En la secuela de la famosa serie Sex and the City, una Carrie Bradshaw que ronda la sesentena se encuentra sola por primera vez en mucho tiempo almorzando en un restaurante asiático. Para su sorpresa, al decir que necesita una mesa para una persona le señalan un espacio donde hay un muñeco de peluche. Al preguntar por el extraño acompañante de mesa, la camarera afirma que "es para que no tenga que comer sola". Ella, confusa, no contesta. Al volver a casa, sin embargo, reflexiona sobre los límites de la independencia y la diferencia entre estar sola y sentirse sola. Lejos de ser un hecho aislado y a pesar de que la situación se exagera en aras de la comedia, los osos de peluche han colonizado algunos restaurantes del mundo, también Barcelona.
Últimamente, paseando por la capital catalana, hay algunas terrazas que tienen osos de peluche expuestos en las mesas. Si vas por la mañana, todavía los puedes ver solos inamovibles, pero cuando empieza a llegar la gente se crean estas situaciones que para Bradshaw son impensables: personas desayunando, almorzando o cenando con un oso de peluche delante. Desde The New Barcelona Post hemos preguntado a algunos expertos y psicólogos sobre esta tendencia y cómo una moda asiática ha acabado por colarse en los restaurantes barceloneses. La realidad, sin embargo, es que nadie acaba de saber afirmar por qué pasa esto o si las nuevas generaciones tienen más problemas a la hora de hacer planes solos. Algunos expertos apuntan que es tan solo una moda y otros concretan que no se sienten con la confianza para poder analizar la tendencia. Sea como sea, los osos de peluche han llegado para quedarse.
Echando la vista atrás, la primera vez que se escuchó hablar de esta clase de compañeros de mesa fue en Japón, en un bar llamado Moomin Café. Es una cafetería pensada para que la gente vaya sola y para no "hacerlos sentir solos" hay toda clase de animales de peluche repartidos por las mesas. La primera se abrió en Japón en 2003, pero desde entonces han seguido expandiéndose por el país, incluso hay una en Helsinki, Finlandia. La dinámica es sencilla: te pides lo que quieres y te lo comes o bebes al lado de un peluche. Para los japoneses, los peluches simbolizan la ternura y no es extraño ver personas adultas con ellos por la calle. Así pues, para ellos no es tanto una moda, sino una manera de vivir parte de su cultura.
La pregunta del millón es: ¿combaten la soledad?
Aunque hace más de dos décadas que esta cafetería existe en Japón, a Barcelona no llegó hasta la tendencia hasta 2020, es decir, por la pandemia. Después de que poco a poco todos los bares volvieran a abrir sus puertas con muchas restricciones había una clave a solucionar: la distancia de seguridad. En espacios como el transporte público había señales de prohibido en los asientos que no se podían ocupar, pero era poco estético en un restaurante. Por este motivo algunos adoptaron esta tendencia japonesa y colocaron muñecos de peluche en las sillas que no podían ser utilizadas. Después de aquello, la Covid-19 se marchó y los osos se quedaron. Si bien es cierto que su presencia no molesta a la vista e incluso algunos los ven entrañables, la pregunta del millón es: ¿combaten la soledad?
No hay una respuesta clara a esta duda, pero porque no hay pruebas reales de que la tendencia esté usándose para luchar contra la soledad, es decir, nadie asegura que sentarse solo en una mesa de bar con un peluche hace sentirse menos solo; ni tampoco se puede saber si todo el que se sienta, lo hace para no sentirse solo. Aun así, los enormes osos de peluche se sientan en las terrazas; y muchas veces se les puede ver acompañados de clientes reales que toman un café junto al muñeco, sin inmutarse, aceptando perfectamente esta extraña moda. Ahora bien, las razones de estos bares en Barcelona no tienen nada que ver con la cultura catalana, de hecho, son más un reclamo de marketing que otra cosa. Lilo Brunch, por ejemplo, con locales en Enrique Granados y Sagrada Familia se ha hecho famoso en las redes sociales por convertirse en "el brunch más tierno" de la ciudad, con los asientos ocupados por estos osos como reclamo fotogénico. Es cierto que continúan supliendo la necesidad de aquellos que no quieren comer solos, pero también se han convertido en una gran atracción turística.
En definitiva, una insignia bastante extraña de la cultura japonesa se ha instalado en Barcelona para combatir —a su manera— la soledad o simplemente para arrancar una sonrisa a los comensales. Carrie Bradshaw terminaba el capítulo sin obtener una respuesta clara sobre el porqué de los muñecos de peluche, y quizás la pregunta que le queda en la cabeza es la misma que se hacen hoy muchos barceloneses: dónde está la frontera entre disfrutar de la propia compañía y necesitar, aunque sea de manera simbólica, a alguien —o algo— al lado.
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