Emma Stratton: «Para vivir de la clásica no basta con tocar bien»

Emma Stratton ofrecerá un concierto el 10 de agosto dentro del ciclo 'Verano en el Palau'. ©Àngel Bravo
Emma Stratton ofrecerá un concierto el 10 de agosto dentro del ciclo 'Verano en el Palau'. ©Àngel Bravo

Descubrimos el lado más personal de Emma Stratton en 'Tocats pel Palau': su relación con el piano y la danza, el Festival Clàssic Pals y su concierto del 10 de agosto en el Palau de la Música Catalana.

(Redactora)
31 de julio de 2026

Ni tocar el piano es solo mover los dedos, ni para vivir de la clásica basta con el talento. Emma Stratton lo tiene muy claro. Después de un año de consolidación con su primer disco, el Premio Enderrock como artista revelación y el debut en el Palau de la Música Catalana, la pianista ampurdanesa vuelve este agosto.

Nos sentamos con ella para hablar de la gestión emocional del músico, la búsqueda de un rasgo diferencial, el papel del marketing y su misión de acercar la clásica a nuevos públicos.  

El 10 de agosto presentas un concierto en el Palau de la Música. ¿Qué se encontrará el público que venga a verte?

— Me hace mucha ilusión volver por segunda vez. En verano tenemos un público diverso, con muchos turistas. Cuando elijo el repertorio para una ocasión así, busco ofrecer variedad y contraste para conectar tanto con melómanos habituales como con quien viene por primera vez.

Será un programa muy intenso. Empezaremos con la Fantasía en Do mayor de Schumann, una obra poética y de un gran romanticismo, con una historia detrás que me gusta explicar brevemente antes de tocar. Continuaremos con la Sonata número 2 de Prokófiev, de escritura más agresiva, física y disonante, donde me siento muy cómoda como intérprete. Y cerraremos con la Rapsodia española de Liszt, que combina virtuosismo con melodías populares muy reconocibles que le dan un aire festivo.

Entrevistem a l'Emma Stratton al Palau de la Música. ©Àngel Bravo
Entrevistamos a Emma Stratton en el Palau de la Música. ©Àngel Bravo

Esto de intercalar breves explicaciones antes de cada pieza para contextualizar la obra no todos los intérpretes lo hacen. ¿Cuál es tu motivación?

— Dentro de la música clásica hay un debate permanente sobre cómo podemos hacer para acercar este género al público. Creo que no hay un método único ni una fórmula mágica, pero en mi caso me siento muy cómoda haciendo una breve introducción antes de tocar. Empecé a hacerlo hace unos años y el feedback del público es muy positivo.

Lo agradecen muchísimo porque, además de escuchar una música que les puede gustar más o menos, entienden mejor qué se está interpretando. No hago explicaciones técnicas; simplemente explico quién era el compositor, el contexto de la obra o qué tiene de especial esta música. Noto que la gente la escucha de otra manera. Se convierte en una experiencia mucho más viva y participativa, donde la gente se siente parte del concierto y no un simple espectador pasivo.

Se convierte en una experiencia mucho más viva y participativa, donde la gente se siente parte del concierto y no un simple espectador pasivo.

Colaboras con una fundación para ofrecer conciertos con una finalidad social en el norte de Alemania. ¿En qué consiste este proyecto?

— Me sumé durante el máster en Hamburgo, a través de la fundación Yehudi Menuhin Live Music Now. Su misión es llevar la clásica de máximo nivel a espacios poco habituales: escuelas, fundaciones y, sobre todo, hospitales o residencias de la tercera edad. Es una experiencia humana enorme que te hace tocar de una manera mucho más consciente.

Recuerdo especialmente un centro donde el público no podía salir de las habitaciones: pusimos el piano en medio del pasillo y nos escuchaban desde dentro. Te hace darte cuenta de la suerte que tienes. Esta música funciona casi como una terapia para personas que nunca podrían ir a un auditorio convencional. Combinar el Palau de la Música con estos conciertos es, para mí, del todo necesario.

