Quartet Casals: "El Palau es una sala inspiradora como pocas"

El Quartet Casals actuará  en el Palau de la Música el 9 de junio. ©Àngel Bravo
El Quartet Casals actuará en el Palau de la Música el 9 de junio. ©Àngel Bravo

Con motivo de la Diada Pau Casals, el Quartet Casals ofrece un concierto en el Palau de la Música junto a Alexander Melnikov. Hemos entrevistado al grupo para saber qué nos encontraremos el próximo 9 de junio y, también, para descubrir cómo sobrevive el espíritu del maestro de El Vendrell en la era actual.

(Redactora)
30 de mayo de 2026

El Quartet Casals nació en el año 1997 en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid. Sus integrantes son Vera Martínez-Mehner, Abel Tomàs, Cristina Cordero y Arnau Tomàs, artistas que han conseguido hacer del cuarteto uno de los referentes de la música de cámara a nivel internacional. De hecho, han sido reconocidos con el Premio Nacional de Música, el Premi Nacional de Cultura de Catalunya y el Premi Ciutat de Barcelona

Con casi treinta años de trayectoria ininterrumpida, estamos ante una de las formaciones más consolidadas y respetadas a nivel interancional. Y, precisamente por eso, actúan en espacios tan emblemáticos como el Carnegie Hall de Nova York, la Philharmonie de Berlín, el Musikverein de Viena o el Suntory Hall de Tòquio. Esta temporada, están presentando la integral de los cuartetos de Shostakóvich, un proyecto que están llevando tanto a los estudios de grabación como a los escenarios de las grandes capitales mundiales y que, el próximo 9 de junio, podremos disfrutar en nuestra casa: en el Palau de la Música Catalana

Hemos tenido la oportunidad de hablar con sus integrantes para descubrir todos los detalles del concierto que traerán a Barcelona junto a Alexander Melnikov y analizar los secretos de su complicidad después de 30 años de carrera.   

—Tocar en casa, y más en el Palau de la Música, ¿todavía impone después de casi 30 años de carrera, o ya os lo tomáis como un concierto más de la gira?

Arnau Tomàs: Más que respeto, la palabra sería satisfacción. Tocar aquí siempre es un placer inmenso. El Palau lo sentimos muy nuestro y, en el buen sentido, es un escenario del cual un músico no querría marcharse nunca. Aun así, no te negaré que tocar delante de tu público siempre emociona.

—Este concierto se enmarca en la Diada Pau Casals-Barcelona, celebrando el 150º aniversario de su nacimiento. Para vosotros, ¿qué tiene de especial este vínculo tan directo con la figura del maestro?

Vera Martínez-Mehner: Nuestro nombre, obviamente, viene de Pau Casals. Así que, aparte de tenerlo en alta estima no solo como músico sino también como persona, nos sentimos muy ligados a los valores que él representaba y continúa representando. Tenemos un vínculo muy directo con su filosofía, tanto musical como de vida: el maestro nunca paraba de buscar, de trabajar y de encontrar nuevas maneras de entender la música. De hecho, tenemos una relación muy bonita con su viuda, Marta Casals. Al principio, cuando empezamos, ella no sabía muy bien si debía dejarnos utilizar el nombre del maestro, pero fue escucharnos y enseguida nos dio su visto bueno.

Abel Tomàs: Sí, de hecho es la segunda vez que tocaremos para la Diada de Pau Casals (la primera fue en 2019). Es un honor y un gozo que la Fundación Pau Casals nos invite, especialmente en un año tan señalado como este 150º aniversario. Hacerlo aquí en el Palau y en nombre del maestro es todo un privilegio.

El Quartet Casals actuarán junto a Alexander Melnikov ©Àngel Bravo
El Quartet Casals actuarán junto a Alexander Melnikov ©Àngel Bravo 

—Para el concierto planteáis un programa de contrastes: el Cuarteto número 3 de Shostakóvich y el Quinteto para piano de Brahms. ¿Qué tiene esta combinación para hacer que sea una cita imprescindible? ¿Qué se encontrará el público? 

