La comunidad es, de hecho, el alma del proyecto. No solo entre las clientas —que podrán participar en un amplio programa de actividades para fomentar el sentimiento colectivo—, sino también entre las profesionales, que encontrarán un entorno en el que compartir dudas, proyectos y retos, además de un trampolín para darse a conocer y dar visibilidad a su proyecto. Esta filosofía impregna cada rincón del espacio y cada servicio que se ofrece.
“The Pink Philippa no es solo alquilar un espacio, venir, prestar los servicios y marcharse (como sí ocurre en otros coworkings)”, destaca Helena Prats, impulsora del proyecto. “Es formar parte de un equipo fuerte, donde cada una desarrolla su actividad, pero dentro de un proyecto conjunto, que une, proyecta e impulsa”. La voluntad es clara: generar colaboración, visibilidad compartida y apoyo mutuo. Porque, como defiende Prats, “cuando el talento se comparte, se multiplica”.Después de años ideando y madurando el concepto, el espacio abrirá sus puertas el próximo 20 de marzo, coincidiendo con la llegada de la primavera, en la calle Girona 116, en el Eixample de Barcelona. El antiguo despacho de arquitectos que ocupaba este amplio local se ha transformado completamente desde una mirada holística, con la intención de integrar todas las disciplinas vinculadas con la estética y el bienestar: desde manicuristas y esteticistas hasta masajistas, terapeutas, nutricionistas o instructoras de yoga.Un espacio que conecta talento y comunidad
El objetivo no es solo compartir clientas, sino también conocimiento. “La gran mayoría de profesionales del sector de la belleza son autónomas, un camino que a veces puede resultar un poco solitario y confuso”, remarca Prats. La intención es que en The Pink Philippa encuentren el espacio y la red que las acompañe en sus dudas, las proyecte y les ayude también en la difusión de su proyecto. La clave es la comunidad: cada profesional trabajará ofreciendo sus servicios, pero compartiendo conocimiento, visibilidad y clientas. Este concepto convierte The Pink Philippa en un espacio que supera la simple idea de coworking y se convierte en un ecosistema de crecimiento y creatividad compartida.
La idea inicial evolucionó: en un primer momento valoró abrir una franquicia de uñas —cuando todavía no existía ninguna en la ciudad—, pero finalmente optó por un concepto más ambicioso y social, un espacio vivo donde cada día pudieran suceder eventos y actividades diferentes. Con el asesoramiento de Barcelona Activa, la idea de coworking de belleza y la de espacio social para eventos confluyeron en un solo proyecto: The Pink Philippa. Un proyecto que ha sido posible gracias al microcrédito de 30.000 euros de MicroBank (CaixaBank), la ayuda “Impulsem el que fas” del Ayuntamiento y los ahorros personales de Prats, invertidos en la reforma integral del local.
Una visión holística de la belleza
El espacio de The Pink Philippa es tan flexible como las profesionales que lo habitan. Con 140 metros cuadrados, el local incluye una zona de manicuras con capacidad para seis profesionales, tres cabinas polivalentes para tratamientos faciales y corporales —o incluso consultas médicas como nutricionistas—, una sala de talleres con un gran ventanal —apta tanto para pedicuras como para actividades grupales— y un amplio salón destinado a propuestas comunitarias. La configuración flexible permite adaptarse a múltiples necesidades: masajes, asesoramiento de imagen, talleres creativos, presentaciones o sesiones de bienestar.La variedad de servicios que se ofrecerán en este nuevo espacio refleja también la fuerza del sector de la belleza en Catalunya, que ya concentra más de 780 empresas que facturan conjuntamente más de 12.000 millones de euros anuales y emplean a más de 35.000 trabajadores. Aunque el volumen de negocio está dominado por grandes marcas —como Puig, Eurofragance o Mesoestetic—, el tejido empresarial está formado en gran parte por profesionales autónomas que pueden encontrar en este nuevo proyecto “un espacio de profesionalización, apoyo mutuo y proyección”, como destaca Prats.
Más allá de la belleza, The Pink Philippa también quiere convertirse en un punto de encuentro para la comunidad: desde expats a vecinas del barrio. Talleres, actividades de bienestar, clubes de lectura o sesiones creativas entre amigas formarán parte de una programación pensada para ofrecer momentos de desconexión. “Queremos que la gente sienta que este es su momento para detenerse y disfrutar”, enfatiza Prats. Un espacio para parar, cuidarse y romper con la rutina.
Prats tiene claro que, con el tiempo, estas iniciativas se consolidarán mediante un modelo de suscripciones y experiencias conjuntas que podrán comprar las clientas para acceder a diferentes tratamientos en el mismo local —además de disfrutar de ventajas exclusivas—, generando sinergias entre las profesionales que trabajen en el espacio. “Aquí no solo se trata de vender un servicio”, concluye Helena Prats. “Se trata de crear un lugar donde las profesionales puedan crecer, compartir y formar parte de un proyecto más grande y ambicioso”. Un proyecto en el que, en definitiva, se trasciende el concepto tradicional de coworking para convertirse en un espacio donde comunidad, bienestar y profesionalidad avanzan de la mano.
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