Paulí Subirà: "Pusimos la técnica al servicio del amor"

Paulí Subirà, per Àngel Bravo
Paulí Subirà, per Àngel Bravo

El realizador de TV3 responsable de la emisión de la bendición y el espectáculo de la torre de Jesús de la Sagrada Familia explica, en esta entrevista en The New Barcelona Post, cómo se vivió desde dentro la noche que volvió a poner Barcelona en los ojos del mundo

05 de julio de 2026

— Ya hace dos o tres semanas que pasó todo. ¿Cómo lo estás notando? ¿Todavía hay réplicas del terremoto?

— Fue un terremoto muy, muy grande. Creo que es de los más grandes que he vivido por repercusión, por el momento y por muchas cosas. Y ha habido muchas réplicas, durante los días siguientes. Muchas, pero muchas... Nunca me había pasado algo tan grande.

— ¿Y todavía pasa?

— Hoy mismo hay mucha gente de aquí dentro, compañeros que todavía no había visto, y me encuentro con que me vienen a saludar, sonríen, están contentos y orgullosos. Esta parte de terremoto también interno (no solo como ciudad y como país, que para mí es muy clave) va más allá del país: el Estado español, y también de fuera de España, porque hemos tenido muchas respuestas, muchos inputs de fuera. Gente que no es del trabajo y que me dice “¿eres tú?”. Me pasó el otro día: en casa de mi madre, un vecino que no conocía ni a mis hermanos ni a mí, me dice “¿eres tú?”. Es un vecino con quien no nos habíamos hablado casi nunca.

— ¿Internamente también, entonces?

— Hoy mismo, compañeros que todavía no había visto me vienen a ver, contentos (no por Paulí, sino de sentirse grupo, de haber hecho esto juntos.) Y esto lo traslado al equipo con quien estuvimos trabajando, lo traslado a TV3, lo traslado a Barcelona, a la que quiero, y a Catalunya, a la que quiero tanto o más. Y esta es la nube en que todavía estamos, flotando, viendo esta reacción global.

Subirà durant l'entrevista. © Àngel Bravo
Subirà durante la entrevista. © Àngel Bravo

— Normalmente los realizadores estáis detrás, en la oscuridad, en el backstage, Con un currículum largo detrás de las cámaras, pero no visibles. Ahora te vemos la cara. ¿Esto supone un gran cambio?

— Hombre, alguna vez se nos ha visto la cara, pero cuando llegas a este nivel de repercusión parece más notorio. Llevo muchos años aquí y haciendo muchas cosas fuera también. Hace muy poco, por ejemplo, estrenamos Mar i cel, una producción trasladada del teatro a la superproducción, al cine, y también tuvimos mucha repercusión en el país. Pero mucho más limitada. Y entonces, cuando sale mi cara, para mí lo importante es que esta cara representa a un grupo de trabajo. Hay un equipo, una orquesta, llamémoslo como queramos. Yo me siento representante de mis compañeros, el equipo que éramos aquí, y también, en el caso artístico, el equipo que había detrás de la dirección artística, que representa a mucha gente. Entre ambos equipos representamos al conjunto de gente que trabajó en esto, que son muchas personas. Si detrás de la parte artística (Igor Cortadellas) había 350 personas, por decir un número, en la tele quizás éramos 100. Entre los dos, si vamos sumando, todavía somos más. 

"Buscamos la manera de cómo utilizar la tecnología para explicar el amor"

— Yo soy vecino de la Sagrada Familia, y desde la azotea lo que vi era diferente del resultado en formato televisión: es decir, es desde un ángulo, filmado desde la Torre Baró para captar los drones... Por lo tanto, lo que va primero, supongo, es la idea de la dirección artística. ¿Cómo nace esta colaboración con la dirección artística del espectáculo?

— Yo he trabajado con muchos artistas, directores artísticos (Lluís Danés, por ejemplo). En este país hay gente muy potente, con ideas muy potentes. En este caso, hacía muchos años que con Igor decíamos “¡a ver cuándo coincidimos, a ver cuándo hacemos cosas juntos!”. Nos habíamos visto trabajar, habíamos hablado de cosas, pero nunca habíamos podido encontrar el motivo que nos uniera. Esta vez ha sido algo mágico. Él hacía mucho tiempo que trabajaba en este proyecto, que había hecho evolucionar bastante dentro de su parte. Tenía una idea y un concepto, y meses antes de julio dijimos “lo hacemos nosotros”. Nos pusimos a ello, nos encontramos por fin, y empezamos a trabajar estas ideas que tenía en la cabeza.

