La productividad entra en el círculo virtuoso de la economía, pero el absentismo la frena

Josep Santacreu, president de la Cambra de Comerç de Barcelona, presentant el darrer estudi sobre la conjuntura econòmica de Catalunya
Josep Santacreu, president de la Cambra de Comerç de Barcelona, presentant el darrer estudi sobre la conjuntura econòmica de Catalunya

Con un optimismo prudente, la Cambra de Comerç de Barcelona eleva al 2,9% el PIB de 2025, pero advierte de dos riesgos: los aranceles y el absentismo laboral

(Directora de The New Barcelona Post)
27 de octubre de 2025

En los últimos tres años, una vez superado el bache de la pandemia, los principales economistas y entidades empresariales y de investigación del país han alertado en sus informes de una evidencia en los indicadores clave de la macroeconomía: el crecimiento de la productividad en la última década se había prácticamente estancado, tanto en Catalunya como en España, un hecho que nos alejaba de la evolución de las principales economías europeas. Y esto no es menor: la productividad está estrechamente vinculada a la renta per cápita de un país y, en última instancia, al nivel de bienestar de su población.

De hecho, el director general del Cercle d’Economia, Miquel Nadal, ejemplificaba su impacto en la economía así, pocos días antes de la reunión anual de la entidad: “Cuanto más alto es el nivel de productividad de un país, más altos son sus ingresos, menos son las horas trabajadas, mejor es la distribución de la renta y menor es la pobreza relativa”.

A lo largo de este año han surgido distintas propuestas para revertir esta tendencia negativa, como la Iniciativa por la Productividad y la Innovación del Cercle d’Economia o el Plan para la Productividad y la Competitividad de Foment del Treball. Entre las recetas más conocidas destacan el aumento de la inversión productiva y de la inversión en investigación y desarrollo.

Aunque los resultados de estas iniciativas aún no se pueden reflejar en el indicador, el tono del discurso empieza a cambiar para muchos economistas, que observan “un punto de inflexión al alza en la productividad, un deber pendiente de la economía catalana”. Así lo ha anunciado este martes el jefe del Gabinete de Estudios Económicos de la Cambra de Comerç de Barcelona, Joan Ramon Rovira, durante la presentación de su informe trimestral sobre la coyuntura económica catalana. Las cifras indican que la productividad ha recuperado los niveles de 2019, previos a la pandemia, y comienza a situarse “en el círculo virtuoso de la economía”.

El concepto de círculo virtuoso explica que “estamos entrando en una fase de crecimiento en la que los factores positivos se retroalimentan entre sí”, afirmaba Rovira. Es decir, el buen comportamiento del empleo ha impulsado el consumo privado y la inversión (tanto productiva como en construcción) y esto, junto con la resiliencia de las exportaciones, ha provocado un crecimiento de la economía y, de nuevo, un mejor comportamiento del empleo. A su vez, también ha provocado, como decíamos, un cambio de tendencia en la productividad.

Con este círculo virtuoso, la Cambra ha revisado al alza sus previsiones de crecimiento del PIB, aumentando tres décimas su estimación para 2025 (2,9%) y manteniendo en el 2,4% la de 2026. Es una revisión optimista si se compara con las estimaciones del Govern (2,5%) o del BBVA Research (2,6%).

Joan Ramon Rovira, cap del Gabinet d’Estudis Econòmics de la Cambra de Comerç de Barcelona
Joan Ramon Rovira, director del Gabinete de Estudios Económicos de la Cambra de Comerç de Barcelona

Dentro de este “optimismo moderado”, la entidad quiso remarcar dos posibles alertas. La primera, exógena: el riesgo que supone el impacto de los aranceles de Estados Unidos en toda su magnitud. Aunque EE. UU. solo representa el 3-4% de nuestras exportaciones, Francia, Alemania e Italia sí son grandes economías exportadoras hacia EE. UU., de modo que una desaceleración allí podría afectarnos de forma indirecta. Aun así, Josep Santacreu, presidente de la Cambra, celebró “la buena diversificación de mercados de nuestras exportaciones y los nuevos destinos internacionales a los que estamos llegando”.

¿La segunda alerta? Esta sí es endógena, y más preocupante: el absentismo laboral. De hecho, el último informe sobre absentismo laboral de Randstad Research sitúa a España en el peor puesto de la Unión Europea: es el país con más absentismo laboral.

El palo en la rueda de la productividad: el absentismo laboral

La productividad de una economía suele medirse de dos maneras: por hora trabajada o por trabajador. Ambos enfoques ofrecen lecturas distintas y, de hecho, su evolución también difiere.

“Las horas no trabajadas por incapacidad temporal se encuentran actualmente en máximos históricos.”

Si bien la productividad por hora trabajada ha mostrado una clara evolución al alza en los últimos tres años —superando los niveles previos a la pandemia—, la productividad por trabajador a tiempo completo no ha seguido el mismo ritmo. Este indicador se ha acercado a los niveles precovid, pero todavía no los ha superado.

¿El motivo? El absentismo laboral. Las horas no trabajadas han aumentado significativamente. De hecho, en estos momentos, las horas no trabajadas por incapacidad temporal se encuentran en récords históricos y suponen el 5,8% del total de horas efectivas pactadas.

La Cambra alerta de que esta es una tendencia al alza desde 2013, que se ha acentuado en los últimos años, tanto en España como en Catalunya, que registran las tasas más altas de Europa. Ahora bien, los motivos de este absentismo —en formato de incapacidad temporal— no se atreven a descrifrarlos. Los economistas de la entidad evitan atribuirlo "únicamente a un factor cíclico "y apuntan a que seguramente existen causas más profundas, de tipo social y cultural, que será imprescindible analizar y trabajar para que la mejora de la productividad no se frene antes de consolidarse.

Sobre el autor

Elena Busquets
Elena Busquets

Directora de The New Barcelona Post

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