Hace un cuarto de siglo, el diseñador de mobiliario José María Reina y la diseñadora de joyas Àngels Arrufat fusionaron ambos mundos para dar forma a un nuevo concepto: el reloj de pared hecho joya. Ahora, tras más de dos décadas y después de abrazar también el diseño de muebles e iluminación, Nomon se erige como referente en este concepto, con clientes en todo el mundo y hasta el más alto nivel. La última colaboración ilustra su relevancia: desde hace unos días, el MoMA de Nueva York luce uno de los relojes de la marca barcelonesa.

Este último reloj respira la misma esencia con la que nació la firma hace más de dos décadas. “La intención fue elevar el reloj de pared a la categoría de joya, para volver a darle la importancia que había tenido años atrás, con una nueva estética”, explica Albert Pablo, responsable del área de diseño y producción de la empresa. Todo diseño de Nomon parte de la determinación de “cuidar los detalles” con una estética sofisticada que combina materiales como la madera, el marmol y el metal. La “obsesión por lo bien hecho” es sello de la casa, que se resume en una máxima: “Hacemos joyería para el hogar”, ya sea en forma de relojes, muebles o lámparas.
De hecho, así lo transmiten a los arquiectos e interioristas con los que trabajan: Nomon no aspira a llenar un salón de sus piezas, sino a que una sola se encargue de llenar el espacio, de darle una atmósfera determinada. Igual que, cuando uno se viste, lo último que se coloca es la joya, las piezas de Nomon se presentan como el broche de oro que remata un espacio, con sus líneas características y singulares.

“El éxito de Nomon es la identidad. Una pieza de Nomon podrá gustar más o menos, pero siempre se puede ubicar. Nos gusta que haya gente a la que le encante Nomon, y también personas a las que no les guste. No deja indiferente”, destaca Pablo, con una década de trayectoria en la compañía. La firma trabaja esta identidad a través de un equipo de una veintena de personas, incluyendo las de oficina y taller. Sin embargo, muchos otros profesionales intervinenen en el proceso de creación de cada pieza, y es que Nomon trabaja con artesanos y proveedores del entorno de Barcelona: “Lo único que no es de proximidad es el marmol, que viene de Italia”.
Las piezas de artesanos y proveedores locales se ensamblan en su taller en Barcelona y, de ahí, se exportan a más de 90 países. Con showroom en Barcelona y en Seúl, la firma barcelonesa es reconocida internacionalmente, para dar el toque final y de carácter a espacios con sus piezas, que comparten “un estilo propio que se transmite a cada tipología de producto”.

“Nos dedicamos a la parte romántica de un espacio. Generamos ambientes cálidos, que permitan estar a gusto”, como hacen también en el campo de la iluminación. “El sector va hacia una iluminiación más técnica, y nosotros somos románticos del pasado. Nos gusta reinterpretar lámparas clásicas incorporando la materialidad y identidad propia de Nomon”.

Desde su origen marcado por los relojes de pared, la firma no solo se ha abierto a otras piezas, sino que también ha ido evolucionando en su modelo de negocio. “Antes trabajábamos sobre todo con retail. Ahora estamos reenfocando la estrategia de negocio y estamos trabajando mucho con interioristas y arquitectos”, más a través de proyectos concretos que en tiendas.

En estos proyectos, Nomon también diseña piezas ad hoc, incluido el reloj que ya cuenta el tiempo en el MoMA. El encargo llegó desde el museo neoyorquino y se recibió con entusiasmo desde Nomon, después de otras colaboraciones de la firma con museos y empresas, como la prestigiosa italiana Poliform. Ahora, Nomon está trabajando en nuevas colaboraciones de cara al próximo año, desde la iluminiación al mobiliario, para seguir poniendo su sello de romanticismo y ese broche de oro a espacios de todo el mundo.