— ¿Y entonces?

— Cuando eres un director artístico y a la vez un director audiovisual, el primero ya tiene ideas hechas, y eso es una ventaja. Pero a la vez el audiovisual debe aportar su parte, porque, si no, al final solo ejecutas. En este caso creo que nos hemos complementado muy bien, nos hemos entendido muy bien y hemos sumado. A veces dos positivos no suman en positivo, y esta vez, sí. Él llevaba muchos meses pensándolo, y meses antes hablamos, buscamos la manera de hacerlo y de cómo utilizar la tecnología para explicar el amor.

"Yo lo compararía no con los Juegos Olímpicos, sino con la tecnología usada en la última Superbowl con Bad Bunny"

— Primero, el amor.

— Y después mirar cómo aportar toda esta parte tecnológica para explicar un relato que, al final, versa sobre el tema de la luz: cómo la luz de todos acaba iluminando la cruz y nos da la luz a todos.

— Se asocia el caso de la inauguración, de la culminación de la Sagrada Familia a nivel de fenómeno de ciudad, con la inauguración de los Juegos Olímpicos, como gran bomba de proyección de la ciudad. La diferencia es que la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos dura una hora o dos. Aquí, en cambio, al final hubo una especie de videoclip de ocho minutos donde hay que cuadrar la esencia de todo.

— Y antes del espectáculo está la parte de la bendición, el momento en que el Santo Padre se pone allí y bendice. Esa parte también la hacíamos nosotros. La señal internacional e institucional la dividimos en dos partes: la parte de la misa, la liturgia y las llegadas, que la hizo Televisión Española, con el realizador de aquí, de Sant Cugat, Roger Paolo (muy buena gente por cierto). Él asumió esa parte. Como en 2010 lo hicimos nosotros todo en TV3, esta vez, por la magnitud de todo, la dividimos. Nosotros, TV3, nos quedamos con la parte desde que se salía fuera y se hacía la bendición, hasta el espectáculo, y luego los drones y los fuegos artificiales. La idea era diferenciarlo de lo que se hacía fuera. Había una parte más litúrgica, más institucional, si queréis (la de bendecir, la de la cruz propiamente dicha, del Santo Padre, los regalos, los obispos, los reyes), toda esta parte tenía que funcionar como una parte más normal, habitual; y después era necesario que el espectáculo fuera algo diferente y que la gente en casa lo percibiera diferente, que pasáramos de una cosa más de true life. Yo lo compararía no con los Juegos Olímpicos, sino con la tecnología utilizada en la última Superbowl, cuando en el intermedio Bad Bunny hizo un espectáculo de trece o catorce minutos y después siguió el fútbol.

Paulí Subirà i Jordi Cabré a l'entrevista. © Àngel Bravo
Paulí Subirà y Jordi Cabré en la entrevista. © Àngel Bravo

— Entiendo. Aquello no era un escenario, sino todo un entramado con travelings para explicar una historia.

— Y aquí fuimos al hecho mismo: yo no enseñé ni a los reyes, ni al Santo Padre, ni en el fondo a casi nadie. Era algo más global, y no se trataba de si el Santo Padre estaba o no estaba. Trascendía a este tema más institucional. De hecho el Papa solo sale al principio y al final: cuando él se sienta y se apaga la luz, dejo de enseñarlo, y solo lo vuelvo a enseñar al final, cuando aplaude todo el mundo. No hay un plano de detalle del Santo Padre durante el espectáculo. Es al contrario: es la gente, con su luz, con las velas que se hicieron expresamente, quien está actuando y forma parte de todo el espectáculo.

"Mi sensación, cuando terminamos, no fue plena"

— A veces la Iglesia es muy encorsetada, pero parece que esta vez os dieron libertad creativa total.

