Se dice que, cuando Alonso de Ojeda y Américo Vespucio llegaron en 1499 a las aguas próximas al lago de Maracaibo, los palafitos levantados sobre el agua les recordaron a Venecia. De aquella imagen habría nacido Veneziola, la pequeña Venecia y, después, Venezuela. La historia del nombre tiene otras teorías, pero siempre me ha interesado esta: un país bautizado a partir de una semejanza, de la necesidad humana de mirar un lugar nuevo y buscar en él algo que ya conocemos.
Tal vez, cuando un país queda lejos, hacemos el camino inverso. Lo buscamos en una arepa, en un papelón o incluso en un tequeño. Este último es casi un detector infalible. Puede que un restaurante no se presente como venezolano y que su chef haga cocina creativa, francesa o completamente libre, pero, si en la carta aparece un tequeño, es fácil sospechar que en algún rincón de la cocina hay alguien del país. La memoria gastronómica tiene estas maneras discretas de hacerse visible.
Desde los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio, esa memoria parece haber ganado fuerza. En Barcelona y en otros puntos de España, varios cocineros, muchos de ellos venezolanos, aunque no solo, han empezado a organizar cenas, crear platos, abrir restaurantes en días de descanso o transformar proyectos que ya tenían entre manos en herramientas para recaudar fondos. Mientras tanto, en Venezuela, restaurantes, escuelas de cocina y voluntarios han mantenido los fogones encendidos para preparar comida.
Andrés Torres, del restaurante Casa Nova, en el Penedès, está estos días en Venezuela participando directamente en acciones humanitarias. Antes de marcharse, trabajó con Antonio Bachour, reconocido chef pastelero internacional, en un postre solidario elaborado con cacao, fruta de la pasión y mango. Pronto podrá encontrarse en Forn Enrich, Pastisseria Xarel·lo y Pastisseria Hofmann, entre otros establecimientos. Más allá de su composición, lo que importa es la iniciativa: convertir un ingrediente vinculado al territorio venezolano en una forma concreta de ayudarlo desde la distancia.
Bachour también participa en una propuesta que amplía esta red más allá de una sola elaboración: un recetario digital con fórmulas cedidas de manera altruista por chefs y pasteleros como Jordi Roca, Miquel Guarro, Saray Ruiz y Andrea Dopico. Para conseguirlo, hay que realizar una donación a una de las ONG que trabajan en Venezuela y enviar una captura del justificante por mensaje directo a la chef pastelera Ester Roelas, que gestiona el envío del libro.
En el restaurante Franca, la respuesta de los chefs Joshua McCarty, Fran Baixas y Gianmarco Greci, este último venezolano, ha tomado forma de arepa. El local, que habitualmente cierra los domingos, ha decidido levantar la persiana para servir arepas y papelón y destinar el cien por cien de la recaudación a Venezuela. Hay algo especialmente poderoso en esa imagen: una cocina que abre precisamente el día que debería estar cerrada porque, al otro lado del Atlántico, hay gente que necesita ayuda.
Junior Martínez ha elegido otro lenguaje. Ha creado una camiseta de edición limitada que homenajea al pintor venezolano Gerd Leufert a través de la identidad visual del Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Situado en La Guaira, uno de los territorios más afectados por los terremotos, el aeropuerto es también una de las grandes puertas de salida y regreso de la diáspora venezolana. Los beneficios se destinarán a World Central Kitchen y, el 15 de julio, Bar Brutal reunirá vino, música y estas camisetas en un encuentro solidario.
El chef Alejandro Serrano también ha dado una dimensión solidaria al nacimiento de Nexo Rosa, una plataforma concebida para conectar gastronomía, arte, moda, música, diseño y otras disciplinas. El primer invitado será el cocinero venezolano Santiago Fernández, con quien compartirá una residencia creativa que pasará por distintas ciudades de España. El proyecto culminará los días 19 y 20 de julio en Miranda de Ebro con un menú solidario cuyos beneficios se destinarán a los afectados por los terremotos.
Y habrá más. Esta semana, Juntos por Venezuela ha reunido a músicos, comediantes, DJs, cocineros y artistas en una jornada solidaria con empanadas de La Poderosa y arepas de Ïnta. La próxima semana, Aula Canal acogerá una venta de pastelería a cargo de Anna Katherina, con todos los beneficios destinados a World Central Kitchen. Ante la emergencia, cada uno ha buscado cómo ayudar desde lo que mejor sabe hacer: cocinar, hornear, diseñar, convocar o movilizar a su comunidad.
Esta respuesta también hace visible una presencia venezolana en Barcelona mucho más profunda de lo que a menudo sabemos ver. En los momentos tranquilos, los cocineros pueden permitirse alejarse de la cocina de origen, deconstruirla, mezclarla o incluso dejarla atrás durante un tiempo. Cuando las cosas se tuercen, en cambio, parece que el cuerpo recuerda antes que nosotros. Volvemos al plato que sabemos hacer, al sabor que todos reconocen, a la receta capaz de convocar a una comunidad en pocas horas.
Estos días, la comunidad no es una idea abstracta, sino una cadena de acciones concretas: cocinar, abrir, vender y recaudar. Una arepa no puede reconstruir un país, pero sí reunir a las personas que todavía buscan cómo ayudarlo. Tal vez el alma llanera no sea solo la que nace "a la orilla del Arauca vibrador". También es la que, cuando esa orilla queda lejos o herida, enciende el fuego para que la distancia no lo ocupe todo.
