¿Por qué el flan debe quedar relegado a ser un postre más al final de la carta? Como si fuera comodín que parece imprescindible en cualquier restaurante, pero al que pocas veces se presta demasiada atención. ¿Por qué no convertirlo en el motivo por el que alguien entra en una pastelería? Esa es la pregunta que llevaba tiempo rondando la cabeza del pastelero Adrián Ramírez, más conocido en redes sociales como El Chef con Botas, y que ahora ha tomado forma en Los Flanes, un establecimiento dedicado a reivindicar este dulce en todas sus versiones. Inaugurada este mes de octubre en el barrio de Gràcia (Puigmartí, 6), la pastelería nace con una premisa clara: dejar de tratar el flan como un postre secundario para convertirlo en el auténtico protagonista. Y lo hace con especial atención al flan parisien, una especialidad francesa que combina una base de masa hojaldrada con un relleno cremoso de textura cuajada. Una receta que, pese a su popularidad en las pastelerías de París, todavía tiene una presencia discreta en los establecimientos barceloneses.
La apertura se suma, además, a una tendencia gastronómica cada vez más visible en la ciudad: la de los negocios que renuncian a ofrecer un amplio surtido de dulces para concentrarse en una única elaboración. Si durante años las vitrinas de las pastelerías han reunido cruasanes, tartas, pasteles y especialidades de todo tipo, ahora algunas propuestas apuestan por hacer de una sola receta su seña de identidad. Primero fueron las tartas de queso y las cookies americanas, después llegaron los tiramisús y otras especialidades internacionales, pero también han encontrado su espacio los dulces tradicionales, como la crema catalana. En las últimas semanas, Barcelona ha sumado incluso una tienda dedicada a las torrijas artesanales y ahora otra centrada en los flanes.
En el caso de Los Flanes, se trata de un proyecto que su creador llevaba más de una década imaginando. La trayectoria profesional de Ramírez comenzó como ayudante de pastelería en un hotel gastronómico de cinco estrellas en Andorra. A partir de ahí, pasó por diferentes establecimientos hoteleros durante una década, siempre con la pastelería como hilo conductor de su carrera.

Hace unos años, sin embargo, decidió explorar otra vía para compartir sus conocimientos: las redes sociales. Bajo el nombre de El Chef con Botas empezó a publicar recetas, divulgar técnicas y ofrecer cursos de cocina online. Un seudónimo curioso que juega con la expresión de ponerse las botas, pero que también encaja con otra de sus aficiones: viajar para descubrir los dulces que forman parte de la identidad gastronómica de cada lugar. Fue precisamente uno de esos viajes, esta vez a París, el que terminó de dar forma a la idea de este nuevo local.
Allí descubrió hasta qué punto el flan parisien era el auténtico best-seller de las pastelerías francesas. En Barcelona, en cambio, apenas encontraba establecimientos que le dieranx ese mismo protagonismo. “No todas las pastelerías lo tienen en su carta, y las que lo tienen lo dejan como una pieza de bollería más, al lado del cruasán y del resto”, apunta. Para él, la lógica debía ser justamente la contraria: “Merece ser indiscutiblemente la pieza protagonista”. En enero de este año decidió ponerse manos a la obra y dar forma a su propio establecimiento. Nueve meses después, aquella idea finalmente se ha materializado.

Flanes franceses y recetas de siempre
El flan parisien, protagonista de este local, es una elaboración clásica de la repostería francesa. Sobre una base de masa hojaldrada (similar a la de un croissant) se dispone una crema pastelera espesa que, tras el horneado, adquiere una textura firme por fuera y delicada por dentro. El resultado reúne dos elementos que Ramírez considera esenciales en la pastelería: el crujiente de una masa elaborada con mantequilla y la suavidad de una crema que se deshace en la boca.
A partir de esa receta, Los Flanes ofrece distintas interpretaciones del flan parisino, con la vainilla de Madagascar como una de las versiones más clásicas. Pero la carta incluye propuestas más creativas, como el triple pistacho, que combina una textura cremosa con praliné de pistacho tostado y sal; el de tiramisú, que fusiona las tradiciones francesa e italiana; y las versiones de lemon pie y avellana con chocolate 64%. Junto a estas elaboraciones, Ramírez también recupera los sabores de siempre con el flan “castizo”, a partir de la receta tradicional con la que ha crecido.

Por el momento, el proyecto mantiene una producción diaria y dos horneadas, una por la mañana y otra por la tarde. Todos los productos se prepara en el obrador situado en el propio establecimiento, que funciona también como punto de venta. Por ahora, el local está pensado para take-away, sin mesas ni sillas, de modo que el protagonismo recae por completo en el producto. Y el objetivo de su creador es ambicioso: aunque ha desembarado en Barcelona, la idea es crear una red de locales por toda España.
De las tartas de queso a las torrijas: dulces con nombre propio
Barcelona vive una fiebre dulce. En los últimos años, la ciudad ha visto proliferar negocios que han hecho de un solo postre su razón de ser. En lugar de apostar por una carta variada, estos locales, como Los Flanes, centran su oferta en una única receta y exploran sus posibilidades con distintas combinaciones de sabores, ingredientes y texturas, hasta convertirla en su principal seña de identidad.
Las tartas de queso fueron unas de las primeras en abrir camino. Desde El Born, Jon Cake se convirtió en todo un referente de esta receta, y ha ido ampliando su presencia con nuevos puntos de venta, hasta sumar cinco establecimientos, uno en Girona. La fórmula de un solo producto por tienda también ha calado en otros dulces llegados de fuera. Las cookies al estilo estadounidense y los cinnamon rolls, han encontrado en Barcelona sus propios espacios.
También lo ha hecho el tiramisú, uno de los grandes clásicos de la repostería italiana, también ha encontrado en Barcelona negocios que lo reivindican como producto único. Es el caso de Valentina e Pasqualina, que se ha incorporado recientemente al proyecto gastronómico en femenino de Juno Kitchen, y de Demartini Tiramisù. Este último, después de un año de actividad en el Born, acaba de abrir un segundo establecimiento en el número 226 de la calle València, en el Eixample, a pocos metros del paseo de Gràcia, que cuenta con más de 300 metros cuadrados de obrador.
Las especialidades tradicionales también se han sumado a esta tendencia. Es el caso de la crema catalana, que tiene en Sucre Cremat un establecimiento dedicado a reivindicar este clásico de la repostería local. Y, en esta capital catalana dulce, también se han sumado recientemente las torrijas, de la mano de otro creador de contenido: conocido como La Cocina de Santiaguini ha puesto en marcha Santorrijas (Mallorca, 371), un local centrado en este dulce que permite personalizarlo con ingredientes como almendra garrapiñada, neulas, Oreo o Kitkat, además de salsas de pistacho, chocolate blanco o caramelo salado.

De las tartas de queso a los flanes, pasando por los tiramisús, la crema catalana o las torrijas, todos estos negocios comparten una misma fórmula: convertir un postre reconocible en el eje de su propuesta y reinventarlo a través de nuevos sabores, ingredientes y texturas.Con la apertura de Los Flanes, este fenómeno suma un nuevo capítulo en Barcelona. La apuesta de Adrián Ramírez demuestra que incluso un postre clásico como el flan puede convertirse, por sí solo, en el protagonista de todo un negocio.
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