— Esto que diré es opinión mía: hasta después no ha entendido la magnitud de lo que se ha hecho y de lo que significaba. Creo que hay muchos factores que han creado la tormenta perfecta, en positivo. Y creo que la Iglesia dejó hacer, pero sin saber del todo la magnitud de lo que sucedía. Yo he tenido mucho trabajo de convencer, de explicar todos los detalles. Y obviamente Igor, que es el director creativo y quien ha tenido que vender más la idea, ha tenido muchos encuentros, muchísimos, con la Sagrada Familia. Para explicarlo bien y para que se entendiera que, al final, no era una barbaridad, sino al contrario: que todo tenía que respirar Sagrada Familia y Gaudí, que al final el motivo es este, las dos cosas.

— ¿Y la religión?

— Obviamente hay una parte de religión detrás, porque es la Sagrada Familia, es una basílica. La luz, todo lo que conlleva, al final, el pensamiento de Gaudí basado también en la fe... todo esto tenía que trascender. Por ejemplo, si hay un plano en medio y enseñamos el presbiterio, eso no lo esconderemos; pero al revés, si lo haces todo en primer término y todo es muy religioso, al final estás haciendo una cosa demasiado dedicada solo a eso. Había muchas piezas de un rompecabezas que al final daban un resultado muy bonito, donde explicábamos muchas cosas, sin tener que dedicarnos ni a hacer solo una cosa religiosa ni a hacer una cosa ultralaica.

"A veinte segundos prácticamente de empezar el espectáculo, me dicen que no saldrán los coros"

— ¿Tienes la sensación de haber hecho una obra de arte y de haber creado algo muy inédito, o dirías más bien que, si te dan la Sagrada Familia, te lo ponen muy fácil?

— Hay una frase que dije en otra ocasión: “Aquí lo tenemos fácil, lo único que puedo hacer es estropearlo”. Porque en efecto, es tan magnífico que lo que puedes hacer es empeorarlo. Y tienes el mejor material, y estás protegido por el equipo, y la iluminación, todos los elementos, la parte de drones, la pirotecnia... todo es tan bueno que difícilmente lo empeorarás. Difícil que vaya mal. Y después está la figura del director artístico mismo, una persona tan creativa y con tanta luz propia que ya suma en todo.

— Con todo esto, ¿qué sensación te quedó cuando se acabó?

— Mi sensación, cuando acabamos, no fue plena.

— ¿Ah?

— Tuvimos inconvenientes de última hora, cosas que nos pasaron a última hora. Mi sensación no fue “ya está, lo hemos clavado”; sino más bien “lo hemos salvado”. Y eso es porque estás sufriendo hasta el último momento. Y tuvimos inconvenientes graves, para una producción así, graves y que surgieron a última hora. La sensación que te queda al principio es que podía haber sido mucho más potente de lo que fue, de lo que teníamos en la cabeza y de lo que teníamos pensado hacer. Pero, al final, aunque no habíamos hecho nunca un ensayo entero, por suerte sí que teníamos las historias hechas, imaginadas. Si quieres narrar algo, tienes que tenerlo todo claro. La gracia de hacer directo es también poder improvisar, pero al menos tienes que saber la historia que quieres contar. Si te fallan los actores antes de empezar una película, tienes un problema: pero te queda la historia, si la tienes clara. En todo caso, si la gente dice que fue un 10, yo, muy contento. Pero habría podido ser un 11, quizás.

Subirà va saber que no participaríen els cors 20 segons abans de començar. © Àngel Bravo
Subirá supo que no participarían los coros 20 segundos antes de empezar. © Àngel Bravo

— Hemos visto el vídeo donde de repente dices “no hay coros”.

— Os explico cómo lo viví. Cuando sale todo el séquito y llega afuera, yo empiezo a realizar y el director artístico estaba dentro organizándolo todo. Estábamos conectados con la gente de regiduría. Había muchos nervios porque piensa que uno de los temas principales era que no podíamos empezar antes de las 22.25, porque era la hora mágica de luz.

— La hora azul, claro.

— Aquellos quince minutos en que todavía no es oscuro, aquel azul, era la hora que teníamos pensado que era la buena. Si empezábamos antes o más tarde, teníamos un problema. Había mucha tensión: yo enviando mensajes a la gente para que entraran en Sant Pau, porque si tardábamos diez minutos en entrar, tendríamos un problema. Y justo cuando estábamos así, me llama el director artístico al móvil, y me dice que no tendríamos los coros. Digo: “¿Cómo?”. Los coros eran 600 personas, cada una con una vela que iba ligada y programada con todas las luces para hacer el efecto de luz que queríamos. Piensa que el movimiento de luces era una programación con 4.000 velas; si faltan 600, el porcentaje es muy grande, y luego eso se nota. “No se nota”, me decía él. Pero los que lo sabemos, lo sabemos.

