Con motivo del próximo 10 de octubre, Día Internacional de la Salud Mental, el debate público vuelve a llenarse de buenas intenciones y llamamientos a romper estigmas. Sin embargo, los datos continúan revelando un sistema cada vez más tensionado, que interviene cuando el daño ya está hecho. Un ejemplo elocuente es el balance reciente del Hospital Sant Joan de Déu, que durante el 2025 superó las 450.000 consultas de salud mental y atendió a más de 44.000 personas ante nuevas vulnerabilidades. Esta presión pone de manifiesto que confiar solo en la solución clínica resulta del todo insuficiente.
Por otro lado, también como señala el informe de la Societat Catalana de Psicologia Clínica (SCPC-ACAPIR, 2026), La salut mental a Catalunya: entre el discurs institucional i la pràctica real, vivimos una realidad en la que más del 80% de los profesionales constata que buena parte de las consultas tienen un origen social o contextual que no se resuelve con una terapia individual.
Esta disfunción se hace evidente en el trabajo. Cuando el malestar laboral se agrava y la salud mental de los trabajadores se ve afectada, el problema recae en el sistema sanitario, que tiende a individualizar y medicalizar la situación — cuando sería preferible que la empresa en la que trabaja se hubiera anticipado, evaluando su bienestar desde una perspectiva completa y específica. La consecuencia es el colapso de la atención primaria y de la red especializada, donde la media entre visitas llega a los 45 días en adultos y supera los dos meses en jóvenes, haciendo inviable cualquier proceso psicoterapéutico continuado.
Sin embargo, para muchas empresas, sobre todo las pequeñas, la prevención psicosocial puede no acabar de ser el barómetro que permita construir estrategias de bienestar adaptadas para ser implementadas a sus necesidades. Como ejemplo, los cuestionarios que configuran parte de la información a obtener, aunque pueden ser útiles en grandes empresas, no siempre garantizan el anonimato en las pequeña, hecho que puede condicionar las respuestas de los empleados.
Ante este reto, que es ir más allá de la prevención psicosocial, la futura reforma de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales —prevista para entrar en vigor el 2 de enero de 2027— abre una oportunidad indispensable para cambiar de paradigma. El texto, que precederá a un reglamento específico en materia psicosocial, obligará, por primera vez a las empresas, a evaluar de manera concreta el estrés, la ansiedad, el acoso y el ciberacoso laboral. Además, refuerza el derecho fundamental a la desconexión digital para combatir el tecnoestrés y exige incorporar la perspectiva de género y edad en los análisis de riesgo.
"Prevenir en salud laboral significa revisar cargas, garantizar descansos, dar autonomía y construir entornos seguros en base a estrategias profesionales de bienestar."
Esta actualización normativa, debe marcar el final de las respuestas, por así decirlo, “cosméticas” —como ofrecer talleres puntuales de mindfulness o aplicaciones de autocuidado que, aunque estén planteadas con toda la buena intención, no responden a ninguna prospección previa, y cargan sobre la plantilla la responsabilidad de trabajar su propio bienestar—. Prevenir en salud laboral significa revisar cargas, garantizar descansos, dar autonomía y construir entornos seguros en base a estrategias profesionales de bienestar. Paralelamente, es necesario articular una colaboración intersectorial real entre empresas, servicios sociales y red comunitaria, para no derivar situaciones laborales que se podrían resolver en la propia empresa, hacia el circuito sanitario.
Este 10 de octubre debería servir para pasar a la acción y concienciar sobre que la salud mental de los trabajadores no se debe tratar primordialmente en los despachos de los centros sanitarios, sino en los entornos donde transcurre nuestra vida diaria. El horizonte legal de 2027 nos recuerda que el mundo del trabajo tiene una responsabilidad ineludible: dejar de esperar que los trabajadores colapsen y empezar a diseñar espacios laborales que protejan, cuiden y sostengan su dignidad.
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