Barcelona-Madrid: desigualdades que se dibujan en el código postal

Vista de la ribera del río Besòs. © Àlex Losada
Vista de la ribera del río Besòs. © Àlex Losada

Dos metrópolis con realidades diferentes comparten el reto de reducir las desigualdades entre barrios y transformar la ciudad sin dejar atrás a sus vecinos, en el marco del ciclo Barcelona/Madrid 2050, organizado por el PEMB

(Redactora en The New Barcelona Post)
19 de septiembre de 2026 - 05:30

08007 y 08033. En Barcelona, seis cifras pueden separar dos maneras muy diferentes de vivir la ciudad. El primer código postal recorre buena parte de la Dreta de l’Eixample y abarca calles tan céntricas como la Rambla de Catalunya o el paseo de Gràcia. El segundo identifica barrios de Nou Barris como Torre Baró o Ciutat Meridiana. Entre uno y otro hay pocos kilómetros de distancia, pero también realidades urbanas muy diferentes: las calles donde se crece, los comercios que se tienen al alcance, los equipamientos disponibles y, en definitiva, las oportunidades que ofrece cada barrio.

Porque vivir en un lugar o en otro no solo dibuja paisajes urbanos diferentes. También puede marcar las oportunidades a lo largo de la vida: el acceso a la educación, la sanidad o la vivienda y, incluso, la posibilidad de seguir viviendo en el barrio donde se ha crecido. Una desigualdad que, para Carol Recio, presidenta de la Comisión Ejecutiva del Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona (PEMB), no debería venir determinada por unas cifras: “El código postal no debería limitar las oportunidades de un vecino”.

El reto, pues, es cómo se puede construir una ciudad donde estas diferencias no acaben determinando las oportunidades de quien vive en ella. Es esta cuestión la que ha centrado una nueva sesión del ciclo Barcelona/Madrid 2050, organizado por el PEMB (Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona) en el marco de la Capital Mundial de la Arquitectura 2026. El ciclo pone en diálogo dos ciudades con realidades urbanas y metropolitanas diferentes, pero que comparten algunos de los grandes retos de las ciudades globales: crecer, transformarse y proyectarse al mundo sin perder de vista su identidad y el derecho de sus vecinos a seguir viviendo en ellas.

El código postal por sí solo, sin embargo, ya no explica toda la ciudad. Detrás de cada barrio hay una red de relaciones que desborda los límites municipales: personas que se desplazan cada día para trabajar o estudiar, viviendas que se buscan más allá del municipio donde se vive, servicios que se comparten y actividades económicas que conectan territorios. Lo que ocurre en un barrio, por lo tanto, no siempre se puede entender mirando solo su código postal.

Es por eso que el debate sobre las oportunidades también obliga a cambiar de escala. Vivienda, movilidad, educación o desarrollo económico son cuestiones que cada vez tienen más una dimensión metropolitana. En el caso de Barcelona, esta realidad incluso tiene un término propio: la “Barcelona de los cinco millones”, un territorio de 36 municipios que se extiende del Penedès al Vallès y al Maresme. Este territorio también dispone de una estructura institucional —el Área Metropolitana de Barcelona (AMB)— que articula este ámbito supramunicipal, mientras que en Madrid esta mirada compartida entre la metrópoli todavía se está construyendo. 

Madrid. © Alev Takil
Vistas de Madrid. © Alev Takil

“En Madrid no existe una entidad de participación metropolitana”, señala Jorge Nacarino, presidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM). Para Nacarino, esta carencia dificulta abordar desde una misma mirada problemas que ya tienen una escala supramunicipal. Vivienda, movilidad, educación o desarrollo económico no se detienen en la frontera de un municipio, mientras que las decisiones continúan repartidas entre los diferentes niveles de administración: municipal, autonómica y estatal. 

En Barcelona, en cambio, esta estructura metropolitana existe, pero, como advierte Miquel Borràs, presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales de Barcelona (FAVB), no siempre garantiza una participación efectiva de los vecinos. Borràs reconoce que los mecanismos formales de participación han aumentado —consejos de barrio, audiencias, sesiones informativas o presupuestos participativos—, pero cuestiona hasta qué punto estos procesos llegan a tiempo para que los vecinos puedan intervenir realmente y tener capacidad real de tomar decisiones. “Muchas veces los proyectos ya vienen hechos”, lamenta. 

A su parecer, la administración presenta una propuesta prácticamente cerrada y deja un margen de tiempo muy reducido para hacer aportaciones. Con este funcionamiento, dice Borràs, estos espacios “se van desacreditando” a los ojos de los vecinos. Una crítica que comparte Nacarino, que alerta de que no se trata “de una participación que permita una incidencia real”. 

