Adrià Argemí es un ingeniero catalán, cofundador y consejero delegado de Pangea Propulsion, la empresa aeroespacial que fabrica sistemas de propulsión reutilizables para cohetes y satélites. También es el ganador del premio Jove Empresari de AIJEC (Associació de Joves Empresaris de Catalunya) de este año. Su vocación siempre ha sido el espacio y bajo su liderazgo, la compañía ha ganado reconocimiento industrial y se ha convertido en la pionera de unos motores que propulsan el futuro del sector. Recibe a The New Barcelona Post en su sede en la Zona Franca de Barcelona. Dentro de uno de sus despachos, bajo la frase We turn bold ideas into tangible realities (Convertimos ideas audaces en realidades tangibles), Argemí habla de todo lo que queda por hacer en el sector espacial y las trabas que encuentran empresas como la suya. Desea un mercado único europeo y exige transparencia para la ciudadanía en términos de defensa y recuerda que las empresas pequeñas también tienen mucho que decir. Con la reciente apertura de una nueva planta de fabricación en L'Hospitalet de Llobregat y un nuevo acuerdo con Indra, Argemí lidera ahora el salto de la empresa hacia la producción en serie, con la ambición declarada de convertir Pangea en "el Rolls-Royce del espacio".
—¿Cuáles son hoy los principales objetivos del sector aeroespacial actual?
—Lo primero que te diría es que ahora el hombre ya no quiere ir a la Luna, se quiere quedar. Desde que se empezó a privatizar el espacio y que salieron emprendedores como Jeff Bezos o Elon Musk, que han hecho mucho por la evolución tecnológica —no entraré a valorar las personalidades, por decirlo finamente—, ha cambiado el modelo. Han decidido que una misma empresa puede hacerlo todo, es decir, diseñar el cohete y dar el servicio final. No solo comprar piezas aquí y piezas allá, sino hacer de integrador. Así han demostrado que gracias a esto pueden tener los costes más controlados y ofrecer un coste de acceso al espacio más barato. Y en el caso de SpaceX esto tiene sentido porque, sobre todo, ellos mismos son su propio cliente.
—¿Es este cambio lo que ha hecho crecer el interés por llegar al espacio?
—Esto ha cambiado un poco el statu quo. Ahora estamos viendo que hay mucha gente, ya sean instituciones públicas, países o empresas privadas, que quieren tener este acceso al espacio porque quieren dar un servicio de lo que sea. En otras palabras, hay mucha gente que quiere hacer cohetes. Crece el volumen y el interés por tener cosas en el espacio y como los hay de carácter amigo, pero también de no tan amigo, todo el mundo quiere llegar. Ahora bien, cuanto más grandes son los cohetes, más grandes son los costes y, en el caso de Europa, aquí es donde entra Pangea Propulsion.
—¿Vosotros tenéis un modelo único de propulsión?
—Nosotros abastecemos de propulsores para lanzar los cohetes de nuestros clientes. Vendemos a terceros propulsores reutilizables y remarco reutilizables porque es importante. Hoy en día hay muchos cohetes, pero de un solo uso. Por ejemplo, en el caso europeo tenemos un cohete institucional que funciona muy bien, pero no es reutilizable, y cada vez que queremos lanzar lo tenemos que volver a fabricar. Son —como te puedes imaginar— muchos millones de euros que duran media hora como mucho y luego se caen al mar.
—¿La reutilización es, por lo tanto, uno de los grandes retos actuales del sector europeo?
—No solo europeo. Nosotros queremos ayudar con esta nueva tecnología para garantizar que los cohetes europeos también pueden ser reutilizables. Pero nuestra ambición es poder vender a otros países o empresas. Queremos hacer ver que es más rápido ir a Pangea Propulsion que internalizar todo el conocimiento para hacer motores de cohete, que, cuando menos, es complejo y las barreras de entrada son muy altas.
