“Un emprendedor es un empresario que no gana dinero”; así lo ve Jordi Romero, cofundador de Factorial, y con este humor realista lo ha explicado ante 200 jóvenes empresarios congregados por Pimec Joves. Sea como sea, los emprendedores son una pieza clave para la economía y la innovación, como ha defendido la presidenta de Pimec Joves, Gemma Roy: “El espíritu emprendedor debe ser reconocido, acompañado y reforzado”.
En la segunda edición del Congrés de Joves Empresaris i Empresàries, figuras destacadas del panorama empresarial y emprendedor barcelonés han relatado sus aventuras —y desventuras—, poniendo el foco en sus aciertos y también en sus errores, con puntos de vista distintos pero con elementos comunes: el propósito, la coherencia y el aprendizaje a base de prueba y error. “Los jóvenes empresarios buscan generar valor compartido e impulsar proyectos alineados con la sostenibilidad, el bienestar social y la revolución tecnológica”, ha defendido Antoni Cañete. El presidente de Pimec lo ha dicho en una conversación con la directora general de Juventud de la Generalitat, Clara Quirante, que ha apostado por “trabajar en una reforma de la administración, para hacerlo más fácil y que, quien quiera emprender, pueda hacerlo”.
En este aprendizaje en el camino emprendedor, debe potenciarse el “no tener ego”, como ha defendido el cofundador de Talkual, Oriol Aldomà, premiado durante la gala junto a Marc Ibós en la categoría de Iniciativa Emprendedora. En el premio a la Innovación, ha sido reconocida la cofundadora de Honest Chefs, Júia Pastor, que ha compartido su receta para emprender: “Comprender qué necesidad de la sociedad estás cubriendo y ser capaz de adaptar tu idea para cubrir esta necesidad de la mejor forma posible”. A todo ello, Mariona Masnou, con el galardón Relevo Generacional en Recuperacions Masnou, ha añadido sus ingredientes: innovar y ser resiliente: “No hay un día en el que no haya algo que solucionar”.
En este camino de innovación y resiliencia transita también Jordi Romero. El cofundador de Factorial ha repasado ante los jóvenes empresarios su camino hasta liderar una startup que se ha convertido en unicornio y referente tecnológico europeo. Todo empezó hace mucho, cuando sus compañeros en la escuela empezaban a jugar a videojuegos en ordenadores, mientras él jugaba a desmontarlos para ver cómo funcionaban. Empezó a programar para automatizar tareas que realizaba para ayudar a su padre, arquitecto, y luego se decantó por estudiar Ingeniería Informática en la UPC, donde descubrió que “no solo era divertido hacer software, sino también venderlo a empresas”.
Pero el gran aprendizaje de Romero no fue en la carrera, sino embarcándose en una aventura emprendedora de un compañero suyo, que les llevó hasta Silicon Valley en busca de financiación. “Ahí descubrí que un emprendedor de Barcelona en Silicon Valley vale lo mismo que un emprendedor de Silicon Valley en Silicon Valley”. Y así lograron captar financiación, hasta un total de 20 millones, hasta que el consejo de administración apostó por vender la empresa: “Nos ofrecieron 20 millones, y lo rechazamos; luego fueron 40, y los rechazamos; luego fueron 80, y lo rechazamos otra vez. Al final la vendimos por 20, lo mismo que habíamos captado de inversión”. Y volvió a Barcelona “con una maleta llena de aprendizajes pero ni un duro”. Con todo este aprendizaje y junto a Bernat Farrero, lanzaron lo que ahora es Factorial, con un propósito: solventar los problemas de empresas en su gestión a través de software: “Seguimos buscando problemas para solucionarlos”.
El propósito es clave también para empresas como Vallformosa, Joncake y Two Poles. Pese a venir de ámbitos tan diversos como la enología, los pasteles de queso y la cosmética, las tres empresas tienen algo en común: el propósito en su ADN. “No puedes simular un propósito si no lo tienes. Para mí es algo intrínseco a la compañía y se tiene que compartir con todo el equipo”, ha defendido desde Vallformosa su CEO, Marta Vidal: “El éxito es que la gente del equipo comparte este propósito”.
En el caso de la fundadora de Two Poles, Anna Fuster, “el propósito estuvo mucho antes que la marca y el producto”. Y es que ella, entonces consultora financiera en Mango, empezó a destinar mucho tiempo a investigar soluciones cosméticas y dermatológicas, con el objetivo de tratar la piel atópica de su hija. A raíz de esa investigación, fue encontrando ingredientes y fórmulas con gran potencia, y acabó por decidirse a estudiar dermofarmacia. Luego llegó una cuenta en Instagram y, después, Two Poles.
El impulso de las redes sociales es también un punto que comparte con Joncake, además del propósito. El de su fundador, Jon García, impulsó su negocio con un propósito claro: “El proyecto nació de la intención de hacer el mejor pastel de queso del mundo”. Ahora, las colas en sus locales son un buen indicador para este objetivo. “Al final, nace antes el propósito que la marca. Cuando empecé el proyecto la idea era romper con lo que era el pastel de queso habitual, hacer algo distinto en lo que me pudiera sentir identificado a nivel de creatividad y de cocina”. A base de pasión y de coherencia, el resto fue llegando.
Esta coherencia es básica para llegar al público desde cualquier ámbito, como ha destacado el cofundador de Vicio, Aleix Puig. “Debe haber una coherencia en todo lo que se hace. Debes ser coherente y tener tu tono, también en base a tus raíces”, ha defendido el que fue el ganador de MasterChef en 2019. Ahora con más de 40 locales de Vicio, la empresa arrancó “más con una filosofía de un ecommerce que de un restaurante”. Así, Puig sumó al equipo fundador a Oriol de Pablos para impulsar una empresa digital. Y ha cerrado su intervención con una reivindicación: “Siempre han sido los de fuera los que nos han enseñado cómo se comen las hamburguesas, y ahora lo hace una marca joven de aquí”.
Y de la coherencia, a la innovación como motor, como ocurre en casos como el de Smart Lollipop, un dispositivo médico con forma de piruleta para recoger saliva para análisis. Como ha explicado su cofundadora y CEO, Diana Ballart, la idea nació en 2017 y precisamente ahora acaban de recibir la certificación que necesitan para salir al mercado, mientras realizan un estudio clínico en Sant Joan de Deú: “El primer o segundo trimestre del año que viene estaremos en el mercado”, ha garantizado. En este camino es clave el rol del equipo, según la cofundadora y CEO de Blindstair, Marta Rodríguez: “Se debe incentivar que los miembros del equipo puedan decir la suya y prueben nuevas ideas”, siempre en favor de la innovación.
Esta innovación también es el motor de Bookline, que ha desarrollado un asistente de voz para restaurantes, hoteles y taxis. Su general manager, Quique Roca, ha destacado que el proyecto ha cerrado recientemente una ronda de 3,5 millones. “Han sido meses de reuniones y hemos recibido muchos noes”, ha detallado ante los jóvenes de Pimec. En este sentido, Ballart también ha puesto el foco en los problemas para encontrar inversión: “Los inversores no apuestan lo suficiente por la innovación real. Como país tenemos mucho margen de mejora, pero a la vez tenemos la suerte de que somos una sociedad motivada y emprendedora, y gracias a eso la innovación sale adelante”.
