Todo empieza con una semilla. Una pequeña idea con la capacidad de transformar la sociedad. Pero ni la idea más potente puede florecer sin dedicación, agua y unas óptimas condiciones externas. En el mundo empresarial, estos nutrientes necesarios para el crecimiento de cualquier idea o semilla, se traducen en capital y financiación, ya sea aportado por la banca privada tradicional, la banca pública o los fondos de capital riesgo. Solo con esta gran variedad de recursos y unas óptimas condiciones externas, las semillas pueden germinar y las empresas pueden crecer, contribuyendo a un jardín empresarial catalán lleno de casos de éxito.
Actualmente, en Catalunya se dan unos condicionantes externos y un ecosistema empresarial favorable, que facilita que las empresas germinen y se consoliden. “El momento económico actual es muy positivo, con una previsión de crecimiento del PIB del 2,7%, unas tasas de paro cada vez más bajas, y casi un 45% de las pequeñas y medianas empresas que prevén aumentar sus ventas a finales de año —según el Observatori de la Pime elaborado por Pimec—”, ha valorado Emma Montserrat, directora territorial de Bankinter en Catalunya durante la segunda sesión del ciclo Eixample Talks. Organizada por The New Barcelona Post y Pimec, la sesión ha contado con la colaboración de la Generalitat, Bankinter, el Puerto de Barcelona, el Área Metropolitana de Barcelona (AMB), Mustmedia Group y LLYC.
Tanto es así que en los últimos años Barcelona se ha consolidado como el quinto hub de startups de la Unión Europea. Aun así, Montserrat ha reconocido que a pesar de que las tendencias económicas son positivas, es cierto que el tejido empresarial catalán todavía enfrenta una larga lista de desafíos que “impiden que las compañías puedan aprovechar este crecimiento para impulsarse”. Montserrat así lo ha lamentado en un debate conducido por la directora de The New Barcelona Post, Elena Busquets, y en el que también han participado Clara Campàs, directora y cofundadora de Asabys Partners; y Antoni Vallès, director de negocio del I’Institut Català de Finances (ICF).
Desafíos como la baja productividad de la economía catalana —que sitúan Catalunya como una de las regiones con los peores índices de productividad de toda Europa—, la dificultad para encontrar e incorporar talento cualificado o incluso para digitalizarse, especialmente en las empresas más pequeñas. El director del I’Institut Català de Finances (ICF), Antoni Vallès, ha señalado otro reto alarmante: la dificultad de las compañías para garantizar su relevo generacional, especialmente en las pequeñas y medianas empresas. “Es necesario que las compañías consigan crecer y arraigarse para que no se tengan que venderse o marchar fuera de Catalunya”, ha advertido Vallès
Unos desafíos que hacen que las compañías catalanas no adquieran la dimensión adecuada para fortalecerse y prosperar. “Las empresas más grandes tienen una mayor capacidad para consolidarse e internacionalizarse, pero también para sobrevivir y superar situaciones de crisis”, ha apuntado Montserrat. “Especialmente en tiempos de incertidumbre geopolítica como el actual”, ha añadido la directora y cofundadora de Asabys, Clara Campàs.
“El tejido empresarial hace tantos años que debe enfrentar crisis e inestabilidad, desde la burbuja inmobiliaria del 2008 hasta la pandemia, que parece que, en cierto modo, se ha vuelto resiliente a estas situaciones desfavorables”, ha admitido Campàs, a pesar de apuntar que “la inversión privada no es amiga de la incertidumbre y la inestabilidad comporta cierta parálisis y lentitud a la hora de invertir”.
Carencia de cultura financera
Además de todos estos desafíos, Campàs todavía ha apuntado un reto más del tejido empresarial catalán: la carencia de cultura financiera. “En Europa en general, y en Catalunya en particular, hay una carencia de cultura financiera, probablemente por una falta de pedagogía, pero también de incentivos fiscales. Una situación que provoca que, actualmente, el inversor privado prefiera invertir su capital en una propiedad que en una compañía”, ha lamentado la cofundadora de Asabys Partners. Campàs también ha subrayado que en el territorio europeo la medida del capital bursátil es muy inferior a la de otras regiones mundiales, como los Estados Unidos, pero también lo es la inversión de capital privado en compañías que, a pesar de que ha aumentado mucho en los últimos años, “en términos de valor absoluto todavía continúa muy inferior a la de otros países”.Una carencia de cultura financiera y de pedagogía que también provoca que, mayoritariamente, los inversores privados —o business angels— catalanes que acaban invirtiendo lo hagan solo en una o dos compañías, mientras que lo ideal es invertir en varias empresas, ya que, en todas estas operaciones, existe un riesgo elevado alto. Pero esta carencia de cultura financiera también provoca que, por otro lado, las compañías catalanas desconozcan qué opciones y alternativas existen al mercado para financiarse (como el private equity o el venture capital), y acaben recorriendo, en la mayoría de casos, a la banca privada tradicional.