"Somos expertos en propulsión, en cualquier tipo de motor cohete"
—Ahora vendéis a terceros, pero Pangea empezó con la idea de desarrollar un cohete completo, como hacen las empresas de SpaceX que comentabas. ¿Por qué acabasteis centrándoos en la propulsión?
—Correcto. Cuando empezamos queríamos hacer todo el servicio. Queríamos hacer todo el cohete. En este caso, un cohete pequeño, lo que se llama microlanzador, es decir, que podíamos llevar menos de una tonelada en órbita baja, por debajo de dos mil kilómetros de altura, más o menos. Vimos, sin embargo, que aquello era muy complicado. Era Rocket Science (ríe).
Hacer un cohete no es solo fabricarlo, también es ponerlo en marcha y debe operar perfecto, no puedes ir con una rueda pinchada al espacio. Aparte, no es precisamente un proceso de una gran rentabilidad económica y tampoco teníamos la experiencia. Lo que sí teníamos era una fuerte presencia y conocimiento en propulsión, así que dijimos: “Si este motor es tan bueno como nosotros creemos que es, porque lo íbamos a hacer nosotros, ¿por qué no lo podemos ofrecer a terceros?”. Este fue un poco el pivote y ahora somos expertos en propulsión, en cualquier tipo de motor cohete: para acceso al espacio, para grandes cohetes o también para la movilidad en el espacio.
—¿A qué clientes os dirigís y dónde ponéis los límites a la hora de vender esta tecnología? ¿Cuál es vuestra línea roja?
—Trabajando en tecnologías críticas, no podemos vender, como puedes imaginarte, a quien queramos y haciendo una sola llamada. Y si nos llama Irán —es un ejemplo muy exagerado—, podemos coger el teléfono, pero no podemos enviarle ningún tipo de información. Así pues, nuestra línea es trabajar con, sobre todo, empresas europeas y todos los países que sean miembros de la OTAN y aliados. Que a mí utilizar la palabra aliados me parece casi surrealista, pero es la palabra que mejor lo define.
—La Comisión Europea les dio un premio el pasado enero como producto rompedor e innovador. Ahora se han convertido en todo un referente europeo. ¿Cómo valora el nivel tecnológico de Europa en el sector aeroespacial?
—Europa tiene el talento y tiene la tecnología. A veces lo que le falta es liderazgo. Creo que lo tenemos todo, pero faltan esas ganas de encontrar una solución o potencial solución a un problema, no 27.
—¿La fragmentación entre los 27 estados también dificulta esta capacidad de avanzar?
—Sí, nos disparamos el pie cada día. Pero también creo que hay una parte regulatoria. A veces Estados Unidos o China van mucho más rápido. Al final esto ya es prácticamente una carrera de velocidad, a ver quién ejecuta lo antes posible. Europa, es verdad que desde un punto de vista regulatorio cuesta, y más en un sector tan regulado como el aeroespacial, donde lo tienes que hacer todo muy bien. No quiero decir con esto que se tenga que hacer a la brava, pero a veces son palos en las ruedas. Y para conseguir licencias y para construir infraestructuras te pasas años.
—En los últimos años ha aumentado el peso de la defensa en el sector aeroespacial. ¿Tenemos que sufrir por este cambio?
—Más que revertir el sufrimiento o miedo, se debe ser transparente en este sector. Todos sabemos que el espacio es, por definición, de doble uso. Cuando se lanzó el Sputnik no se hizo para quedar bien o hacerse una foto. La defensa siempre ha estado en el espacio. Dicho esto, es verdad que ahora en la sociedad española —no tanto en la catalana, que todavía es muy reacia a la defensa— cada vez más gente se interesa por el concepto al ver este contexto actual tan loco.
—La defensa en el espacio es una realidad, nos guste más o menos. Estados Unidos hace poco ya confirmó de manera abierta que tenía armas en el espacio. Entonces, yo creo que nosotros, que estamos en el sector, tenemos un poco esta obligación de decir que esto está pasando. Debemos explicar por qué parte del dinero de un ciudadano europeo se dedicará a defensa y explicar qué significa la protección o defensa del estado del bienestar.

