El Arca de Noé: 100 años haciendo cultura y reuniendo personalidades "animales" de Barcelona

La asociación L'Arca de Noè promueve la cultura popular desde el humor. © L'Arca de Noè
La asociación L'Arca de Noè promueve la cultura popular desde el humor. © L'Arca de Noè

Nombres de animales, tradiciones catalanas, cenas que se llaman 'piensos' y restaurantes que son 'establos': un siglo de la entidad que emergió del modernismo con el humor y la cultura como bandera

(Redactora)
26 de septiembre de 2026 - 05:30

Elefante nos recibe en el Real Círculo Artístico. En otros ámbitos, se le conoce como Robert Cristóbal, pero en la asociación que preside, todo el mundo lo conoce como Elefante. Allí, los miembros no se conocen por su nombre habitual, sino por un animal. Es el Arca de Noé, que se prepara para celebrar su primer siglo de actividad como asociación lúdica y cultural, con un origen que se cruza con el del espacio donde Elefante nos cuenta la historia, donde las cenas son piensos; los restaurantes, establos, y todo el mundo necesita un padrino, un ritual de bautismo y haber hecho una animalada.

En 1927, el periodista Joaquim Ciervo se propuso animar a un amigo deprimido y enfermizo; era Santiago Rusiñol, con un estado de salud delicado y alejado de la intensa vida cultural que había vivido hasta entonces. Ciervo le planteó una idea para salir de la espiral de desánimo y aburrimiento: ¿por qué no crear una sociedad cómica? La idea llegó con una propuesta concreta: aprovechar que compartían apellidos de animales —ciervo y ruiseñor (Rusiñol)—, para crear un Arca de Noé integrada por personas con nombres y apellidos de animal.

Ciervo entusiasmó a Rusiñol, y así empezó a andar una asociación que, un siglo después, promueve la cultura popular desde el humor, con iniciativas que van desde encuentros culturales y de apoyo a tradiciones catalanas, como los Tres Tombs, a la colaboración con entidades de la ciudad con los animales como hilo conductor, entregas de premios y el desfile del Hombre dels Nassos —sí, son los encargados de pasearlo el único día del año que sale a la calle—. Sus cenas son piensos; los restaurantes, establos, donde se encuentran sus miembros nueve veces al año. Son 400, con cerca de 145 activos.

Robert Cristóbal, president de l'Arca de Noè, on se'l coneix com a Elefant.

Robert Cristóbal, presidente del Arca de Noé, donde se le conoce como Elefante. © TNBP

Pero ya no todos tienen nombre de animales; esta regla mutó poco después de que Ciervo y Rusiñol pusieran en marcha la entidad: “Cuando llevaban ocho o diez meses, ya se habían acabado los animales de Barcelona, y se fueron abriendo, pero también con ciertos requisitos”. Era necesario tener una sensibilidad especial hacia la cultura y la ciudad, y que se hubiera hecho una “animalada”: la de Elefante es haber sido miembro fundador de los scouts catalanes, gesta con la que entró a formar parte del Arca hace 25 años.

Con esta inclinación hacia la cultura, y con Ciervo y Rusiñol al frente, la entidad atrajo a personalidades destacadas del mundo cultural y de otros ámbitos de la ciudad, y de más allá: “Antes de la guerra, se recibían peticiones para entrar desde todo el mundo. Se rechazó una de un boxeador de Estados Unidos porque no era el perfil del Arca”. Y es que, para formar parte de ella, aparte de la sensibilidad cultural, otro requisito era (y es) tener sentido del humor. Para entrar, también hay que tener dos avales, ir a dos piensos, un padrino y un ritual bautizo, con el nombre de animal con el que el nuevo miembro se sienta identificado, o bien aquel que los miembros consideren que más le conviene (sin repetir ninguno). Al inicio, además, estaba reservada a hombres, y la entidad se abrió a las mujeres hace dos décadas. 

