Por fin, el Principal

El Teatre Principal, cedida per Batlleiroig
El Teatre Principal, cedida per Batlleiroig

El Teatre Principal de Barcelona abrirá, según las previsiones, en septiembre de 2028. Es una de las mejores noticias de la década y, como suele suceder en estos casos, el sector privado se ha ocupado de casi todo. Me gusta que existan iniciativas privadas ambiciosas que no desprendan horterada ni parezcan una excusa política, que no necesiten nuestros impuestos para hacerse realidad ni se asemejen a puro circo sin pan. Tendremos un Teatre Principal en Barcelona, con una ambición arquitectónica y de contenidos altísima, y el Gran Teatre del Liceu dejará de ser el único gran espacio escénico del Raval que aspire a atraer público cultural a La Rambla. Tendremos un Teatre Principal y nos han invitado a visitar sus obras, de la mano de José María Trenor (el artífice de la operación) y de los responsables de ejecutar el proyecto, Batlleiroig. Dan ganas, simplemente, de que estos dos años pasen tan deprisa como, para el edificio, han pasado estos dos siglos.

19 de junio de 2026

Antiguo Teatre de la Santa Creu o también Teatre de l’Hospital, el más antiguo de la ciudad, originariamente Casa y Corral de las Comedias, siglo XVI, y con un escenario de madera en medio de los huertos. Ni siquiera en 1714 las autoridades consiguieron cerrarlo. Todo ello eran edificios renovados de madera y piedra que se iban incendiando, hasta que el Corral de las Comedias (o Casas de la Ópera) se convirtió en el Teatre de la Santa Creu y entró en competencia con el nuevo Liceu. Pasó a ser el Teatre Principal en 1840, momento en el que adoptó la fachada que conserva actualmente (obra de Francesc Daniel Molina) y la famosa Cúpula Venus. También es de aquella época el espacio reservado al teatro, aunque este ha sufrido tantas modificaciones que los arquitectos de Batlleiroig prefieren circunscribir el patrimonio original a la fachada y a la cúpula. Más adelante, de las óperas pasó a convertirse en estandarte de la renovación del teatro catalán (y por eso tiene delante la estatua de Pitarra).

El Teatre Principal a principis del segle XX, en una fotografia acolorida.
El Teatre Principal a principios del siglo XX, en una fotografía coloreada.

¿Qué están haciendo? Pues, de entrada, devolver el esplendor a los ventanales de la fachada (que habían sido recortados por el interior debido a la manera en que se instaló la cancha de frontón) y dotar de nuevo a La Rambla de un edificio vistoso y casi transparente. Y es que el frontón (Jai- Alai, que significa «fiesta alegre» en euskera) y el pequeño Teatro Latino son incorporaciones muy posteriores, al igual que los famosos billares Monforte o las inconfesables habitaciones contiguas. Tendremos, pues, unos ventanales altísimos. Bien. Después, las arcadas de la planta baja conectarán abiertamente con La Rambla, al mismo nivel que el paseo y ya sin tiendas de mecheros (Colibrí) o discotecas (Pan-am’s) entorpeciendo la entrada. Un gran vestíbulo, una gran entrada en forma de arcos. Calle Arc del Teatre. Las Ramblas entrarán directamente en el edificio.

Reservarán los espectáculos de menor formato (jazz, música de cámara...) para el Latino, al que seguramente cambiarán el nombre (no parece que Bad Bunny vaya a actuar en esta sala). Tendrá capacidad para unas 200 o 250 personas, a diferencia de la sala principal, con un aforo de unas 850, o el nuevo espacio del frontón, destinado a formatos ya muy grandes. José Trenor nos explica que lleva siete años detrás de esta historia, y puedo dar fe de ello. Una vez comprobado que ya no se pueden construir nuevos hoteles (él se dedica principalmente a ese negocio), pensó junto a los Balañá que había que hacer algo con el Principal. Salvarlo, sí, pero con un contenido viable. Coqueteó durante un año y medio con el Cirque du Soleil para establecer allí una residencia artística, pero habría sido —nos explica— un error. Valía más la pena apostar por la música en vivo, los teatros musicales, las comedias, la danza, las instalaciones inmersivas, los eventos corporativos o la restauración, todo ello con horarios y formatos combinados. Es la primera vez, en efecto, que un teatro patrimonial tendrá un contenido tan ecléctico y destinado exclusivamente a la cultura. De hecho, en este sentido, será un edificio único en el mundo.

