Pan de oro en Peralada

Concert final de Perelada © Miquel González
Concert final de Perelada © Miquel González

Crónica del concierto de Jordi Savall, Núria Rial, Lina Tur y Les Musiciennes du Concert Des Nations en el Festival de Perelada

11 de agosto de 2026 - 05:30

Peralada la ves escrita de las dos maneras: la toponimia oficial dice que se escribe con "a", pero el festival se hace escribir con "e", y entonces es normal que la gente que no hace la neutra te haga dudar. A mí me gusta con "a", porque así lo marca el Onomasticon de Coromines, y porque no deja ninguna duda sobre la pronunciación. Cuando vas de concierto, sin embargo, el público lo dice como quiere y también parece a veces inconsciente de otros sonidos que pueden molestar al vecino: concretamente, hay una señora perfectamente identificable que se ha pasado medio concierto dándose golpes en la pechera con el abanico corporativo que le han entregado antes de entrar en la Església del Carme.

Durante buena parte de la interpretación de la orquesta femenina, joven, multinacional y de inspiración veneciana Les Musiciennes du Concert des Nations (con el destacado papel de la violinista Lina Tur), junto con la reconocida soprano Núria Rial (una de las voces paradigmáticas del repertorio barroco y clásico de los últimos años) y bajo la dirección de Jordi Savall (creador de la orquesta, y que acaba de recibir el último premio Ernst von Siemens, considerado el Nobel de la música), las piezas barrocas que escucharemos irán lamentablemente acompañadas de este compás, este latido, este beat incesante de la señora, compuesto seguramente para pandereta pero adaptado a abanico y pechera.

Nos ambientaremos bajo maestros italianos de los siglos XVII y XVIII, con una combinación de música recreativa y religiosa siempre impregnada de barroco, es decir, este compás de peluca decadente francesa adaptada a los espasmos vitalistas de Italia, estos acordes de miel del clavicémbalo, este toque medievalizante de la tiorba y esta capacidad de floritura de las cuerdas (las instrumentales y las vocales) que a menudo dan volteretas sobre la misma frase mientras intentan ejecutar saltos cada vez más mortales hasta que quedan agotadas y exprimidas las formas. Albinoni (Concierto para violín en La mayor) ya lo sabemos, es ahora veneciano y primaveral, aceleradísima en esta pieza, más que allegro, molto, troppo, de un optimismo hiperactivo y tropísimo, de lo más adecuado para el lucimiento de Lina Tur. Este castillo de fuegos de oro y plata nos da paso a Ferrandini (Cavatina: Il pianto di Maria, atribuida previamente a Händel), que ya aborda una serenidad espiritual recogida por la voz barroca, pero limpia y enjuagada de ornamentos inútiles, de Núria Rial (dicen que ya se lo dicen, que tiene una manera barroca de cantar: "Bueno, es mi manera", responde).

Jordi Savall i Núrial Rial al concert. © Miquel González
Jordi Savall y Núria Rial en el concierto. © Miquel González

Vuelve a desaparecer la soprano y a reaparecer Savall, que dirige todas las piezas, y que esta vez nos trae a Vivaldi en carne y hueso (Concierto para violín en Re mayor, Grosso Mogul). Vivaldi los supera a todos en presencia, en marca personal, en esa clarísima condición de prodigio antes de Mozart pero sin tener que ser toda la vida un niño prodigio. Hay este virtuosismo compositivo, este "ahora me escucharéis", que se reconoce desde la primera nota y que a mí a menudo me lleva a adivinar en él verdaderos solos de guitarra eléctrica avantísimo la lettre.

De nuevo la simpatía juvenil y desenfadada del violín de Lina Tur, diría que la que más disfruta del concierto, perfectamente recogida en todo momento por su orquesta amiga. Incluso en el Salve Regina, ahora de nuevo cantado, entre la música sacra y la cortesana. Geminiani, en cambio, no lo conocía (Concerto Grosso, Sopra La Follia), que será un paréntesis de luminosidad antes de un último Vivaldi oscurecido, amargado por la temática, dentro de la reclusión católica del Psalm 112 (113) Laudate Pueri Dominum, que en cualquier caso es una de esas demostraciones de cómo se puede hacer decir el mismo verso de mil maneras, del derecho y del revés, como para demostrar que las palabras sagradas no están para ser dichas una vez y basta, sino para ser sublimadas, retorcidas y recubiertas de pan de oro antes de que lleguen los bises, los ramos de flores y los largos aplausos, con el abanico ya bien guardado en el bolso. Me giro para saber cómo es la señora. Sí, tiene exactamente el aspecto que me imaginaba.

Concert a Perelada amb Lina Tur © Miquel González
La violinista Lina Tur durante el concierto. © Miquel González

En definitiva, que Oriol Aguilà y Jordi Savall saben producir muy bien juntos, y que dirigir un festival demanda una inteligencia emocional que también Savall y sus músicas (las musas y las chicas) explotan con un amor infinito por el espacio, por la capilla, por el castillo e incluso por el clásico coche flotante con oca que siempre se expone delante del casino. Hoy hemos podido ver el arte de un maestro de la interpretación históricamente informada, pero también el de un maestro de la programación culturalmente sofisticada. Tenemos mucha, mucha suerte.

Aplaudiments al final del concert, per tancar el festival. © Miquel González
Aplausos al final del concierto, para cerrar el festival. © Miquel González 

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Jordi Cabré
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