Si volviera a emprender, lo haría como mi abuelo

15 de octubre de 2026 a las 05:30h

Nunca conocí a mi abuelo. Murió unos meses antes de que yo naciera.

Pero he crecido escuchando historias sobre él. Tenía un talento especial para las personas y mucho olfato para los negocios. Empezó de cero y fue construyendo poco a poco una empresa que llegó a ser un referente de la Barcelona de finales del siglo XX: SENDON. Un negocio que acabó cerrando la persiana hace ya más de 20 años.

Me puedo imaginar lo que pensaría al ver cómo acabó su empresa. Pero tengo mucha más curiosidad por saber qué pensaría de cómo hablamos hoy de emprendimiento y de creación de empresas.

Parece que hoy en día solo hay una forma de emprender que merece ser contada. Tienes una idea, levantas capital, creces rápido, levantas más rondas, vuelves a crecer y, si todo va bien, vendes la empresa. A poder ser, antes de cumplir los 40.

La métrica parece ser cuántos millones levantas, cuántos millones facturas y por cuántos millones vendes.

Parece que hoy en día solo hay una forma de emprender que merece ser contada

Yo también quise jugar a ese juego. Y no hablo desde la barrera. He vivido el estrés de emprender. Sin un modelo suficientemente sólido, trabajando por las noches y durante los fines de semana. Esa tensión de caja que te quema por dentro y que hasta te lleva a creerte tus propias mentiras.

Todo este coste personal de perseguir un sueño no lo cuento como un drama, pero tampoco creo que haya que idealizarlo. Emprender no es fácil y cada uno vive su propio camino.

Pero me pregunto por qué contamos tan poco otras formas de emprender.

Porque hay otras maneras. No siempre hay que inventar la rueda. Se pueden crear empresas que resuelvan problemas reales, tengan clientes dispuestos a pagar por ello y cuenten con un modelo de negocio sostenible. Empresas que crecen poco a poco y avanzan al ritmo que el negocio y sus clientes lo permiten.

No hay nada malo en levantar capital. Ni en querer crecer mucho. Hay oportunidades que necesitan inversión para hacerse realidad y proyectos en los que la velocidad es clave. El capital puede ser una herramienta extraordinaria.

El problema aparece cuando una empresa que crece de forma rentable, crea empleo y paga impuestos, parece jugar en segunda división porque no ha levantado una ronda millonaria o no tiene un comprador a la vista. Como si todo lo demás no fueran casos de éxito.

Cada vez valoro más a quienes construyen buenas empresas

Desde mi experiencia como emprendedor y ahora al frente de Netmentora Catalunya, cada vez valoro más a quienes construyen buenas empresas. Empresas que crean puestos de trabajo, que tienen equipos orgullosos de lo que hacen y que aspiran a seguir aquí dentro de 30 años.

No todas tienen que ser unicornios. Ni todas tienen que venderse.

Y, sin embargo, ¿cuántas historias de estas empresas conocemos? ¿Cuántos referentes tenemos de empresarios que han construido algo sólido durante décadas, sin grandes titulares ni rondas millonarias? ¿Son menos interesantes sus historias?

Quizá deberíamos empezar a fijarnos más en el impacto y el propósito de cada empresa. En Netmentora hay una métrica que va a misa: los nuevos puestos de trabajo generados. Es parte de nuestra razón de ser y creo que, con la llegada de la IA, este reto será todavía mayor.

En definitiva, medir el valor que genera una empresa. Aprender a destacar otras cualidades de la figura del empresario. Aunque muchas veces sean intangibles o, desde luego, menos noticiables.

No se trata de sustituir un modelo por otro. Se trata de reconocer que hay más de un camino y que no todos tenemos que recorrer el mismo.

Nunca sabré qué pensaría mi abuelo de todo esto. Pero si algún día volviera a emprender, me gustaría hacerlo como él.