Abel Tomàs: Pues, curiosamente, el programa está muy relacionado con la vida de Casals. La segunda parte, donde tocamos el Quinteto de Brahms, tiene una historia peculiar: originalmente Brahms la escribió para dos violonchelos, una formación que recuerda mucho al célebre Quinteto de Schubert, que al maestro Casals tanto le gustaba tocar. Como Brahms no quedó del todo satisfecho con el resultado, hizo una versión para dos pianos y, finalmente, la transformó en la partitura definitiva que escucharemos: un quinteto para piano y cuarteto de cuerda.

Como en nuestra última visita al Palau tocamos precisamente el Quinteto de Schubert con dos violonchelos, que es una obra muy amable y querida por el maestro, nos ha parecido bonito traer ahora esta pieza de Brahms, que nació espiritualmente para imitar la de Schubert. En la primera parte haremos el Cuarteto número 3 de Shostakóvich. Este año estamos completamente inmersos en su integral, y esta obra tiene una fuerza brutal porque se escribió justo al terminar la Segunda Guerra Mundial. Evoca perfectamente las grandes tragedias del siglo XX. Casals encaja idealmente con el mensaje de este cuarteto, que retrata las heridas de la guerra en Europa. Creemos que es un programa que escenifica muy bien el sentido de este aniversario.

—El mismo día del concierto, unas horas antes, haréis un encuentro abierto donde la gente os podrá hacer preguntas directamente. ¿Qué os aportan estos actos antes de subir al escenario? ¿Os gusta saber qué piensa el público o os pone más nerviosos?

Arnau Tomàs: Aunque en el sector de la música clásica no se estila mucho, nosotros pensamos que es una gran genialidad. Nos gustaría que se hiciera más a menudo. La comunicación musical que se produce en el escenario es fantástica, pero está muy bien poder hablar antes con el público sobre las obras que escucharán, sobre cómo es la vida de los propios músicos o sobre cómo dialogamos con otras artes. Siempre es enriquecedor favorecer este feedback entre los intérpretes y los melómanos.

Abel Tomàs es uno de los cuatro integrantes del Cuarteto Casals. ©Àngel Bravo
Abel Tomàs es uno de los cuatro integrantes del Quartet Casals. ©Àngel Bravo

—¿Habéis hecho muchos encuentros así, o es de las primeras veces?

Arnau Tomàs: En Alemania es bastante habitual hacerlo, sobre todo después de los conciertos. Por eso cuando volvimos aquí nos sorprendió que no se hiciera más, porque realmente funciona muy bien.

—Tres décadas juntos se dice rápido, pero es media vida. ¿Cómo cambia la manera de trabajar una partitura con los años? ¿Os seguís encontrando con debates intensos o ya os leéis el pensamiento?

Vera Martínez-Mehner: Sí, es muy curioso. Yo todavía conservo y utilizo las mismas partituras en papel de hace 30 años, con todas mis anotaciones. Abel, en cambio, prefiere coger una partitura limpia de vez en cuando y borrarlo todo para empezar desde cero, como si fuera la primera vez que ve la obra. Lo más bonito es que hemos crecido juntos y hemos pasado por fases musicales muy diferentes; las prioridades y las búsquedas cambian constantemente, y eso hace que el camino nunca se acabe. Cada día redescubrimos cosas nuevas. Es verdad que gracias a los años nos conocemos tanto que a veces no nos hace falta ni hablar: con un pequeño gesto ya sabemos exactamente qué piensa el otro y hacia dónde irá la música.

Abel Tomàs: La eficiencia a la hora de ensayar ha mejorado muchísimo, pero la manera de plantear la música sigue siendo un reto constante. Hace poco ensayábamos un cuarteto de Schubert que tocamos desde nuestros inicios, hace tres décadas. Pues bien, nos encontramos repensando la propuesta musical compás por compás, buscando un enfoque completamente diferente al que habíamos hecho hasta ahora. Esto solo te lo da la perspectiva del tiempo y la evolución personal de cada uno.

"Tocar aquí siempre es un placer inmeno. El Palau lo sentimos muy nuestro y, en el buen sentido, es un escenario del cual un músico no querría marcharse nunca." 