La pianista de Pals presentarà un nou concert el 10 d'agost. ©Àngel Bravo
La pianista de Pals presentará un nuevo concierto el 10 de agosto. ©Àngel Bravo

¿Crees que la música puede ser un motor de cambio social, o es solo entretenimiento?

Creo que es un motor de cambio, sí. Con todo lo que pasa actualmente en el mundo, a veces es fácil perder la esperanza. Un concierto no cambiará directamente una situación geopolítica o un conflicto, pero para el público que viene es un momento para desconectar, reflexionar, meditar y conectar con la belleza. Te transporta a otro lugar.

Más que la solución definitiva, la música es la semilla. Si la gente que hace el mal escuchara más música o consumiera más arte en general, las herramientas de reflexión y de imaginación que te da la cultura harían que quizás no pasaran muchas de las cosas que pasan. Es una herramienta de cambio social muy potente.

Es una herramienta de cambio social muy potente.

Dices que te gusta explorar nuevos formatos dentro de la música clásica. ¿Como cuáles?

Estudié danza clásica de pequeña y acabé sacándome el grado medio. En la ESMUC vi que la combinación entre piano y danza no era nada habitual, y esta formación me ha servido tanto para tener más conciencia corporal —el piano es una disciplina muy física, no es solo mover los dedos— como para investigar hacer proyectos con bailarinas, como he hecho recientemente en Pals.

Por otro lado, con el divulgador Xavier Chavarria hacemos un formato muy especial: combinamos un pequeño concierto con un turno de preguntas donde el público puede pedir lo que quiera, desde detalles de las obras hasta cómo es nuestro día a día. Tampoco hay que hacer grandes revoluciones desmesuradas porque la música ya es fantástica, pero estas pequeñas cosas —como explicar las piezas o dialogar con la gente— enriquecen la experiencia y acercan mucho al público.

Stratton forma parte del ciclo 'Estiu al Palau'. ©Àngel Bravo
Stratton forma parte del ciclo 'Estiu al Palau'. ©Àngel Bravo 

Estas sesiones participativas donde la gente puede preguntar, ¿dónde las habéis llevado a cabo?

Es un formato que creó Xavier Chavarria y donde invita a diferentes artistas a espacios muy variados. Lo hemos hecho en Barcelona, en Lleida, en Sabadell, cerca de Tarragona y en diferentes centros CaixaForum de Cataluña, con la idea de ir extendiendo esta red hacia otras ciudades como Zaragoza. Cada vez hay más salas que piden este tipo de encuentros porque es un formato muy cercano y simpático. Hace que el público vea que no es solo tocar e irse, sino que entienda todo el trabajo que hay detrás de un concierto.

¿Has notado que el público que atrae este tipo de formato sea diferente del que va habitualmente a las grandes salas?

Sí, es muy interesante porque te abre a un público diferente. Hay gente que tiene mucha tradición de ir al Palau de la Música o al Auditori, pero hay otra parte del público que por diferentes motivos no suele ir. Cuando tocas en estos otros espacios ves gente nueva que quizás no está tan familiarizada con la clásica.

Lo más guay es que algunas de estas personas, después de conocerte en un formato más cercano, han acabado viniendo a verme al Palau. Como músicos, nuestro deber es tocar en las grandes salas, pero cuando tienes la oportunidad de actuar en espacios no tan convencionales, abres camino. Es una manera de mostrarles que la música clásica no es un arte lejano, sino accesible. Me siento un poco con esta misión. 

Has recibido clases magistrales de pianistas internacionales muy reconocidos. ¿Qué has aprendido de estos maestros?

Creo que en la música no dejamos nunca de aprender. Cuando estudio en casa, cada día es diferente y descubres cosas nuevas, y eso es lo que me mantiene motivada ante una disciplina que requiere mucha repetición.

