El Tour ya ha empezado a rodar en Barcelona. La presentación de los equipos ha llenado la avenida Gaudí para conectar el recinto de Sant Pau y la Sagrada Familia con el mundo del deporte y la proyección internacional. Son 23 equipos que suman 184 corredores, pero la mayoría no corren para ganar. Esta es una de las muchas curiosidades del funcionamiento del Tour que pueden sorprender a los neófitos del ciclismo y de la competición a pedales más importante y prestigiosa del mundo.
¿Y por qué corren la mayoría de los ciclistas, si no es para llevarse el trofeo? Una de las grandes peculiaridades del Tour es que se presenta como un deporte individual, pero se gana en equipo. Cada formación tiene su líder, el corredor que optará a la victoria final, y el resto se convierten en sus gregarios. Su trabajo consiste en gastar energía para que el líder las ahorre: lo protegen del viento, marcan el ritmo, van a buscar agua en el coche del equipo, lo esperan si tiene una avería y lo sitúan siempre en las primeras posiciones del piloto.
Pero, ¿qué es el piloto? Es el grupo principal de ciclistas, que circula como un bloque compacto en que se mezclan los equipos y sus miembros. Todo este engranaje se coordina desde el coche del equipo, donde el director deportivo sigue la etapa y da instrucciones a los corredores (a través de auriculares). El piloto también es conocido como la serpiente multicolor por la mezcla de los maillots de los diferentes equipos. Entre ellos, destaca uno: el amarillo. Y no es un color cualquiera, sino que es el maillot que identifica el líder de la clasificación general. Es el mismo amarillo característico del Tour, y no se escogió al azar ni por estética, sino por publicidad: era el amarillo del diario L'Auto, impulsor de la carrera. El maillot amarillo se utiliza desde el 1919, para ponerlo más fácil al público, porque así podía identificar de un vistazo el líder de la clasificación.
Pero el código de colores de los maillots del Tour de Francia se extiende más allá del amarillo. El maillot verde se reserva para el mejor sprinter; el maillot blanco, para el mejor corredor joven, y el maillot blanco con puntos rojos, para el mejor escalador. Cada tarde, después de la etapa, los líderes reciben un maillot nuevo que estrenarán el día siguiente. Aun así, no son pocas las veces que un mismo corredor lidera varias clasificaciones y, en este caso, solo puede vestir uno de los maillots, con el amarillo como prioritario.
Además, el Tour no se decide por victorias, sino por el tiempo acumulado. Durante tres semanas se disputan 21 etapas, cada una con su ganador, pero el gran triunfo viene de la clasificación general. Quien suma menos tiempo al final, es el vencedor del Tour, aunque no haya sido lo primero en muchas llegadas. Por eso es habitual ver a corredores que dejan escapar una victoria de etapa si esto les permite conservar fuerzas para los días más exigentes. De vez en cuando, sin embargo, un grupo de ciclistas decide avanzarse del piloto, en un movimiento que se conoce como escapada. Lo hacen los que buscan una victoria de etapa, para sumar puntos para la montaña o para dar protagonismo a su equipo durante la jornada.
Pero, ¿por qué los corredores optan para mantenerse agrupados dentro del piloto? Primero, porque permite ahorrar mucha energía. Los corredores que van delante rompen la resistencia del aire y los que circulan detrás quedan parcialmente protegidos, de forma que tienen que hacer menos esfuerzo para mantener la misma velocidad. Por eso, avanzarse al piloto y rodar en solitario requiere mucha más energía. También explica por qué las escapadas son tan difíciles de culminar: mientras unos pocos ciclistas se desgastan abriendo camino, detrás decenas de corredores pueden organizar la persecución repartiéndose el esfuerzo hasta acabar neutralizándolos, adoptador diferentes posiciones que implican gastar más o menos energía, y haciendo relevos para compensar.
Además, el piloto acostumbra a funcionar siguiendo unas normas no escritas. Cuando uno de los grandes favoritos sufre una punzada o una avería mecánica en un momento de relativa calma, es habitual que el resto de los aspirantes esperen antes de atacar. No siempre pasa, pero este tipo de pacto tácito forma parte de la tradición del ciclismo. La situación es muy diferente si la incidencia se produce en plena batalla por una etapa de montaña o en los últimos kilómetros, cuando la competición no da tregua.
Detrás de los corredores hay un complejo engranaje. Cada equipo se desplaza con directores deportivos, mecánicos, médicos, fisioterapeutas y coches de asistencia que siguen la carrera muy de cerca. Desde estos vehículos llegan las instrucciones por radio, los cambios de bicicleta cuando hay una avería y los bidones que mantienen a los ciclistas hidratados durante etapas que pueden superar las cinco horas. Así, los equipos están formados no solo por los corredores, sino por esta estructura.
¿Y de donde salen los equipos? Cada año, la organización invita un número limitado de formaciones Participan automáticamente los equipos de la máxima categoría del ciclismo mundial —los llamados UCI WorldTeams—, a los cuales se añaden algunos equipos de la segunda división, seleccionados en función de sus resultados o invitados por la organización. Los equipos no adoptan nombres de ciudades o ni países, sino de las marcas que les patrocinan. Para el Tour que ahora empieza, el gran favorito es el líder del UAE Team Emirates XRG, el esloveno Tadej Pogačar, con el líder del Visma–Lease a Bike, Jonas Vingegaard, como principal rival.
Sean o no los favoritos, los corredores ya están listos para empezar mañana la competición, que no es solo una carrera, sino muchas a la vez: mientras un corredor defiende el maillot amarillo, otro corre por el verde, un tercero para conquistar un puerto de montaña, y un cuarto intenta que una escapada llegue hasta el final. Todas estas carreras ruedan simultáneamente sobre la misma carretera, en una superposición de batallas que hacen del Tour de Francia una de las competiciones más populares y prestigiosas del mundo.
