Musica Reservata de Barcelona: "Nuestro trabajo como artistas es dar dosis de belleza"

Jordi Abelló, miembro de Música Reservata de Barcelona y Esteve Costa, el director invitado
Jordi Abelló, miembro de Música Reservata de Barcelona y Esteve Costa, el director invitado

Musica Reservata de Barcelona celebra 35 años en el Petit Palau con un concierto que nos invita a apagar el móvil, desconectar de la rutina y refugiarse en las emociones y la polifonía de la Semana Santa italiana

09 de octubre de 2026 a las 10:51h

Con 35 años de trayectoria a sus espaldas, Música Reservata de Barcelona es una de las formaciones referentes de la música antigua en nuestro país. Aparecieron en 1991 con la voluntad de explorar la polifonía renacentista y barroca y, tres décadas y media más tarde, el grupo mantiene intactos a sus integrantes y cuenta con un modelo de trabajo flexible, democrático y sin director fijo. 

El domingo 18 de octubre a las 12:00 h, Musica Reservata de Barcelona celebrará su aniversario con un concierto en el Petit Palau, dentro del Palau de la Música. Me encuentro en el Petit Palau con Jordi Abelló, miembro de Música Reservata de Barcelona y Esteve Costa, el director invitado, para hablar sobre su aniversario, sobre el panorama actual de la música antigua y sobre el poder del arte como refugio. 

— Este 2026 celebráis 35 años de trayectoria. ¿Cómo resumiríais todos estos años de Musica Reservata de Barcelona?

—Jordi Abelló: Prácticamente somos los mismos que empezamos hace 35 años; constituimos el núcleo duro. En líneas generales somos ocho cantantes y funcionamos por producciones: según si hay que ampliar la plantilla o si contamos con directores invitados, como es el caso de Esteve, se incorpora más personal. Resumir 35 años de trayectoria no es sencillo.

Los tres miembros fundadores cantábamos en el Orfeó Català y teníamos el deseo de explorar otras vías, concretamente la música antigua. A este género nos hemos dedicado siempre, aunque puntualmente hemos interpretado obras contemporáneas para conectar ambos extremos. Nuestra línea ha sido constante: no casarnos con ningún compositor ni repertorio fijo, y trabajar las partituras directamente desde las fuentes originales. Hemos aprovechado cada oportunidad para mostrar nuestro trabajo, y poder celebrar este aniversario en el Petit Palau es un gran ejemplo.

"Nuestra línea ha sido constante: no casarnos con ningún compositor ni repertorio fijo, y trabajar las partituras directamente desde las fuentes originales" (J. A.) 

— ¿Qué programa habéis preparado para el concierto de aniversario en el Palau de la Música Catalana?

— Esteve Costa: Hemos articulado el concierto en torno a textos de cantos penitenciales, con música orientada a la Cuaresma y la Semana Santa. El programa muestra la pasión de Cristo desde diferentes perspectivas y protagonistas, con una obra central de gran formato: el Stabat Mater de Scarlatti, un verdadero tour de force de alta complejidad musical. Todas las piezas del programa corresponden a compositores italianos.

Nos centramos en el Renacimiento y el primer Barroco italiano. La obra más antigua es el Stabat Mater de Palestrina y la más reciente es la de Scarlatti, la cual, a pesar de ser barroca, se mira mucho en la escritura polifónica renacentista.

Hablamos con Musica Reservata de Barcelona por su concierto el próximo 18 de octubre 

— ¿En qué ha cambiado la formación desde sus inicios en 1991 y qué se mantiene intacto?

— J. A : El núcleo se mantiene. De los tres fundadores, en esta producción hay dos. Al principio éramos un grupo más reducido y nos podíamos desplazar con mucha más facilidad. En aquel momento no había tanta oferta de música antigua ni de equipos vocales dedicados exclusivamente a este repertorio, lo cual nos permitía hacer más conciertos.

Ahora hay mucha más competencia y profesionales excelentemente preparados. Con el tiempo ampliamos la plantilla a seis y posteriormente a ocho cantantes para abordar obras más complejas.

— ¿A qué atribuís este aumento de grupos de música antigua en la actualidad?

— E. C. : Es una combinación de factores, pero el elemento clave es la formación. Actualmente los conservatorios ofrecen una especialización en música antigua que antes no existía en nuestro país. Muchos cantantes orientan desde el inicio su carrera hacia este ámbito, y esto favorece la creación de coros de cámara, cuartetos o quintetos especializados. Además, la proliferación de formaciones genera un dinamismo natural: cuantos más grupos hay, más conciertos se organizan y más crece el interés del público.

— J. A. : Y lo mismo ocurre con los instrumentistas. Antes, para contar con un sacabuche tenor, un cornetto o un violone había que buscarlos en Francia, Suiza o Inglaterra. Hoy en día disponemos de estos músicos especializados en nuestro propio entorno.

"Cuantos más grupos hay, más conciertos se organizan y más crece el interés del público" (E. C.) 

— ¿Este incremento de formaciones se ha traducido en más espacios y programaciones?

— J. A. : En cuanto a los festivales, sí. Aunque muchos dependen de las políticas culturales municipales y sufren ciertos altibajos, se han consolidado muchos ciclos y secciones de música antigua dentro de grandes eventos, como el Festival de Granada o la Quincena Musical de San Sebastián.

— ¿Y en cuanto a las salas de concierto tradicionales?