Con colaboradores como Ventura Barba (Advanced Music) o Jordi Sellas (Nostromo Live, IDEAL), tienen la idea de ponerse en contacto con productores y compañías para llenar de contenido todo este espacio. Otoño de 2028, sí. Cero financiación pública (aunque sí existen avalistas bancarios y hace seis meses que todo está firmado). Esta historia ya no tiene marcha atrás: tendremos un Teatre Principal.

Mientras nos muestran la gran sala de teatro (art déco, dos niveles, desaparecidos los dos superiores debido a la construcción del frontón), nos explican que incluso hay ahora una intervención artística frente a la Catedral, de Susana Solano, que les ha pedido escombros procedentes directamente de la obra para completar sus piezas. Y nos señalan dónde irán los servicios, las escaleras, los ascensores... una especie de laberinto en el que será imposible perderse. Incluso encontraremos un mural de Pilarín Bayés, ahora tapado, pintado sobre cerámica y con una temática relacionada con el antiguo frontón.

Antic plànol de la zona amb el Teatre Principal
Antiguo plano de la zona con el Teatre Principal destacado. 

En el frontón, Rick, la gente apostaba. De hecho, no se entiende un frontón encima de un teatro si no existía una gran afición, ya fuera por el deporte o por especular con la fortuna (o con la miseria). Junto a este grandioso espacio remodelado (perfectamente insonorizado y conservando la característica pintura verde del gran muro) habrá una especie de foyer, o de «salón de los espejos del Liceu», para entendernos, que ahora sí respetará la parte superior de los ventanales de la fachada y donde la gente podrá tomar una copa entre espectáculos. Antes de pasar a la Cúpula Venus nos enseñan espacios descubiertos en la zona del antiguo hostal (donde parece que también había un pequeño frontón de entrenamiento), con inéditas vistas al Palau Güell. Tenemos la sensación de que nos están devolviendo una historia escondida, secreta o directamente robada.

Tendremos un Teatre Principal si (y solo si) también hacemos el favor de recuperar La Rambla

La Cúpula Venus es una maravilla. Alta, neoclásica, panteónica, misteriosa, sensual y cinematográfica. Pretenden restaurarla con buen gusto (confío en que eviten el rosa original de la parte inferior, que me parece adivinar bajo las capas de pintura) y, literalmente, eludir a toda costa el efecto pastel. Créanme, es un espacio absolutamente inimaginable en la ciudad. 1840, pensado ya entonces para acontecimientos menores (y ahora deberán decidir qué tipo de eventos albergará). Una gran araña de madera sobrevuela nuestras cabezas como un objeto venerable, un fetiche de simbolismo desconocido. La Cúpula es una burbuja inédita, un rincón secreto o, en todo caso, abierto en muy pocas ocasiones, que a partir de ahora podrá estar al alcance de todos. Especialmente, del público barcelonés.

Una inversión de 50 millones, a recuperar en diez o quince años. José Trenor, recuerden este nombre, y después ya discutiremos si esta obra nos gusta más o si estos contenidos nos gustan menos. Tendremos un Teatre Principal, lo tendremos porque así lo ha querido un particular y lo salvaremos del abandono si (y solo si) también hacemos el favor de recuperar La Rambla. Se nos acaban las excusas: este no debe ser un territorio hostil, ni exótico, ni reservado a los turistas, ni lejano. La Rambla es ahora un poco más nuestra. Ahora, más allá de las electoralistas obras del pavimento, nos corresponde a nosotros acabar de recuperarla del todo.

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Jordi Cabré
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