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Miembros del Arca de Noé en el Palau de la Música Catalana. © L'Arca de Noè

Con el rebautizo, en el Arca, los cargos, los apellidos y las trayectorias quedan fuera de la puerta del establo. Alcaldes, artistas, periodistas, deportistas, empresarios y perfiles más anónimos pueden haber llegado hasta allí (o no) con una lista de méritos, pero dentro de la asociación, todos son animales. Es una de las particularidades que ha convertido el Arca en un punto de encuentro singular de Barcelona: durante los piensos, las jerarquías se desdibujan y los nombres reales dejan paso a los animales. Un alcalde, una artista o un barcelonés sin proyección pública pueden sentarse al lado y, durante unas horas, dejar atrás sus papeles. 

Para entrar, hay que tener dos avales, ir a dos piensos, un padrino y un ritual bautizo, con el nombre de animal con el que el nuevo miembro se sienta identificado (sin repetir ninguno)

Y es que, a lo largo de su siglo de historia, entre los miembros del Arca no han faltado nombres tan destacados como el de Casas y Tàpies o, también, la mayoría de los alcaldes de la ciudad, ya del Arca antes de llegar a la alcaldía. Profesionales de todos los ámbitos, desde artistas a periodistas y deportistas, y políticos de todos los colores han pasado por el Arca, que ejerce de punto de encuentro de barceloneses destacados y anónimos que aquí se conocen por su nombre animal y no por el suyo propio. “El objetivo es pasárselo bien, haciendo cultura, y también con mucho humor e ironía”, incluso con performances en sus piensos y con una estética bien reconocible: los encuentros del Arca tienen un protocolo de vestimenta, con banda roja con el nombre de cada animal, combinada con ropa y sombrero negro en invierno, y blanca y sombrero de paja en verano. 

“El Arca siempre ha querido ser algo que dé valor a la sociedad y a Barcelona”, destaca Cristóbal. Este valor toma forma de cultura y la preservación de tradiciones, pero también como punto de encuentro de perfiles de influencia de la ciudad, lejos del foco y con un ambiente distendido y festivo. De hecho, en los estatutos originales se estableció una regla sobre los piensos: “No se podía hablar ni de política, ni de religión ni de toros, porque eran temas que generaban confrontación”. Ahora, como explica Cristóbal, se puede hablar de todo, desde este tono de humor e ironía, y teniendo en cuenta que la diversidad de sus miembros permite que siga siendo un nexo entre perfiles de todos los ámbitos, incluso políticos de colores diversos. 

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El Arca de Noé recuperó la figura del Home dels Nassos. © L'arca de Noè

Este valor también se otorga con una consolidada relación con el Zoo de Barcelona, donde promovió la instalación del monolito de Félix Rodríguez de la Fuente cuando falleció y donde apadrina animales, desde Copito de Nieve a la jirafa Thembi. El Arca también tiene apadrinada una perra policía y un caballo de la Guardia Urbana. Colabora en la organización de los Tres Tombs, y recuperó la figura del Home dels Nassos, que sale el 31 de diciembre y, además, corre la Cursa dels Nassos. La entidad también aporta valor a la ciudad en forma de premios: desde los 60 otorga los premios de periodismo Pantera y Gacela —al periodista más agresivo y al más ágil y rápido— y, desde 2002, también entrega el premio Paparra, que distingue a entidades que defienden sus fines de manera insistente. 

“Si el Arca ha sobrevivido hasta ahora es porque siempre ha sabido adaptarse a los tiempos del momento”, defiende el Elefante. Lo mismo ocurre con la cultura: “La cultura tiene que ir cambiando para que no se pierda”. Mientras se prepara para un año de celebración por el centenario, el Arca mira al futuro para seguir preservando e impulsando esta cultura y la ciudad de animaladas, como ha hecho desde que nació con nombres de animales de alma modernista. 

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Anna Badia López
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