Ahora mismo aprovecho mucho más las masterclasses que hace unos años. Como ya estoy en el mundo profesional, soy mucho más consciente de cómo toco y por qué lo hago. La última que hice, por ejemplo, fue con Alexander Melnikov y fue muy inspiradora: tú ya tienes tu manera de hacer, pero él te dice cosas que son como abrir una ventana a otros enfoques. En la música no hay una única respuesta correcta como en las matemáticas, siempre hay matices. Nutrirte de estas visiones te da herramientas para seguir buscando la excelencia en tu propio camino.

En la música nunca dejamos de aprender.

La temporada pasada debutaste en el Palau, publicaste tu primer trabajo y ganaste el Premio Enderrock al mejor artista revelación de música clásica. ¿Cómo has digerido todo este éxito tan concentrado en un mismo año?

Fue un año de muchas cosas, de consolidación. Cuando recibes un reconocimiento como un premio o publicas tu primer disco, más allá de la alegría, sientes un refuerzo muy grande. Ves que todo el trabajo y el esfuerzo que hay detrás han valido la pena y se han tenido en cuenta. Ver que a la gente le gusta lo que haces y que quiere seguir viendo cómo creces es un chute de motivación y te da mucha fuerza para continuar trabajando cada día.

Moment de l'entrevista al Palau de la Música. ©Àngel Bravo
Momento de la entrevista en el Palau de la Música. ©Àngel Bravo 

Aquella fue tu primera vez en el Palau y ahora vuelves por segunda vez. ¿Cómo has notado el cambio respecto a aquel debut?

Aquella primera invitación fue una oportunidad increíble y el concierto fue muy bien, lo disfruté muchísimo. Pero cuando me llegó la propuesta, meses antes, me hacía mucha ilusión y a la vez un cierto miedo. Era un recital en un espacio muy mediático, todo el mundo te pregunta cómo te sientes y, evidentemente, hay una presión y una expectación por ser un debut.

Esta segunda vez, aunque siempre hay los nervios de rigor, me siento más cómoda y con más experiencia. Un directo siempre es único e imprevisible, pero como ya estoy más familiarizada con la sala y ya he pasado por aquí, no me impone tanto y creo que lo disfrutaré aún más.

En 2022 formaste un dúo con el violinista Abel Tomàs, del Quartet Casals. ¿Cómo es tu experiencia trabajando en esta formación de cámara?

Es un proyecto muy enriquecedor. Para los pianistas, el estudio y la carrera suelen ser bastante solitarios, así que dialogar con otro instrumento y salir de tu propia cabeza es muy bonito. En los ensayos de cámara tienes que hablar, justificar tus ideas y probar opciones diferentes; recibes una inspiración constante del otro. En el concierto se convierte en una conversación en la que la música sale de ti y se mantiene viva con tu pareja antes de llegar al público. Para un pianista es una experiencia del todo recomendable, un proyecto paralelo que funciona muy bien y que disfrutamos muchísimo.

¿Cómo seleccionáis el repertorio para estos proyectos?

Escoger el repertorio siempre es una mezcla entre lo que te gusta, lo que te identifica y la demanda real de las programaciones. A veces te llaman para un concierto específico y preparas una obra que no tenías en el repertorio. Por ejemplo, esta temporada incluimos la sonata Kreutzer de Beethoven aprovechando la efeméride del autor, y para la próxima estamos moviendo un proyecto de Schubert coincidiendo con el bicentenario de su nacimiento. Someter el repertorio a la demanda no es solo tocar bien, sino que hoy en día el marketing y saber ofrecer propuestas atractivas para los programadores es fundamental.

¿Este aspecto de la comunicación y el marketing personal se trabaja durante la formación de un músico?