La 'Barcelona/Madrid: dues maneres de ser inclusiva' organitzada pel PEMB.
La 'Barcelona/Madrid: dos maneras de ser inclusiva' organizada por el PEMB. © PEMB

Del asfalto a la vivienda

Pero las reivindicaciones que llegan hoy a estos espacios tampoco son las mismas que hace cincuenta años. El movimiento vecinal que en ambas ciudades tomó fuerza a inicios de los años 70 nació en los barrios para reclamar lo que faltaba: asfalto, semáforos, transporte público, escuelas o equipamientos. Con el tiempo, estas necesidades han cambiado y las luchas se han ampliado. La vivienda, la movilidad, el urbanismo, el turismo, los servicios públicos o el desarrollo económico forman hoy parte de las principales preocupaciones entre vecinos, unas preocupaciones que a menudo trascienden el ámbito municipal. Como explica Borràs, “ya no estamos hablando solo de poner un autobús o de hacer un semáforo”, sino de intervenir en cuestiones que condicionan la vida cotidiana y el futuro de los barrios.

Pero la transformación de los barrios plantea también un reto para las propias asociaciones: cómo conseguir representar toda la diversidad en unos barrios que son cada vez más plurales, tanto por el origen de las personas que viven en ellos como por sus edades, intereses y formas de organizarse. Por este motivo, incorporar a gente joven —que, según Borràs, tiende a organizarse más alrededor de causas concretas como la vivienda, la emergencia climática, el ecologismo o el feminismo que a través de las asociaciones territoriales— y a población migrante es hoy uno de los principales desafíos del movimiento vecinal.

Borràs señala también que la dificultad para acceder a una vivienda hace que muchas personas cambien a menudo de barrio y no puedan arraigar en él. Una situación que describe como una especie de “vida nómada” y que, según él, también dificulta implicarse en la vida vecinal y construir vínculos con el lugar donde se vive.

Jornada 'Dues maneres de ser inclusiva'
La jornada ha abordado el reto de cómo construir una ciudad donde el barrio o el código postal no acaben determinando las oportunidades de quien vive en él. © PEMB

Regenerar sin expulsar

Que los vecinos puedan participar no es solo una cuestión de reuniones o procesos de consulta. También implica escuchar qué pasa en los barrios antes de decidir cómo transformarlos. Es este el objetivo que intentan abordar proyectos de regeneración urbana como el Corredor del Besòs —en el entorno del río Besòs, entre Barcelona, Badalona, Sant Adrià de Besòs y otros municipios del área—, y Madrid Sur —que trabaja con barrios del sur de Madrid como Vallecas, Moratalaz, Carabanchel, así como municipios como Móstoles, Fuenlabrada, Alcorcón o Leganés—. 

Vista de la llera del riu Besòs. © Àlex Losada
Vista del cauce del río Besòs. © Àlex Losada

En ambos casos, los profesionales que trabajan en ellos, protagonistas de la segunda parte de la jornada organizada por el PEMB, coinciden en que el conocimiento de los vecinos aporta una información que a menudo “no aparece ni en los planos ni en las estadísticas”, asegura Madalen González Bereziartua, arquitecta y coordinadora de la Cátedra de Regeneración Urbana y Metropolitana en el Besòs (RUMB). Desde la universidad, han trabajado con escuelas y entidades vecinales del territorio para incorporar el conocimiento y las necesidades de quien viven el barrio cada día.

Por este motivo, defienden, es necesario incorporar al proceso la mirada de quien conoce el barrio desde la cotidianidad y hacer de puente entre el lenguaje técnico, la administración y la realidad de las calles. Laura Inés Braojos, miembro del colectivo de arquitectos Madrid Borde Sur, señala la necesidad de “traducir los procesos urbanísticos para que sean “comprensibles y accesibles para los vecinos”, especialmente para colectivos como los adolescentes o la población migrante. 

Sessió Barcelona Madrid
La sesión también ha abordado cómo transformar o regenerar los barrios, desde el punto de vista urbanístico, sin expulsar a los vecinos. © PEMB

Es una manera de trabajar que han intentado aplicar en los proyectos piloto que han desarrollado en el barrio de San Cristóbal, al sur de Madrid, donde la participación de los vecinos ha servido para incorporar al proyecto una mirada más cercana a las necesidades del barrio. Para Braojos, explicar también estos casos en que la participación ha dado resultados es importante para generar confianza y demostrar a los vecinos que implicarse puede generar resultados. 

Alejandro López, del colectivo Madrid Borde Sur, también alerta de que la participación de los vecinos es clave para que los procesos de regeneración y transformación urbana no acaben provocando gentrificación y expulsando precisamente a las personas que vivían allí. Que sean los mismos residentes quienes ayuden a identificar las necesidades del barrio y a definir las actuaciones puede contribuir, defiende, a evitar que una mejora del entorno acabe convirtiéndose en una nueva fuente de desigualdad. Al fin y al cabo, el reto de estas transformaciones es que mejorar un barrio sirva para hacer más fácil la vida de quienes lo habitan, y no para obligarlos a marcharse de su código postal.

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Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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