— No lo han podido esconder, después, tampoco.

— A veinte segundos prácticamente de empezar el espectáculo, me dice que no saldrían ni 200. Que no saldría nadie. Y claro, cuando te pasa esto, la cabeza tiene que cambiar el chip deprisa, y tienes que superarlo. Porque yo había planeado que en un segundo determinado quería un plano, y en otro segundo otro; cuando cantaran los coros haría un plano corto, tenía tres cámaras puestas para hacer planos de la gente de los coros, y quería enseñar un primer plano de la gente cantando, para reforzar que los coros estaban ahí. Y te dices: “Ya no lo tengo”. Y aún más: había una cámara colgada, por ejemplo, en la fachada, que daba un plano a contraluz muy espectacular, donde se veían todas las luces y al final resultó que había dos agujeros de luz gigantes. Y además, cuando las luces tenían que hacer chispas, como fallaron estos agentes, esto se desprogramó.

Fanalets il·luminats durant l'espectacle a la Sagrada Família. © Basílica de la Sagrada Família / Manuel Queimadelos
Velas iluminadas durante el espectáculo en la Sagrada Familia. © Basílica de la Sagrada Familia / Manuel Queimadelos

— ¿Cómo se gestiona un directo así, cuando se cae toda la planificación prevista?

— Tenías que atarlo todo, porque iba muy como un metrónomo. Normalmente, en una producción así, los movimientos van automáticos, la realización está programada y, si ves que aquello es perfecto, la máquina lo dispara. El realizador lo prepara antes, y después levanta las manos y la máquina te dispara la cámara. Entonces las cámaras saben que ahora hacen este zoom, y todo es clavado. Pero aquí no funciona así; yo no trabajo así, y no puedo trabajar siempre. Tenemos esta herramienta, pero no la usamos tanto como se hace normalmente. Y esto te permite improvisar, pero también te hace ir muy al límite: mi ayudante iba diciendo “tres, dos, uno, ahora entraríamos aquí, ahora entrarían los coros”...

— En condicional.

— Y yo le decía “muy bien”, y entonces le tuve que recordar: “No tenemos coros”. La gracia es que somos expertos en hacer directo. Algunos hace mucho tiempo que lo hacemos. Tienes herramientas para saltar los obstáculos que te van saliendo, para reconducirlo, y que quien no lo sabe, no lo note.

— Te lo he preguntado desde el punto de vista de la técnica; pero desde el punto de vista del amor, de la emoción, ¿cómo lo viviste?

— En aquel momento piensas, primero: “¿Cómo es posible?”. Te haces la pregunta de qué ha pasado, pero no tienes mucho tiempo. Yo me la hice, y me dije: “¿Por qué?”. Entonces dije: “No preguntes”, y asumí que había habido algún problema. Había un tema con los coros: cientos de personas que tenían que moverse entre los 4.000 que salían fuera, un movimiento muy difícil de hacer en muy poco tiempo. Y había seguridad de muchos tipos: los reyes, el Papa, todo el mundo, un dispositivo de seguridad enorme. Cuando me dijeron eso, yo no sabía por qué era, ni sabía que los habían echado. No lo sabía, ni tampoco habría podido hacer nada. Pero tú no sabes qué pasa, y, en cuanto al espectáculo, la parte emocional te dice “me pierdo esto, nos perdemos esto”. Después, cuando supe qué había pasado, tengo que decir que está grabado lo que yo dije, pero está censurado. Dejémoslo en que, emocionalmente, pensé que esto no estaba bien.

Paulí Subirà a l'estudi de producció © Àngel Bravo
Paulí Subirà a l'estudi de producció © Àngel Bravo

— Una lástima.