Desgraciadamente no. Cuando entras en el mundo profesional te das cuenta de que la formación musical es indispensable, pero no es lo único que se necesita para poder vivir de esto. Saber defender tu proyecto, buscar contactos, tener la web actualizada y cuidar las redes sociales marca la diferencia. Hoy en día se tiene muy en cuenta qué presencia digital generas o cuántos seguidores tienes. Como hay mucha gente que toca increíblemente bien, tienes que tener visibilidad y encontrar tu rasgo diferencial. En mi caso, me gusta comentar las obras antes de tocarlas o aportar mi visión desde la danza.

Además del marketing, hay toda la gestión emocional, mental y física detrás de un concierto: los nervios, el estrés, la preparación... Antes era un tema muy tabú, pero por suerte ahora se habla más abiertamente.

Hoy en día se tiene muy en cuenta qué presencia digital generas o cuántos seguidores tienes.

¿Cómo cuidas tú esta parte física y mental?

— Estudié el método de la Royal Academy de danza en Girona y lo dejé a los 17 años para centrarme en el piano. Cuando dejé de hacer ejercicio, mi postura empeoró y mentalmente lo noté mucho. Allí entendí la importancia del cuerpo. Ahora mantengo una rutina diaria de yoga, ejercicio y meditación. No elimina los nervios por arte de magia, pero me da herramientas poderosas para gestionar la presión antes de salir a tocar.

Mantengo una rutina diaria de yoga, ejercicio y meditación.

Aparte de tu carrera como intérprete, eres la impulsora y directora artística del Festival Clàssic Pals. ¿Cómo surgió esta iniciativa?

Soy de Pals y, cuando terminé los estudios en la ESMUC, pensé que era el momento de intentar crear un proyecto cultural en el pueblo. En Pals no hay conservatorio ni una gran tradición de clásica, pero sí una iglesia con una acústica preciosa. Con el apoyo de la Asociación Cultural y del Ayuntamiento pusimos en marcha el festival, que este año ya llega a su quinta edición. Más allá de ofrecer conciertos de calidad con artistas de renombre y de apoyar el talento local, el festival enriquece la vida cultural del pueblo y dinamiza el turismo.

¿Cómo crees que se encuentra actualmente el sector de la música clásica en Cataluña?

El balance es muy positivo. A menudo se compara nuestra situación con la de Alemania, donde la tradición de clásica está muy consolidada, pero en Cataluña se está haciendo un trabajo enorme en los últimos años. Cada vez hay más festivales, auditorios y salas que apuestan por programaciones variadas.

Emma Stratton también es la impulsora del Festival Clàssic Pals. ©Àngel Bravo
Emma Stratton también es la impulsora del Festival Clàssic Pals. ©Àngel Bravo

¿Y en el Empordà?

En el Empordà hay mucha actividad y convivimos diversos festivales de clásica, pero creo que hay espacio para todos. Cuando cada propuesta encuentra su elemento diferencial, el público responde y se retroalimenta el sector.

¿Qué crees que habría que hacer desde el sector para conseguir acercar la música clásica a los jóvenes?

Es un gran desafío. La música clásica requiere paciencia, escucha, reflexión y tiempo; no se puede reducir fácilmente a la inmediatez de un vídeo de pocos segundos. Sin embargo, cuando explicas la historia que hay detrás de una composición —por ejemplo, que la obra habla de un desamor que vivía el autor—, el público joven conecta de una manera mucho más profunda y emotiva. Hay que aceptar que la clásica siempre será una disciplina de un público más específico, pero cuando las nuevas generaciones descubren un concierto en directo, la experiencia suele ser muy positiva. 

La música clásica requiere paciencia, escucha, reflexión y tiempo. 

Y para terminar, ¿con qué sensación te gustaría que saliera el público de tu próximo concierto el 10 de agosto?

Me gustaría que salieran emocionados, habiendo conectado con la belleza de la música y sintiendo que estas obras, a pesar de tener siglos de historia, tienen un mensaje directo y vivo para ellos hoy en día. 

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Elia Tabuenca
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