"Morillas, ¿dígame?"

Marc Morillas

30 de julio de 2026
Lluís Morillas

30 de julio de 2026

Hay personas que no necesitan ocupar grandes titulares para transformar una empresa. No acostumbran a salir en las fotografías, ni a firmar los proyectos más reconocidos, pero son las que, con los años, acaban definiendo la manera de hacer, de entender el trabajo y, sobre todo, de relacionarse con las personas. Cuando se van, es cuando te das cuenta de que una parte de la identidad de la casa llevaba, silenciosamente, su nombre.

Este fin de semana nos ha dejado Maria Mateu. Para nosotros no solo era la mujer del fundador Antoni Morillas. Era una de las almas de nuestro proyecto y una de las personas que más ha contribuido a construir la cultura que hoy define nuestra casa.

En nuestra casa hay una pregunta que ha resonado durante décadas con una fuerza especial: «¿Quiénes somos?». Y la respuesta llegaba inmediatamente, siempre con su sonrisa inconfundible: «¡Los mejores!». No era arrogancia ni vanidad. Era una manera de afrontar la vida. Una invitación a dar lo mejor de nosotros mismos, a trabajar con orgullo, con optimismo y con la convicción de que cualquier reto se podía superar. 

Una invitación a dar lo mejor de nosotros mismos, a trabajar con orgullo, con optimismo y con la convicción de que cualquier reto se podía superar. 

Maria estuvo desde el primer día. Trabajó en el front office cuando todavía todo estaba por construir, atendiendo clientes, resolviendo problemas y haciendo que cualquier persona que entrara por la puerta se sintiera como en casa. Lo hizo con una naturalidad extraordinaria, sin buscar protagonismo, sin distinguir entre grandes responsabilidades y pequeñas tareas. Simplemente estaba, siempre dispuesta a ayudar.

Maria Mateu, de Morillas
Maria Mateu, de Morillas

Las empresas familiares a menudo se explican a través de sus fundadores. Pero hay muchas otras personas que sostienen estos proyectos desde la discreción. Personas que transmiten valores, que cuidan los equipos y que convierten una empresa en una comunidad. Maria era exactamente eso.

Hay muchas otras personas que sostienen estos proyectos desde la discreción.

Todo lo que hemos aprendido de ella no se encuentra en ningún manual de dirección ni en ninguna escuela de negocios. Nos enseñó que el trabajo solo tiene sentido si va acompañado de respeto y de generosidad. Que las dificultades no se combaten con lamentaciones, sino con serenidad. Que cuando el camino es cuesta arriba es precisamente cuando más hay que sonreír. Y que las personas son siempre el centro de cualquier proyecto que quiera perdurar.

Maria Mateu i el seu Barça
Maria Mateu y su Barça 

Defensora ferviente de la libertad, la justicia, las mujeres, Cataluña, y su Barça, también era una mujer profundamente conectada con su familia, sus amigos y con la vida. Echaremos de menos sus mensajes celebrando cada gol del Barça, sus conversaciones, su sentido del humor y aquella manera tan suya de hacer que cualquier preocupación pareciera un poco más pequeña. Estamos convencidos de que el día que el Barça vuelva a levantar una Champions, inevitablemente miraremos hacia arriba y pensaremos en ella. 

Nos enseñó que el trabajo solo tiene sentido si va acompañado de respeto y de generosidad.

En Morillas continuaremos trabajando con la misma exigencia, el mismo rigor y la misma ilusión que ella nos transmitió. No porque sea una obligación, sino porque es la mejor manera de honrar su legado. 

Las marcas se construyen con ideas. Las empresas, con talento. Pero las culturas solo perduran gracias a personas como Maria: aquellas que, sin hacer ruido, consiguen dejar una huella que el tiempo no borra. 

Gracias por tanto, Maria. Buen viaje. Descansa que te lo has ganado a pulso. 

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