—Esta temporada estáis metidos de lleno en la integral de Shostakóvich. Es una música muy exigente, oscura, llena de miedo y de dolor. ¿Cómo se gestiona esto a nivel emocional? ¿Es fácil desconectar cuando se acaba de trabajar?

Abel Tomàs: Es una gran pregunta, porque la empatía con el compositor depende de cada uno. A mí, personalmente, me afecta muchísimo a nivel emocional, es algo que no me esperaba. Hay dinámicas diferentes dentro del grupo; por ejemplo, Cristina se ahorró el proceso de grabación de estudio de todo el bloque, pero se ha comido toda la gira en vivo. A mí me impactó mucho cuando tuvimos que aprender los cuartetos número 12, 13 y 14, que eran los que nos faltaban para cerrar el ciclo de los 15 que escribió Shostakóvich. Son tres piezas profundamente depresivas. Y sí, reconozco que me llegó a afectar el alma; quizás también se juntaron cosas personales mías, pero recuerdo el aprendizaje de aquellos cuartetos como un período muy oscuro. Es una música que te deja un poso de tristeza.

Cristina Cordero: Totalmente de acuerdo. Es una música muy dura. Cuando ensayamos repertorio tradicional (Beethoven, Haydn, Mozart o Brahms) la estructura es más predecible, sabes hacia dónde va. Pero Shostakóvich sigue siendo de una vanguardia brutal. Aunque ya es un clásico del siglo XX, su lenguaje es un auténtico enigma. Acabas los ensayos agotada y con una sensación de tristeza que viene del mismo esfuerzo mental de intentar descifrar lo que hay detrás de la partitura. Eso sí: el resultado vale muchísimo la pena.

De izquierda a derecha: Vera Martínez, Arnau Tomàs, Abel Tomàs y Cristina Cordero. ©Àngel Bravo
De izquierda a derecha: Vera Martínez-Mehner, Arnau Tomàs, Abel Tomàs y Cristina Cordero. ©Àngel Bravo

—El Cuarteto número 3 que tocaréis en el Palau se escribió justo después de la Segunda Guerra Mundial, pero lo escuchas hoy en día y te golpea exactamente igual. ¿Por qué creéis que sigue siendo tan vigente en pleno 2026?

Arnau Tomàs: Porque el mundo no aprende: continuamente estamos viviendo guerras, genocidios y desgracias. Pero también hay un motivo artístico: es una música que pasa del dramatismo más absoluto a momentos de gran lirismo romántico en cuestión de segundos. Estos contrastes entre la oscuridad y la luz son universales. El ser humano puede cambiar de costumbres, de cultura o de tecnología, pero nuestra esencia emocional sigue siendo la misma que hace un siglo. Por eso Shostakóvich nos conecta de forma tan directa y actual.

—Hacéis un juego muy interesante: cambiáis de arcos (barrocos, clásicos...) según la época del compositor, pero a la vez estrenáis obras contemporáneas. ¿Cómo se compagina esta búsqueda histórica tan exigente con el diálogo con los creadores vivos de hoy en día?

Vera Martínez-Mehner: Se encara con exactamente el mismo respeto. Con el mismo rigor que miramos una partitura de Bach, Mozart o Beethoven, intentamos descifrar el nuevo lenguaje de un compositor de ahora. Con una gran diferencia y una gran ventaja: con los de hoy en día podemos hablar, debatir y nos pueden explicar su visión de la partitura cara a cara.

—Lleváis el nombre de Pau Casals, un músico que bajó la clásica del pedestal para hacerla más humana. Hoy que vivimos en una época donde todo suena tan milimetrado, limpio y perfecto en las grabaciones de las plataformas, ¿cómo se mantiene vivo este espíritu de Casals desde el escenario?