— No, a ver. A mí, al final, me gustaría que tuviera una buena lectura; se tiene que mirar en positivo lo que ha pasado. Está muy mal que cojan a una gente y no la dejen expresarse; eso me parece terrible, que todavía hoy esto pase. Pero por otro lado, si hubieran salido fuera y, aparte de cantar, se hubieran manifestado libremente de lo que quisieran, seguramente ahora hablaríamos más de esta manifestación que no de lo que pasó. Una de las cosas buenas de lo que ha pasado, y que es una de las cosas que faltaba en este país, después de muchos años en que dicen que nos habíamos enfrentado mucho, es que mucha gente se lo ha sentido suyo: mucha gente se ha sentido identificada, del color que sea: más o menos religioso, más o menos laico. Todo el mundo se ha sentido identificado con un acto que representa a su ciudad, a su país, cada uno con el concepto de país que quiera tener.

— Hemos trascendido.

— Como siempre, de lo particular a lo global, de lo local a lo global. El hecho de volver a poner Barcelona y Catalunya en los ojos del mundo, de decir “estamos aquí, somos nosotros, somos capaces de hacer esto”, es lo que ha hecho que mucha gente se haya sentido orgullosa, sea del lado que sea. Hemos conseguido (o se ha conseguido) lo mismo que pasó en las Olimpiadas. El mismo Manuel Huerga, director de la ceremonia de los Juegos Olímpicos, me escribió al día siguiente felicitándonos. Es que al final se juntan muchos factores: piensa que esto se había previsto hacer igualmente sin el Papa.

— ¿Ah sí?

— Ya estaba previsto hacerlo desde hacía más de un año, y si el Papa no estaba, no estaba: se iba a hacer igualmente, porque aquel día se celebraba el centenario de la muerte de Gaudí. La transmisión se iba a hacer igual, fuera quien fuera quien viniera.

"En la parte técnica hemos marcado un estándar europeo nuevo, que no se había hecho hasta ahora"

— ¿Cómo encajas este gran salto en tu trayectoria?

— Yo estoy muy contento de casi todo lo que he hecho. En 2010 fuimos los primeros en hacer 3D en Europa, más que nadie. También hicimos la primera final de la Champions en 3D en Europa. Esta siempre ha sido una televisión muy puesta a la última tecnología. Más que una televisión, un medio. Y ahora, en Europa nos vuelven a ver: tenemos inputs de Sony, de Fujifilm, que son las dos marcas que nos han ayudado, e inputs de todo el mundo. En la parte técnica hemos marcado un estándar europeo nuevo, que no se había hecho hasta ahora, y este orgullo de la gente de aquí también es eso: volvemos a estar un poco donde habíamos estado desde el principio en esta casa, es decir, utilizando la tecnología para explicar los contenidos, y cuanto más modernos, mejor. Esta es una de las cosas conseguidas que me hacen ilusión. Todavía tengo que trabajar unos años más, y haré, proyectos grandes; con el director artístico mismo estamos hablando de hacer cosas juntos, porque nos hemos entendido muy bien y porque él tiene muchos proyectos en la cabeza, y yo también. Tengo la suerte de hacer cosas fuera de aquí.

— ¿No tienes una exclusividad con la casa?

— Hago cosas muy diferentes, como las Batallas de gallos (el campeonato del mundo de raps que organiza Red Bull). Llevo unos años trabajando en la final del más grande a nivel internacional, que es una barbaridad. Lo hago desde hace años, y aquí me lo dejan hacer; entonces digo “me voy 15 días a hacer esto”, salgo de aquí, voy, aprendo cosas. Por lo tanto, estoy aquí dentro, y aprendo mucho, pero cuando puedo ir fuera a hacer el MotoGP algunos años, o voy a hacer fútbol, o conciertos, eso me llena, y después lo puedo aplicar aquí. Yo represento toda el área de imagen y de servicio de artistas de esta casa, que son 400 personas. Poder hacer algunas cosas así, te llena y te hace crecer profesionalmente. Y cuando lo puedes traer hacia esta casa, es como puedes ayudar a que aquí crezcan cosas. Cuando hemos hecho virtuales, cuando hemos hecho mapeo 3D, o ahora ultra alta definición o ahora que estamos al nivel de la BBC en cantidad de producción en documentales, en conciertos... Lo que pasa es que no tenemos suficiente presupuesto para tener un canal de emisión dedicado a la ultra alta definición. Faltaría esta parte, que ya es cuestión de financiación y también de voluntad.

— Primero, el amor.

— Sí, pero nosotros estamos siempre allí detrás.

Paulí Subirà © Àngel Bravo
Paulí Subirà, detrás de las cámaras. © Àngel Bravo

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