El verano acaba de empezar, y vuelven las mañanas de playa, las tardes de piscina, las noches de chiringuito y los días en bañador. Una pequeña prenda de ropa que puede tener detrás concepciones de la moda y de la industria muy diversas, con miradas más o menos sostenibles, o más o menos cercanas. Es aquí donde nos detenemos en la primera entrega de la nueva sección Made in Barcelona: en una marca familiar que ha construido su trayectoria apostando por la producción de proximidad y por la sostenibilidad, incluso llevando residuos recuperados del mar hasta sus bañadores.

Bohodot nació en 2012 en Barcelona, a raíz de un imprevisto: la diseñadora Peque de Fortuny perdió el trabajo y, junto a su hija Cristina Torras, entonces estudiando de ADE y con ímpetu emprendedor, decidieron lanzarse al diseño de piezas de baño con esta mirada sostenible y mediterránea, caracterizada por estampados y texturas suaves y de aire bohemio. Esta aventura de madre e hija acabó tomando forma bajo el nombre de Bohodot —una combinación de boho y dot, en referencia a los bañadores que marcaron las primeras colecciones.
La marca, que acaba de celebrar su 14º cumpleaños, empezó vendiendo biquinis a amigos y conocidos, y fue ampliando su abanico de clientes hasta que acabó poniendo en marcha primero la venta en línea y, a partir de 2018, también a través de tiendas físicas propias. La producción se encargó a un taller local que se fue convirtiendo en el proveedor de la marca. Ahora con una boutique en la calle Laforja de Barcelona y una en Begur, sigue fabricando en el entorno de Barcelona, y ha ido ampliando su catálogo, que ahora también incluye ropa, pijamas, y bañadores masculinos e infantiles. Todas las líneas mantienen el mismo aire bohemio y mediterráneo, y han permitido desestacionalizar la marca e ir más allá de los bañadores y el verano.

A través de la venta en línea y a través otras tiendas, Bohodot ha ido ganando presencia también internacional (con clientes incluso en la Casa Real, con un modelo de la Princesa Leonor que se agotó en pocas horas cuando se reveló que era de la marca). Así, la firma se ha ido consolidando manteniéndose en sus principios de diseñar y producir localmente, crecer a un ritmo sostenido y pausado y mantener una relación estrecha con el entorno, también para inspirarse con sus colecciones para evocar la luz y los colores de la costa.
Con una quincena de trabajadores, la empresa mantiene la apuesta por la producción de proximidad como uno de sus sellos; se mantiene en el entorno barcelonés pese a la tendencia de la industria textil europea de trasladar su producción a terceros países. Esta decisión responde tanto a una cuestión de filosofía empresarial como de control de calidad, ya que producir cerca permite supervisar los procesos, reducir transportes y, a la vez, dinamizar ecosistema industrial que durante décadas fue uno de los motores económicos de Catalunya.
En los últimos años, esta apuesta por la proximidad se ha complementado con un compromiso creciente con la sostenibilidad. La marca ha incorporado progresivamente tejidos reciclados a sus colecciones, muchos de los cuales provienen de residuos recuperados del Mediterráneo, como redes de pesca abandonadas y otros plásticos recogidos del mar. Estos materiales son transformados en nuevas fibras textiles que permiten fabricar piezas de baño con menos impacto ambiental y que contribuyen a la circularidad. Todo esto en un contexto en que la industria de la moda es una de las más contaminantes del planeta.

Así, Bohodot abandera los valores de la producción arraigada en el territorio, de la esencia mediterránea, de la sostenibilidad y de una historia familiar que ha construido una pequeña marca barcelonesa que ha ido ganándose un lugar al mercado, también internacional, sin abandonar sus principios de origen. Más de una década después del primer biquini, la firma continúa creciendo combinando conciencia ambiental, proximidad y diseño mediterráneo, desde Barcelona.