Arnau Tomàs: Para mí, el espíritu Casals no tiene nada que ver con buscar una ejecución acústicamente impecable o fría, sino con la honestidad ante la partitura. Él fue uno de los primeros músicos que, en una época dominada por el mito del virtuoso romántico (donde importaba más quién tocaba que lo que se tocaba), prescindió de la comedia y del teatro para centrarse en el rigor de la obra. Buscaba una interpretación más pura, austera, rítmicamente regular y sin excesos de cara a la galería. Al maestro no le gustaba nada el espectáculo vacío. Si miras los vídeos del maestro tocando, verás que hace el teatro justo: la gestualidad es exactamente la necesaria para sacar el mejor sonido del instrumento. Lo importante es el sonido, no la puesta en escena. Y este mensaje no ha perdido ni un gramo de vigencia.

El 9 de junio, el Quartet Casals ofrecerá, por la mañana, un encuentro con el público y, por la tarde, su concierto en el Palau. ©Àngel Bravo
El 9 de junio, el Quartet Casals ofrecerá, por la mañana, un encuentro con el público y, por la tarde, su concierto en el Palau. ©Àngel Bravo

—Y ya para terminar: el Palau de la Música es un espacio con una acústica muy particular y el público muy cerca. ¿Qué tiene de diferente tocar Shostakóvich aquí comparado con cualquier otra sala de la gira?

Cristina Cordero: Es una sala inspiradora como pocas. Tiene una particularidad muy curiosa: es un espacio grande, pero el público se percibe muy cerca del escenario. No sabemos cuál es la explicación acústica exacta de este fenómeno, pero es mágico. Se capta cualquier mínimo detalle, tanto desde la platea como desde el escenario.  

Arnau Tomàs: Sí, tiene un carácter muy humano. Son salas históricas que conservan un calor y un espíritu que los auditorios modernos y fríos no tienen. Y además, cada rincón de este escenario tiene una historia increíble. A Pau Casals le cogió el día del levantamiento militar de la Guerra Civil, en julio del 36, ensayando precisamente aquí dentro con su orquesta. Alguien entró corriendo en la sala para avisar que había estallado la guerra y el maestro tuvo que interrumpir el ensayo. Antes de marcharse, se dirigió a los músicos y les dijo: "Señores, no sabemos cuándo nos podremos volver a ver ni si volveremos a tocar juntos nunca más. Les pido que toquemos, como despedida, el último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven". Y la tocaron. Fue la última vez que el maestro se subió a este escenario. 

"Es una música que pasa del dramatismo más absoluto a momentos de gran lirismo romántico en cuestión de segundos."

Un concierto que se enmarca dentro de la celebración de los 150 años de Pau Casals  

El concierto del Quartet Casals se enmarca en la conmemoración que el Palau de la Música hace por el 150º aniversario del nacimiento de Pau Casals. El “mestre del Vendrell” está considerado uno de los mejores violonchelistas de todos los tiempos. Revolucionó la técnica del instrumento con movimientos orgánicos y naturales, y rescató del olvido las Suites para violonchelo de Johann Sebastian Bach

Pero Casals no entendía la música separada de la vida o del compromiso social. Fue impulsor de la Associació Obrera de Concerts (que precisamente hacía sus conciertos en el Palau para acercar la música a las clases trabajadoras) y se convirtió en uno de los grandes símbolos mundiales de la lucha por la paz, la democracia y la libertad. Su activismo y su oposición a los totalitarismos hizo que rechazara tocar en la Alemania de Hitler o en la Rusia soviética por la falta de libertades; unos ideales que, finalmente, lo llevaron a vivir en el exilio.

Dentro de sus composiciones más destacadas, destaca la composición de el Himno de las Naciones Unidas (o Himno de la Paz) y su interpretación de El cant dels ocells en la sede de la ONU el año 1971, donde recibió la Medalla de la Paz y pronunció un aclamado discurso en inglés y catalán proclamando su identidad y el pasado democrático de Cataluña ante el mundo. 

El próximo 9 de junio, las notas de Shostakóvich y Brahms sonarán en el Palau de la Música, las mismas baldosas donde Pau Casals hizo de la música un acto de resistencia. Y lo harán de la mano del Quartet Casals, que vuelve a casa para demostrar que el rigor, la honestidad y el calor del directo son la única manera de mantener viva el alma del maestro 

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Elia Tabuenca
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