La sala de actos del ático de la sede de EY en Barcelona se llenó para escuchar de viva voz la trayectoria de Maria Àngels Vallvé, que a sus 83 años sigue en plena forma. A través de la historia personal de Maria Àngels Vallvé se puede seguir, también, la historia de las finanzas de Barcelona del último medio siglo. Ella fue la primera mujer en ser agente de bolsa en España. Hasta mitad de los años 80 para ser agente de bolsa era necesario superar unas oposiciones porque, ahora quizás queda muy lejos, pero este colectivo tenía rango y naturaleza de funcionariado. Además, hasta el 1969, los requisitos para acceder era ser español y varón; “varón con V”, como ella misma aclaró, provocando la primera de las muchas sonrisas que generó esta nueva sesión del ciclo True Leaders, que organizan conjuntamente EY y The New Barcelona Post.
Eliminado el requisito de género, Maria Àngels Vallvé, decidió presentarse a las oposiciones y en 1971 obtuvo esta plaza, que la convirtió en la primera mujer que accedía a los corros de compraventa de acciones en la Bolsa de Barcelona. “Me recibieron con una sonrisa burlona”, rememoró, pero enseguida su constancia, aprendizaje diario y también “la voz aguda que destacaba por encima del resto” le permitieron hacerse un lugar en un mundo, el financiero, que era esencialmente masculino.
Esta carrera, sin embargo, no se entiende sin -precisamente- el papel de tres hombres fundamentales para su vida: su abuelo, Joaquim Ribera, fundador de la empresa Metales y Platería Ribera, que fue donde tuvo el primer trabajo; su padre, Joan Vallvé, que -cuando tampoco era nada frecuente- le aconsejó que estudiara Económicas y que fuera un año a formarse al Reino Unido y, sobre todo, su marido, Joan Hortalà.
El que fue presidente de la Bolsa de Barcelona entre los años 1993 y 2020 también tiene una trayectoria llena de récords: en 1966, con solo 25 años, se convirtió en el catedrático más joven en obtener la cátedra, en este caso de Economía. Fue en la facultad donde Joan Hortalà y Maria Àngels Vallvé se conocieron y de la pasión por la economía surgió también un amor para toda la vida, cinco hijos y catorce nietos. Vallvé recuerda que si ha podido desarrollar su carrera es porque a su lado tenía “un hombre avanzado a sus tiempos” en la conciliación de la vida laboral, familiar y apuesta por el progreso profesional de la mujer. Uno de estos progresos hay que situarlo a finales de los años 80, cuando el sector financiero vivió la transformación más importante de su historia: aquellas plazas de agente de bolsa de raíz pública se convirtieron en despachos privados por ley. Una ley que, entre otras cosas, supuso la gestación del que es hoy su actual máximo órgano regulador: la Comisión Nacional del Mercado de Valores.
Fue así como, tres de estos agentes de bolsa se pusieron de acuerdo para fundar un despacho en Barcelona: las iniciales de sus apellidos conjugaron una marca imprescindible para entender las finanzas de Barcelona, Cataluña y España: Garçón, Vallvé y Contreras, GVC. La unión entre los tres agentes de bolsa duró solo unos pocos años. En 1991, el Deutsche Bank quiso comprar el despacho, pero lejos de vender sus acciones, Maria Àngels Vallvé no solo rehusó la venta sino que compró las acciones a sus otros socios que, eso sí, pidieron que GVC dejara de ser el equivalente a los tres apellidos y por este motivo GVC responde a General de Valores y Cambios: “pasé a ser la señora Valores”, explicó en otro giro simpático del evento que, a pesar del toque de humor, explica por sí solo la valentía y audacia que comportó la operación.
Comprar en tiempos de crisis
Aquella operación ocurrió en plena primera guerra del Golfo. En 2001 Credit Suisse compró GVC por una suma no revelada de dinero, pero al poco tiempo las dos partes ya vieron que nadie había quedado satisfecha con la operación, de modo que Maria Àngels Vallvé inició el proceso de recompra, favorecido porque en septiembre de aquel 2001 el ataque a las Torres Gemelas acabó derivando en “un cambio de gobernanza” en Credit Suisse.
Los años 2007-2008, otra crisis, en este caso financiera, desembocó con la compra de un gigante de los despachos de inversión, Gaesco, a quien la CNMV obligó a poner a la venta por la delicada situación que atravesaba. “Había muchos posibles compradores, pero el hecho de que GVC tuviera la sede en Barcelona favoreció, y mucho, que Gaesco acabara siendo asumida por nosotros”, rememoraba Vallvé. Es así como nació lo que hoy conocemos como GVC Gaesco, un imperio que con 150 trabajadores tiene una cartera de 30.000 clientes y mueve casi 6.000 millones de euros en activos.
1991, Guerra del Golfo, Vallvé compra GVC a Garçon y Contreras. 2001, Torres Gemelas, recompra GVC a Credit Suïsse. 2008, crisis financiera, GVC compra Gaesco. Y, para acabar de redondearlo, en el período 2010-2013, en pleno rescate bancario, una nueva crisis y la etapa de recortes, GVC Gaesco se hace con la parte bursátil de Bankia, que a su vez provenía de la desaparecida Caja Madrid. Cuando se le pregunta a Maria Àngels Vallvé si hay un patrón entre momento de crisis y ampliación de negocio, ella contesta sin rodeos: “es cuando se tiene que comprar”.
Seguramente por este motivo, miles de clientes confían en esta compañía: “otros quizás les ofrecen más margen y operaciones de más riesgo, nosotros les ofrecemos confianza y honestidad”. Esta palabra, honestidad, es la clave de bóveda de todo: es lo que les reclama a sus trabajadores, a su equipo directivo, pero también a los clientes, a quienes siempre les pregunta cuál es su sleeping point, es decir, cuál es el riesgo que están dispuestos a asumir con sus ahorros con el insomnio como línea roja.
Honestidad y prudencia, la receta familiar
La clarividencia de Vallvé quedó de manifiesto en toda la sesión, pero especialmente en el momento en que hizo un análisis de la situación actual en la que se combina mucha convulsión internacional (como la guerra de Irán o la de Ucrania) con una relativa tranquilidad en los parqués: “esto es porque una cosa va al margen de la otra: lo que provocaría un descalabro sería una crisis de confianza en el mercado de futuros”. No obstante, reclamó una mirada prudente con toda lo que está pasando, entre otras cosas porque todos los índices están altos y “en algún momento tendrán que bajar”. Justamente “prudencia” y previsión de corrección a la baja es el método que receta la hija de Maria Àngels Vallvé, Carme Hortalà que, junto con su hermano Joan, asistía en primera fila a la jornada de True Leaders y también intervino en el acto, entre emoción y sonrisas.
Carme Hortalà es manager en GVC Gaesco y es la hija que ha decidido seguir, de manera orgánica, los pasos de sus padres. No solo se dedica a las finanzas sino que también ha roto techos de cristal al convertirse en la primera mujer que preside el Barcelona Financial Cluster y también la comisión económica del Futbol Club Barcelona. Esta incorporación, hace más de veinte años, a la disciplina de GVC Gaesco ha convertido la compañía en una especie de empresa familiar “si bien no nació con este propósito”, dice Vallvé.
Efectivamente, a diferencia de otras firmas, que se fundan con la visión de que pase de padres a hijos, GVC Gaesco surgió como un despacho profesional autónomo y que, con el tren en marcha, incorporó a una de sus hijas como directiva. Y es así, de mujer a mujer, como una parte muy importante de la historia de las finanzas en Barcelona vivirá nuevos capítulos aún por escribir.
