nunca antes habían coincidido", señalaba Mariella Franzoni, directora artística de la feria, durante la presentación. En esta edición, la feria reúne este año 23 galerías, procedentes de la capital catalana pero también de ciudades tan lejanas como Dubai, Oporto o Milán, y alrededor de 90 artistas, entre artistas emergentes, consolidados e incluso ya desaparecidos, bajo el lema Tramas abiertas, que pone el foco en el arte textil, además de destacar también la presencia femenina en la feria: casi la mitad de los participantes en los 24 proyectos expositivos son mujeres.
Una voluntad de mezclar épocas y artistas que también destaca Carla García Castelló, artista que participa por primera vez en By Invitation representada por la galería Piramidón, donde actualmente se encuentra como artista residente. Para ella, compartir espacio con artistas más consolidados supone "abrir una puerta y facilitar que los creadores emergentes entren en diálogo con otros circuitos del arte".

Castelló destaca, además, el carácter que aporta el propio edificio: "El Círculo Ecuestre ya tiene, por sí mismo, una presencia y un ambiente que generan nuevas maneras de concebir el arte que alberga, a diferencia de los espacios totalmente ajenos a su contexto, como las ferias que se celebran en white cubes", señala. Y es que, aunque estos días el palacete viva una auténtica explosión de obras, el arte siempre ha formado parte de la Casa Pérez Samanillo, sede del Círculo Ecuestre. Sus frescos en los techos, los vitrales, la monumental escalinata y las estancias ornamentadas son solo alguno de los elementos que lo conforman. Ahora, todos esos elementos se mezclan con las piezas expuestas y establecen un diálogo inesperado entre la historia del edificio y las creaciones que lo habitan.
Por ese motivo, recorrer sus interiores, habitualmente reservados a los socios de este club privado, ya es motivo suficiente para acercarse a la feria. Pero todavía más si permite descubrir nuevos artistas y encontrarse cara a cara con obras de grandes nombres del arte del siglo pasado. Y, pese a lo que pueda sugerir su nombre, no hace falta pertenecer al Círculo Ecuestre ni recibir una invitación para entrar. La feria está abierta a todo el público y el acceso es gratuito, aunque es necesario registrarse previamente en línea para obtener el pase para acceder.
Un paseo por los rincones donde estalla el arte
La visita a El Círculo Ecuestre empieza por la planta que acoge Espuela, el programa dedicado al arte moderno y contemporáneo, con las galerías Carlos Teixidó, Dolors Junyent y Silvia Sennacheribbo. Una gran sala de paredes rojas da la bienvenida al visitante con obras de nombres tan reconocidos como Miquel Barceló, Joan Miró, Equipo Crónica o Javier Mariscal, que sirven de anticipo a lo que espera en el resto de la feria: artistas de diferentes épocas y generaciones compartiendo espacio y estableciendo nuevos diálogos.

Pero para llegar a las demás salas de la feria hay que ascender por la gran escalinata del palacete. La subida transcurre bajo las telas de Agnès Essonti, artista representada por Bombon Projects, que ha convertido este espacio en una de las intervenciones más llamativas de la edición. Suspendidas sobre los escalones, Essonti presenta tres piezas de su serie Banderas bajo el título Taym we taym bi bin taym (El tiempo en el que el tiempo era tiempo). Elaboradas con fragmentos de tejidos wax estampados con motivos figurativos, como pequeños caballos o ventiladores. Las telas incorporan proverbios y expresiones en pidgin camerunés, a través de la que la artista evoca los intercambios culturales entre África y Europa y la historia colonial que los atraviesa.
A pesar de que están suspendidas a una altura considerable, la intuición nos hace casi agachar la cabeza, un gesto que puede aludir a la sumisión y las relaciones de poder que han marcado la historia colonial. Essonti introduce, así, una mirada reivindicativa que también está presente en otras obras de la feria, que utilizan el arte para abordar cuestiones sociales.
Y no es la única propuesta con una mirada reivindicativa. En el espacio Palacete, el programa principal de By Invitation, también se pueden encontrar obras que abordan cuestiones sociales, políticas e históricas, y que invitan a mirar más allá de lo puramente estético. En Untitled, Elena Garrigolas (Girona, 1998), por ejemplo, aborda la violencia física y psicológica que se transmite entre generaciones de mujeres. Inspirada en la estética de la posguerra española, la obra cuestiona los modelos tradicionales de feminidad.

Unas estancias más allá, en esta casa artística en la que se convierte el Círculo Ecuestre, las pinturas del artista italiano Andrea Mastrovito, autor del Agnus Dei del interior de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, sustituyen los cristales de las estanterías en la biblioteca. Un tríptico de 16 paneles de pintura que recrean unas barricadas revolucionarias construidas con pilas de libros, entre ellos ejemplares de Incerta glòria, de Joan Sales, o La plaça del Diamant, de Mercè Rodoreda.
Entre pinturas de mensaje revolucionario y obras que se integran por completo en el espacio que ocupan —desde los grandes ventanales hasta el interior de la chimenea—, el recorrido conduce al visitante hasta la última planta. Allí, dominada por el color verde de las paredes, se encuentra Vértigo, el programa dedicado a artistas emergentes nacionales e internacionales, con proyectos muchos de ellos concebidos específicamente para By Invitation.

En esta planta conviven obras tan diferentes como las pinturas delicadas de Núria Valverde, de aire modernista, envolvente y ligeramente melancólico; las esculturas en tonos pastel de Ana Rod o las propuestas textiles de Guadalupe Salgado. La diversidad también se refleja en la procedencia de los espacios participantes. Junto a galerías barcelonesas como Malpaís, encontramos propuestas llegadas de Dubái, Oporto, Milán o Nápoles, que amplían el mapa de la feria y suman nuevas miradas y maneras de entender la creación contemporánea.
Al terminar el recorrido por By Invitation, el espectador sale de este palacete modernista con la sensación de haber visitado mucho más que una feria de arte contemporáneo. El arte ha ido apareciendo en cada escalón, en cada habitación y hasta en los rincones más inesperados del palacete. También ha puesto en contacto a artistas de distintas épocas, generaciones y procedencias, haciendo convivir obras que difícilmente compartirían escenario en otros contextos. Pero además de contemplar arte, By Invitation es, ante todo, un salón, y las piezas expuestas también están a la venta. Porque aquí el arte se contempla, se descubre y, para quien quiera, también se puede llevar a casa.

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