Xavier Garcia estaba estudiando diseño industrial cuando se introdujo en el mundo de las gafas. Lo que entonces fue una decisión práctica ha acabado dando forma a una marca reconocida internacionalmente por sus diseños llamativos y singulares. “Un profesor me dijo que aprovechara que era joven para salir fuera, buscarme la vida y aprender. Y ahí entró mi padre, que estaba metido en el mundo de la óptica. Él me ayudó a buscar fabricantes de gafas en el extranjero para que fuera a aprender por la parte del diseño”, relata Garcia décadas después de esos inicios, en los que rememora que los contactos de su padre fueron aún a través del fax: “Un fabricante italiano de Ravenna accedió a que fuera a aprender, y ahí empecé mi andadura en la óptica”.

Así fue como la mirada de diseñador industrial de Garcia se fusionó con un mundo que va más allá del diseño de un objeto, y es que las gafas definen la mirada y construyen la expresión e incluso la identidad de quien las lleva —además de su uso indispensable para la vista. Aquellos primeros años le sirvieron a Garcia para conocer el oficio desde dentro. Después regresó a Barcelona y trabajó como diseñador freelance para fabricantes españoles y franceses: dibujaba bocetos y colecciones, desarrollaba planos y proponía ideas.
Sin embargo, sentía que faltaba una parte esencial del proceso: "Vendía papel, croquis y diseño, pero no vivía cómo aquello acababa convirtiéndose en un objeto", recuerda. Esa inquietud se fue haciendo grande hasta que en 2004 dio el salto y se asoció con un pequeño taller familiar barcelonés especializado en monturas de acetato. Así, cerró el círculo, para poder acompañar una pieza desde el primer trazo hasta el producto terminado.

“De diseñar un boceto a tenerlo en la mano hay una diferencia abismal. Me faltaba ese paso, el de vivir la creación pensada convertida en realidad”, destaca García. Arrancaron la empresa —bajo el nombre de Solo Gafas— vendiendo sobre todo a nivel local, con un modelo que funcionó hasta que llegó la crisis de 2008, que dejó a su paso cierres y deudas.
“Fue volver a empezar. Y tuve claro que la única manera de que funcionara la firma era conseguir poner los pies en el mercado internacional”. Así, su producto de sello barcelonés empezó a explorar mercados como el alemán y el francés. “Al cabo de un par de años asistíamos a las principales ferias a nivel internacional”. Ahora, las gafas de Xavier Garcia enmarcan miradas desde Australia hasta Canadá, pasando por Francia, Italia o Alemania: “La marca se ha hecho hueco dentro del mundo de la óptica internacional”.
Lo ha hecho a base de modelos singulares que nacen de un proceso creativo que se aleja de esperar que la inspiración le llegue delante de una hoja en blanco. Al contrario: Garcia crea y diseña a base de “pisar fábrica y entender los procesos de fabricación y los límites de los materiales y las máquinas”. Así, en este diálogo entre ideas y materiales, explora hasta dónde puede llevar cada elemento: “Me gusta jugar dentro de las posibilidades que te da el proceso de producción”. Cada material, con sus particularidades: “Las gafas de metal las entiendo como pequeñas estructutras, y el acetato, la pasta, es totalmente distinta. Cada material te da unas posibilidades, y juegas con ellas”.

Con este proceso creativo dinámico, siempre respaldado sobre el sello de Barcelona aunque ahora con proveedores internacionales, ha llegado a combinar materiales, texturas, colores y materiales, llevándolos, en ocasiones, al límite: “Empecé a jugar con planchas de acero inoxidable y soldando una plancha con otra, y empezaron a aparecer estructuras similares a esculturas”, ejemplifica el diseñador.
“Voy creando con el material, y no en función de tendencias”; el material es el que marca el ritmo: “Si un material te da transparencias y texturas, tienes que profundizar en ellas”. Ahora, ese torrente de creatividad pasará de adoptar forma de monturas para coger otros caminos, y es que Garcia está preparando la venta de la firma, después de que echara a andar hace más de 20 años. Diversos compradores han mostrado interés por la marca, que lleva décadas labrándose un nombre en el mercado internacional, desde el Poblenou. Garcia apuesta por dejar a un lado la gestión empresarial para poderse centrar en su faceta más creativa, para cerrar una trayectoria de diseño con dos aspiraciones: viajar en autocaravana y pintar paisajes, cambiando la montura por el lienzo, desde la misma mirada.



