La legislación vigente en materia de mecenazgo es la historia de una cadena de transmisión que, a base de acumular esfuerzos, ha ganado pequeñas batallas. El origen del nombre está vinculado a Gay Cilni Mecenàs, un político y patrocinador de artistas de la época del Emperador Augusto. Desconozco si su generosidad lo hará eterno, pero lo ha hecho llegar hasta nuestros días como la encarnación de un hombre sensible convencido del potencial transformador de la cultura.
Con el paso de los siglos todo ha ido cambiando, pero el convencimiento de muchos de que hay actividades, actitudes y disciplinas que nos hacen mejores como sociedad no solo no ha cambiado, sino que ha ido a más. Vocaciones que merecen ser reconocidas por su potencial civilizador. De este modo, hoy, el mecenazgo ya no es solo dar cobertura a Virgilio y Horacio, hoy que el mecenazgo es investigación, tercer sector, ciencia y también cultura. El mecenazgo es, en definitiva, una expresión de compromiso social vinculada a sociedades abiertas y liberales.
La legislación que aprobó el Congreso de los Diputados en 2023 es solo un paso más en esta larga cadena. No es ni el destino final, ni mucho menos el inicial. Aquella votación fue el resultado del trabajo de mucha gente que trabaja desde los ámbitos que ya se han mencionado para construir una sociedad mejor, pero también el resultado de mucha gente que trabaja para hacer del mecenazgo un instrumento potente. Hombres y mujeres ---¡muchas mujeres!--- que, a base de picar piedra, han conseguido abrir puertas y ganar votaciones.
A pesar de que la reforma de la Ley de Mecenazgo aprobada en el Congreso en 2023 fue la única propuesta legislativa que salió adelante sin provenir de uno de los dos partidos del Gobierno durante aquella legislatura, su tramitación no fue fácil. Necesitó el compromiso de mucha gente, dentro y fuera de la cámara parlamentaria, para poder ver la luz.
Con la tramitación, el texto perdió una parte de la ambición que tiene que tener una ley moderna y con ganas de actualizarse 23 años después de la primera gran Ley de Mecenazgo del Estado ( Ley 49/2002 de Régimen Fiscal de entidades sin ánimo de lucro y de incentivo fiscales al mecenazgo).
El resultado, sin embargo, fue una actualización, a pesar de que modesta, sólida y trabajada con grupos parlamentarios y principales actores. Prueba de esto es que, a pesar de que la ley no pudo ver la aprobación definitiva en el Senado por la convocatoria electoral a pesar de todo el trabajo hecho en el Congreso, una de las primeras propuestas del ministro Urtasun es hacerse suyo el texto e impulsarlo desde el Gobierno. La solidez y el consenso de aquellos meses de trabajo garantizaron, como mínimo, que todo el terreno ganado no fuera en vano.
El mecenazgo es un elemento civilizador y catalizador de una vida mejorHabla de micromecenazgo, mejorar las deducciones del IRPF, ampliar las actividades que pueden recibir mecenazgo... la ley consiguió muchas mejoras, pero estoy convencido de que, entre aquellas que perdurarán, hay la adaptación de la idea de mecenas a la realidad del siglo XXI, donde uno ya no tiene que ser de los más ricos del imperio para poder ayudar.
Hoy podemos celebrar, pues, este trabajo de todos y de tantos. Quedan todavía algunas cuestiones para resolver y que haríamos bien de recordarnos hoy. En primer lugar, la mejora de la ley. A pesar de que la ley significó un adelanto en muchos ámbitos, hace falta una reforma de la ley ambiciosa, sin tener que hacer esperar 20 años más.
Educarnos en el mecenazgo
En segundo lugar, impulsar y defender estrategias para educarnos como sociedad en el mecenazgo. Hacerlo entre los más jóvenes, entre los adultos, en los consejos de administración y en las casas particulares. Entender el mecenazgo como un elemento civilizador y catalizador de una vida mejor, en muchos los sentidos.En último lugar, pero no menos importante, usar la ley. Hacernos conscientes entre todos de que un marco legislativo no es en ningún caso el objetivo final. Esto es solo la herramienta para poder construir sociedades e iniciativas más ricas, más vivas y con más capacidad de transformación.