—¿Y qué significa exactamente defensa en vuestro sector?
—La defensa la pone el cliente, para nosotros es el mismo motor. Es la aplicación final lo que acaba derivando o tirando la balanza más hacia un uso de defensa. La diferencia se encuentra en la burocracia. Imaginémonos una misión con un satélite para el cual construimos un motor y que este satélite es de defensa y hace fotos de una frontera. El papeleo que tengo que rellenar es mucho mayor que si ese mismo motor lo pongo en un satélite para hacer selfies o hacer fotos del Delta del Ebro, por temas de cambio climático.
—Un concepto que a menudo suena en los sectores tecnológicos más nuevos es la soberanía. ¿Qué significa la soberanía en el sector aeroespacial?
—Soberanía estratégica en el campo aeroespacial significa que Europa pueda lanzar y llegar al espacio cuantas veces quiera, cuando quiera y como quiera. Hoy en día todavía hay componentes de cohetes que no vienen de Europa —no lo digo por nuestro caso—. Garantizar la autonomía o soberanía significa que tienes toda tu cadena de suministro en Europa o en países aliados. Tener las tecnologías para no depender de nadie. Ya sea para subir cargas o, en un futuro cercano, para subir incluso nuestros propios astronautas, por si tenemos que ir a la Luna o si nos tenemos que quedar allí.
—Habla de una nueva carrera por llegar a la Luna. ¿Qué está pasando actualmente?
—Desde hace un año los nuevos planes de la NASA han dejado un poco de lado Marte para volver a la Luna, para quedarse. Lógicamente hay un interés científico importante, sobre todo en los polos de la Luna, porque sabemos que hay agua y, si hay agua helada, puedes hacer energía, hacer combustible, puedes soportar la vida, etc.
—¿Y por qué ahora?
—Estados Unidos ha visto que sus amigos chinos tienen su plan a 50 años vista para la Luna y, tarde o temprano, llegarán. Entonces han dicho: “yo también” o “yo primero”. Esto obliga a todo el mundo a entrar y se acaba convirtiendo en una carrera real.
—¿Europa se está quedando atrás en esta carrera?
—De momento, sí. Ahora, con el wake-up call este de defensa, tenemos que actuar ahora, porque ya vamos tarde con muchas tecnologías. Por ejemplo, la reutilización: tenemos todavía cohetes de usar y lanzar. Es ahora que se tiene que invertir en esto. Yo siempre que hablo con políticos les digo lo mismo: necesitamos un liderazgo. No digo que busquen las soluciones técnicas, pero si hay una voluntad europea conjunta de ir hacia allí, que nos lo digan a nosotros como industria y después ya intentaremos organizarnos para encontrar esta solución.
—¿Qué falta para que Europa pase del debate a una estrategia conjunta?
—Tenemos muchas conversaciones pero, claro, entonces todo el mundo quiere decir la suya: los alemanes aquí, los franceses, los españoles... Hace falta una estrella polar, un liderazgo que decida y garantice que hay financiación y que hay normas iguales tanto para pequeños como para grandes.
—¿Cambia mucho el contexto para una empresa pequeña y una grande?
—Es un sector en el que hay grandes empresas industriales que no sabes muy bien por qué, pero parece que tengan una cuota de participación asegurada en muchos proyectos y tú, como pequeño, para meter una patita, tienes que pasar muchísimas pruebas incluso regulatorias.
—¿Hay suficiente capital para impulsar este desarrollo?
—Desde un punto de vista público empieza ahora. A finales de 2026 o 2027 se decide el próximo MFF, es el Multi-Annual Financial Framework de la Comisión, que son 7 años y será dinero para todo, de todos los verticales que cubre. Ya se ha dicho que, desde un punto de vista aeroespacial, defensa y energía el grifo estará abierto. Ahora hay mucha gente también que está diciendo: “¿Por qué no utilizamos los fondos de pensiones soberanos de muchos países unidos?”. Se supone que hay alrededor de 10 trillones. Es decir, el dinero podría estar. De nuevo, falta liderazgo y el acuerdo entre todos.