“Las empresas, y especialmente las más pequeñas, todavía tienen una dependencia muy elevada con la banca tradicional, y en muy pocas ocasiones recurren al capital privado alternativo, principalmente por desconocimiento”, ha apuntado la directora territorial de Bankinter en Catalunya y subdirectora general adjunta de la entidad, que cuenta con más de dos décadas de experiencia en banca.
Más allá de recurrir a los préstamos o líneas de crédito que ofrecen los diferentes bancos, las empresas también pueden acercarse a los fondos de capital riesgo, algunos de los cuales están especializados en sectores concretos, como el de Asabys Partners, centrado en salud y ciencias de la vida. O, incluso, apostar por la banca pública como el ICF, la banca catalana pública que, pese a sus 40 años de trayectoria, todavía “es un desconocido para una gran parte de las compañías”, como ha lamentado Vallès.
El desconocimiento también provoca que las compañías no sepan cómo acceder a estas vías de financiación, o incluso cómo o qué tienen que presentar cuando solicitan capital o inversión. Hasta el punto de que los bancos se encuentran con empresas que, a pesar de tener una potente idea o incluso una propuesta visualmente atractiva, no presentan ningún tipo de información numérica para que los analistas de la entidad puedan tomar la decisión. “Cuando una compañía busca capital o inversión, sea pública o privada, es imprescindible que cuente con un proyecto transformador, que aporte valor a la sociedad, además de un equipo profesionalizado y una estrategia financiera ordenada”, ha resumido el director de negocio del ICF.
Colaborar y florecer
Aun así, para las empresas no solo es necesario conocer las diferentes opciones de financiación que existen —banca privada, banca pública y capital riesgo—, sino también en qué etapa o situación es mejor recurrir a cada una de ellas. Así, hay que tener en cuenta que el dinero obtenido de los bancos, sean públicos o privados, se concede en forma de préstamo y que, por lo tanto, se tendrá que devolver, además de ir pagando los intereses correspondientes. Por este motivo, la banca privada ---o incluso la pública, que normalmente tiene intereses más bajos, pero también más requisitos---, se presenta como una buena opción para aquellas “empresas que ya se encuentren bastante maduras para tener un flujo de caja estable y generar beneficios, pero que necesiten la financiación para operaciones concretas o cierto crecimiento controlado”, como ha defendido Montserrat.
Por otro lado, “aquellas empresas que se encuentran en fases muy iniciales o que tienen que abordar un ambicioso proceso de crecimiento, tendrá más sentido que recurran a capital riesgo”, ha añadido la directora territorial de Bankinter. “La inversión privada está pensada para saltos cualitativos relevantes y modelos de negocio disruptivos”, ha subrayado la cofundadora de uno de los grandes fondos barceloneses, Asabys Partners. Aun así, la entrada de fondos de inversión también supone la entrada de estos expertos en el accionariado y los consejos de administración. Una decisión, pero, que Campàs considera necesaria para velar por “la empresa y su bien”.
Así, estas “dos vías —banca y capital privado— representan dos alternativas de financiación diferentes, pero complementarias, que se utilizan en diferentes fases de la empresa según las necesidades, y, en algunos casos, incluso de forma simultánea, coexistiendo al mismo tiempo”, ha resumido Montserrat. De hecho, la idea de colaboración ha estado presente a lo largo de toda la sesión, que también se podrá recuperar en formado podcast en Spotify o en video en Youtube.
La colaboración publicoprivada parece, así, la receta para que más empreses puedan nacer y consolidarse en el tejido catalán. Y, en muchos casos, no solo es necesario colaborar sino también complementarse para saber aprovechar el impulso del capital privado, el apoyo público y la prudencia bancaria. Una colaboración y entendimiento conjunto que se podía percibir durante el debate con las miradas cómplices entre los ponentes. Complicidad que se extiende más allá de la sesión y se encuentra en el terreno práctico, ya que los tres agentes representados en Eixample Talks acostumbran a trabajar de forma conjunta. Así, por ejemplo, Bankinter y el ICF han actuado como coinversores en varios proyectos, y el ICF también actúa como inversor en Asabys Partners.
Solo con esta colaboración de todos los agentes —banca tradicional, banca pública y capital riesgo— las semillas y los proyectos empresariales podrán germinar y crecer. Así, si Catalunya quiere avanzar hacia un tejido empresarial fuerte y con potencial, hace falta que todos los sectores continúen regando de forma coordinada y, en algunos casos, incluso simultánea. Con la paciencia de un jardinero y la visión financiera necesaria para que el jardín empresarial catalán pueda florecer generación tras generación. Hasta convertirse en un jardín cada vez más poblado —con empresas pequeñas y familiares pero también grandes unicornios— y diverso.