— J. A. : Las salas de concierto de referencia, como el Palau de la Música, tienen espacio para grandes producciones. Sin embargo, una gran parte de esta música fue compuesta originalmente para espacios de culto, por lo que requiere una acústica muy concreta. Por eso es habitual que se abran determinadas iglesias para acoger estos repertorios.

Lotti, Palestrina, Monteverdi, Allegri y Scarlatti, al concert de Musica Reservata de Barcelona 

— ¿Qué diferencia principal encontráis entre interpretar esta música en una iglesia o en una sala de conciertos?

— J. A. : Depende del repertorio, pero la polifonía renacentista y barroca se beneficia enormemente de la acústica y la resonancia propias de los espacios religiosos, muy diferentes de la respuesta de una sala de conciertos convencional.

— ¿Cómo explicaríais la belleza de este período musical a alguien que nunca ha escuchado polifonía sacra?

— E. C. : A diferencia de la música popular actual —donde suele haber una base rítmica y armónica clara sobre la que destaca una sola melodía—, la polifonía se caracteriza por la convivencia de varias líneas melódicas puras que se entrecruzan. Esta interacción genera tensiones armónicas de gran expresividad. Más allá del componente religioso, la música habla de emociones profundamente humanas como el dolor y el sufrimiento, de modo que cualquier oyente puede conectar con ella de manera inmediata si la vive en directo.

"Más allá del componente religioso, la música habla de emociones profundamente humanas como el dolor y el sufrimiento" (E. C.) 

— Vuestra formación no dispone de un director artístico fijo, sino que funcionáis con directores invitados. ¿Cómo gestionáis el trabajo musical y la selección de los directores?

— J. A. : Depende de las exigencias de cada programa. En repertorios a ocho voces nos podemos autodirigir, pero ciertos proyectos piden una mirada externa y una coordinación rigurosa. Lo debatimos entre todos los integrantes y buscamos profesionales con quienes haya un buen entendimiento artístico.

— El concepto histórico de música reservata hace referencia a obras de alta intensidad expresiva destinadas a un círculo reducido de iniciados. ¿Busca el grupo recrear esta atmósfera íntima?

— E. C. : En este caso, el nombre del grupo no condiciona el espacio de interpretación. El repertorio que presentamos fue concebido para la liturgia en grandes basílicas de Venecia, Roma o Nápoles, no para espacios privados. Aun así, en piezas concretas como el Miserere de Allegri buscaremos un efecto de estereofonía espacial, dividiendo la formación en dos coros situados en puntos diferentes de la sala para reproducir la práctica de la época.

Esteve Costa, es el director invitado 

— ¿Qué criterio ha guiado la configuración de este programa de aniversario?

— J. A. : El punto de partida fue la voluntad de interpretar una obra mayúscula como el Stabat Mater de Scarlatti, de 25 minutos de duración. A partir de esta pieza central, hemos articulado el resto del programa con obras del mismo período y de temática afín. El concierto tiene una duración aproximada de una hora y diez minutos.

— ¿Habrá acompañamiento instrumental en esta ocasión?

— E. C:  Sí, contaremos con un equipo de tres instrumentistas (órgano, violonchelo y contrabajo) para la sección de bajo continuo en las piezas del primer Barroco. Esto aporta una riqueza tímbrica y un soporte armónico que ayuda a compensar la menor resonancia de la sala en comparación con un templo.

Jordi Abelló es uno de los miembros de Musica Reservata de Barcelona  

— ¿Cuál es la diferencia estilística fundamental entre el Renacimiento y el primer Barroco?

— E. C. : En el Renacimiento predomina el entrecruzamiento de líneas horizontales. En el primer Barroco se introduce el bajo continuo y la construcción se vuelve más vertical, otorgando más peso a los acordes y a las tensiones armónicas intencionadas para reforzar la expresión del texto.

— J. A. : Otro factor decisivo es el tratamiento de la disonancia. Si bien en el Renacimiento los choques armónicos estaban muy medidos, en el Barroco la disonancia se estructura de manera consciente como un recurso dramático para evocar todo tipo de sentimientos. 

"Obras como el Miserere invitan a un estado de meditación prácticamente contemplativo" (E. C.)

— Esteve, ¿cómo ha sido la experiencia de dirigir una formación acostumbrada a la autogestión musical?

— E. C. : Ha sido un proceso muy fluido. Al tratarse de cantantes profesionales especializados en el género, mi función ha sido principalmente la de coordinar, unificar el criterio interpretativo y ajustar detalles de precisión o articulación del texto, respetando siempre el bagaje y el estilo que el grupo ya tiene integrados.

El Petit Palau acogerá este concierto 

— Para terminar, ¿qué estado de ánimo os gustaría transmitir al público al finalizar el concierto?

— J. A. : Me gustaría que el público descubriera la vigencia de un repertorio creado hace cuatro siglos. A pesar de la dureza de los textos, obras como los Stabat Mater acaban con un mensaje de luz y esperanza. El objetivo es que el oyente salga conmovido y reconfortado.

"En este mundo en que vivimos, donde todo pinta muy mal, creo firmemente que nuestra responsabilidad como artistas es ofrecer dosis de belleza" (E. C.)

— E. C. : Obras como el Miserere invitan a un estado de meditación prácticamente contemplativo. Nuestra intención es conseguir que el público se olvide por un rato de la realidad del día a día: que no mire el móvil, que no piense en los mensajes pendientes de responder ni en qué hará para comer, y simplemente disfrute. En este mundo en que vivimos, donde todo pinta muy mal, creo firmemente que nuestra responsabilidad como artistas es ofrecer dosis de belleza.