"Falta liderazgo y el acuerdo entre todos"
Desde un punto de vista privado, empiezan a haber muchos fondos de capital que se interesan por la tecnología espacial o de doble uso. Sin embargo, siempre piden que haya un 50-50 de capital público y privado. Es la combinación de los dos.
—Por lo tanto, ¿el problema vuelve a ser más de liderazgo y coordinación que de falta de capital?
—Exacto. Y en el caso de la defensa también lo vemos, claro. Hoy en día una empresa puramente de defensa —no es nuestro caso— vende una cosa a un Ministerio de un país y luego se la vende a otro Ministerio, en otro país. ¿Por qué no podría haber una centralización de la demanda, por ejemplo, de satélites para ir al espacio o de defensa? Uno de los grandes problemas que tenemos aquí en otros sectores es la falta de una demanda agregada; no hay un mercado único.
—Han llegado a un acuerdo con Indra para ser su proveedor preferente de sistemas de propulsión: ¿qué representa, para el crecimiento de Pangea en defensa, trabajar con un grupo tan vinculado a este sector?
—Hombre, si lo hacemos bien, puede suponer pasar de ideas a primeras entregas, a primeros vuelos, a primeras misiones, de manera recurrente, en este caso con Indra, el campeón nacional, como mucha gente dice. Ser uno de sus proveedores de propulsión. Esto nos da predictibilidad. Este también es un concepto que el sector exige mucho a los líderes. Estoy de acuerdo con hacer inversiones y apostar por desarrollar estas tecnologías, pero yo tengo que tener una visión como empresa. No somos un centro de investigación, necesito una dirección, si no, el inversor me dice que el ROI no sale.
—¿Qué papel puede jugar Catalunya en este sector?
—Mira, Catalunya es una mini Europa. Tenemos todas las capacidades. Falta entender que, si queremos apostar por esto, es necesario que haya el apoyo, esta predictibilidad desde la gobernanza, de decir que sí, es un sector muy interesante por el potencial de crecimiento que tiene.
Es un sector que está en crecimiento, en un momento donde hay otros sectores que históricamente han sido importantes en Catalunya que están en declive, como la automoción. Nos escriben cada semana dos o tres empresas que trabajan con grandes gigantes como Seat a preguntar si pueden hacer alguna pieza para nosotros. Y algunas veces hemos tenido sorpresas positivas, compañías que no tenían ni idea de que podían hacer material para el espacio. También es romper con el estigma. No somos tan raritos. Es desde fuera que hay esta percepción de que es todo high-tech y vamos todos con bata.

—¿Catalunya puede ser un gran polo para el sector espacial?
—Catalunya, de nuevo, tiene las capacidades. Yo espero que también tenga el apoyo político o las ganas, que esto es un sector en crecimiento, de alto valor añadido, que permite tener puestos de trabajo cualificados. También salva la salida de talento. Yo estudié aquí, me formé aquí y me fui muchos años, hasta ahora. Siento que de alguna manera estamos aportando nuestro granito de arena, que hay empresas que estamos ofreciendo una salida en vez de dejar que se vayan. Catalunya tiene un papel importante que jugar en el sector aeroespacial español, pero diría que falta clarificar y asegurar que, desde el punto de vista del gobierno —que no pongo en duda—, se vea que hay una estrategia de espacio. ¿Qué quiere decir? ¿Cuáles son los proyectos que habrá?
—¿Y qué papel quiere jugar Pangea dentro de este ecosistema europeo?
—A Pangea, siempre lo digo en todas las entrevistas: queremos ser los Rolls-Royce del espacio. Queremos ser el proveedor de motores de referencia en Europa y fuera, para el acceso al espacio, para el movimiento en el espacio. Que todo el mundo que piense en nuevos desarrollos en componentes críticos de propulsión piense en Pangea Propulsion.
Añadir The New Barcelona Post como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.


